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Miércoles con Lucía Feito, psicóloga

25N: la violencia no siempre se ve, pero sí deja huella

«Como psicóloga, acompaño a muchas mujeres que llegan con un mensaje común: 'No supe cuándo empezó, pero un día me di cuenta de que ya no era yo'».

Lucía Feito

Oviedo

Miércoles, 26 de noviembre 2025, 08:09

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Cada 25 de noviembre volvemos a recordar algo que nunca debería olvidarse: la violencia de género no es un problema individual, sino una herida social que atraviesa generaciones. Como psicóloga, acompaño a muchas mujeres que llegan con un mensaje común: «No supe cuándo empezó, pero un día me di cuenta de que ya no era yo».

La violencia de género rara vez comienza con un golpe. Empieza mucho antes: en la desvalorización constante, en el miedo a expresar una opinión, en la necesidad de justificarse por todo. A veces, el malestar llega disfrazado de celos interpretados como amor o de control justificado como preocupación.

La huella emocional: heridas que no solo duelen, sino que también silencian

El impacto emocional de la violencia puede ser profundo y duradero: dudas sobre el propio criterio, culpa, aislamiento, miedo a la reacción del otro...
Todo esto forma parte del ciclo de la violencia, una dinámica que atrapa y que, desde fuera, puede parecer incomprensible.

La violencia emocional, psicológica o económica no deja moratones, pero sí fracturas invisibles que afectan a la autoestima, a la identidad y a la forma de entender las relaciones.

La violencia de género en los más jóvenes: una realidad que crece en silencio

En los últimos años, especialmente desde mi trabajo en la Psicoasesoría y en contextos educativos, he observado cómo la violencia en parejas jóvenes está aumentando, aunque adopta formas más sutiles.

Las nuevas generaciones conviven con redes sociales que facilitan el control:

  • revisar el móvil,

  • exigir contraseñas,

  • comprobar la ubicación,

  • pedir fotos constantes para «saber dónde estás»,

  • enfados si se deja de contestar unos minutos.

Muchos adolescentes creen que los celos son una demostración de amor, y normalizan conductas que son claramente violentas.
A veces llegan a consulta diciendo: «a veces me trata mal, pero cuando está bien, es increíble», o «no quiero que se enfade, así que hago lo que me pide».

Es fundamental que como adultos entendamos que la prevención empieza aquí, ayudándoles a identificar señales de alarma y enseñándoles que una relación sana nunca duele ni condiciona su libertad.

Educar en vínculos seguros desde la infancia y adolescencia es uno de los caminos más poderosos para erradicar la violencia de género en el futuro.

Por qué cuesta tanto pedir ayuda

Salir de una relación violenta no es solo una decisión: es un proceso lleno de miedos y ambivalencias.
La dependencia emocional, las amenazas, la vergüenza o la sensación de «yo puedo con esto» suelen bloquear la petición de ayuda.

Como sociedad necesitamos dejar de preguntar «por qué no se va» y empezar a preguntarnos «qué necesita para poder irse con seguridad».

Lo que sí podemos hacer como comunidad:

  • Nombrar lo que pasa: ponerle palabras rompe el silencio.

  • Creer a las mujeres: contarlo ya implica una valentía enorme.

  • No minimizar: no hace falta un moratón para que exista violencia.

  • Ofrecer apoyo real: preguntar, acompañar, escuchar.

Un mensaje para este 25N

La violencia de género no es un drama privado: es un problema social que nos interpela a todos.
Reconocerla, acompañar, educar y prevenir son actos profundamente transformadores.
Y si tú, o alguien cercano, necesita ayuda, que sepa que no está sola.

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