Mínima agresión, máximo resultado

Momento de una operación practicada con el robot Da Vinci. /
Momento de una operación practicada con el robot Da Vinci.

Las técnicas quirúrgicas son cada vez menos invasivas, para beneficio de muchos pacientes que no hubieran podido ser operados con técnicas convencionales

ALEJANDRA RODRÍGUEZmadrid

En abril de 2007 un equipo médico francés extirpó la vesícula de una mujer a través de su vagina, una zona idónea para acceder a la cavidad abdominal sin apenas agresión quirúrgica y sin dejar cicatriz visible en el cuerpo de la paciente. Por aquel entonces, los urólogos andaban entusiasmados con las posibilidades que ofrecía el robot da Vinci, un ingenio capaz de extirpar la próstata sin provocar un destrozo en los nervios adyacentes, sin causar incontinencia urinaria y sin mermar en su totalidad la función sexual masculina gracias a cinco brazos laparoscópicos manejados por el cirujano sentado en una consola a varios metros de la mesa de operaciones. Muchos fueron los que tildaron estos hitos de la cirugía mínimamente invasiva de medicina espectáculo y no le auguraron un recorrido muy largo debido a las pocas aplicaciones que, en su opinión, tenían estos procedimientos. Se equivocaron.

«Los urólogos llevamos 15 años innovando y mejorando las técnicas laparoscópicas para reducir al máximo el daño quirúrgico. Hemos sido pioneros en buscar accesos cada vez más fáciles a través de la vejiga, el ano, la vagina, el ombligo y por eso quizá hemos sido los que con más convencimiento hemos acogido las mejoras introducidas por la cirugía robótica. Al principio se creía que la cirugía mínimamente invasiva estaría reservada para intervenciones facilonas, pero progresivamente las indicaciones se han ido ampliando, se llevan a cabo operaciones cada vez más complejas y se ha trascendido el campo de la urología», sintetiza el doctor Miguel Sánchez Encinas, jefe del servicio de Urología del Hospital Universitario Rey Juan Carlos (Madrid).

Lóbulo pulmonar

Buena prueba de ello es que en febrero del año pasado tuvo lugar en nuestro país la primera extracción de un lóbulo pulmonar afectado por un tumor maligno usando un da Vinci.

El futuro de la minicirugía

los retos

Ampliar las indicaciones de la cirugía mínimamente invasiva plantea una serie de retos que los especialistas están deseando asumir. Uno de los más importantes es el de hacer que cada vez mayor número de pacientes acceda a este tipo de intervenciones.

Para ello, ha de aumentar el número de especialistas poco invasivos y además ha de abrirse el abanico de indicaciones quirúrgicas, algo fundamental para abaratar unos costes que, como es el caso del da Vinci, siguen siendo bastante elevados.

Por su parte, la cirugía por puerto único no tiene los inconvenientes económicos de este robot, pero es cierto que «todavía no hay muchos centros que la practiquen de manera habitual, lo que hace difícil acceder a ella; eso sí, el instrumental es transportable y es relativamente sencillo formar a los equipos médicos en su propio centro», esgrimen los doctores Cabrera y Cáceres.

Unos y otros esperan que muy pronto estas herramientas cuenten con mejoras que les permitan intervenir al paciente casi por arte de magia.

De hecho, ya se está planteando el uso del robot da Vinci para trasplantes e intervenciones cada más complejas que antes sólo podían hacerse por vía convencional y se están desarrollando sistemas ópticos muy potentes que darán una visión asombrosa del campo quirúrgico, al que se accede por puertos cada vez más pequeños.

Las lesiones cancerosas en los pulmones son muy difíciles de localizar en quirófano, ya que no se ven y en ocasiones tampoco pueden palparse. De esta manera, los cirujanos se ven obligados a practicar grandes resecciones en las que se extirpa mucho tejido sano para asegurarse la eliminación completa del que sí está afectado.

El gran reto de los especialistas en este campo es conservar la mayor cantidad de pulmón posible. Esto se logró mediante una gamma sonda que realizó un marcaje radioactivo del tumor para poderlo visibilizar de manera nítida. La pericia de los cirujanos y la precisión del robot hicieron el resto. «El marcaje con radiotrazador delimita la lesión con una precisión de un centímetro, de modo que se hacen extirpaciones conservadoras y se sacrifica la mínima parte de tejido pulmonar», incide el doctor Javier Moradiellos, jefe asociado del servicio de Cirugía Torácica del Hospital Universitario Quirón Madrid y coordinador de esta intervención.

También en traumatología encontramos ejemplos muy ilustrativos de este salto de la cirugía mínimamente invasiva fuera de la urología. «Llevamos una década aplicando técnicas mínimamente invasivas para colocar prótesis de rodilla o cadera usando incisiones cada vez más pequeñas y accesos quirúrgicos muy reducidos. Pero con lo que estamos verdaderamente satisfechos es con la incorporación del control ecográfico para cirugías artroscópicas de zonas muy pequeñas, como pies y manos. Hasta hace poco nos veíamos obligados a practicar cavidades y espacios desmesurados para poder realizar gestos quirúrgicos que en realidad eran pequeños», explica Ángel Villamor, traumatólogo y director médico de la clínica iQtra Medicina Avanzada de Madrid. «Es más, las calcificaciones de los tendones del hombro que antes teníamos que operar mediante artroscopia ahora podemos resolverlas en consulta con el ecógrafo y una jeringa», añade el especialista.

En el XIII Simposio Internacional sobre Patología de la Columna Vertebral celebrado en noviembre en Madrid también hubo espacio para hablar de cirugía mínimamente invasiva, un procedimiento especialmente beneficioso en la resolución de estenosis del canal lumbar o fracturas vertebrales, patologías muy dolorosas e incapacitantes que en muchas ocasiones afectan a personas de edad avanzada con otras enfermedades asociadas que no serían candidatos a intervenciones quirúrgicas convencionales.

Los abordajes endoscópicos, la implantación percutánea de barras y tornillos de fijación, los nuevos materiales de cementación y las terapias biológicas conforman un cóctel idóneo para estos pacientes, dado que pueden realizarse con anestesia local en procedimiento ambulatorio (si está contraindicada la anestesia general), requieren menor tiempo quirúrgico, la recuperación es rápida y, por regla general, no requieren la extracción de tejido o hueso.

En definitiva, los procedimientos mínimamente invasivos no solo están demostrando que son algo más que una ostentación quirúrgica, sino que además han resultado ser más ventajosos en muchos sentidos. Estas técnicas reducen el sangrado quirúrgico, prácticamente eliminan el riesgo de transfusión y disminuyen considerablemente la posibilidad de infección. Asimismo, acortan considerablemente el tiempo de ingreso hospitalario y favorecen un posoperatorio menos molesto en el que se necesitan pocos medicamentos.

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