El equipo de Otín crea una terapia génica que frena el envejecimiento prematuro

El equipo de Otín crea una terapia génica que frena el envejecimiento prematuro
Carlos López-Otín, junto a Sammy Basso, investigador afectado por esta enfermedad que participó en el desarrollo de esta nueva terapia génica. / E. C.

Mediante técnicas de edición genética, los científicos consiguieron prolongar un 25% la vida de ratones afectados por esta enfermedad

J. L. GONZÁLEZ / AGENCIAS

No han conseguido la cura del envejecimiento prematuro, pero sí que han dado un gran paso para acercarse a ella. Un equipo de investigadores liderado por el catedrático de la Universidad de Oviedo de Oviedo Carlos López-Otín ha conseguido frenar esta enfermedad en ratones, prolongando su vida un 25%. Esta dolencia, denomina síndrome de envejecimiento acelerado de Hutchinson-Gilford, aparece en la niñez y se caracteriza por una serie de alteraciones asociadas al envejecimiento que conducen a la muerte prematura del paciente. La causa está en una mutación del gen LMNA, que provoca la acumulación de una proteína tóxica en el núcleo de las células. El equipo de Otín, en el que está Sammy Basso, biólogo italiano que padece esta enfermedad, atacó la mutación a través de una técnica de edición genética de alta precisión: el sistema CRISPR/Cas9, conocido como las «tijeras genéticas». Mediante esta técnica lograron modificar el gen afectado en ratones con esta enfermedad. «El procedimiento dio lugar a un aumento de su esperanza de vida y a una mejoría de los síntomas del envejecimiento acelerado», señala Olaya Santiago, una de las investigadoras que firma el artículo publicado ayer en la revista 'Nature Medicine'.

El descubrimiento tiene varias líneas que lo convierten en especialmente importante. El equipo científico ha conseguido por primera vez un tratamiento con efectos permanentes sobre la enfermedad y además han probado que el sistema CRISPR es válido para tratar enfermedades que afectan a todo el cuerpo. Pero, ¿se puede trasladar ya a humanos? «Desde un punto de vista técnico, nuestro sistema sería fácilmente trasladable a humanos, pero hay que ser precavidos. Hay que comprobar que el sistema no tenga toxicidad en humanos y que no cause mutaciones no deseadas», explica Olaya Santiago, quien cree que esta técnica tendría en las personas los mismos efectos que han visto en ratones. «Nosotros esperaríamos que tuviera unos resultados similares a los que observamos en los ratones, aumentando la esperanza de vida y mejorando algunos síntomas de la enfermedad». El descubrimiento coincide con el de otro español, Juan Carlos Izpisúa-Belmonte, quien desde el Instituto Salk de California ha desarrollado un procedimiento similar con los mismos resultados. Un estudio que también publicó ayer la revista 'Nature Medicine'.

El hallazgo del equipo de Otín llega cuando aún resuenan los ecos de la retirada de nueve artículos firmados por el científico tras detectarse diversas irregularidades como imágenes duplicadas, otras rotadas 180 grados, experimentos aparentemente reutilizados en estudios diferentes y otras «manipulaciones inapropiadas». Unas críticas que provocaron un aluvión de apoyos al investigador de la Universidad de Oviedo, quien a causa de los ataques y la polémica en la que se vio inmerso tomó el pasado año la primera baja de su fructífera carrera y decidió irse a París a seguir trabajando. Los resultados de ese trabajo se pueden leer desde ayer en una de las revistas científicas más importantes del mundo.

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