El porno 'online' es la nueva 'educación' sexual

El porno ‘online’ es la nueva ‘educación’ sexual

El consumo de vídeos violentos con las mujeres puede influir en la conducta de los adolescentes

INÉS GALLASTEGUI

Cuando aún beben leche con chocolate, van al pediatra y no tienen ni DNI, la mayor parte de los niños españoles ya consumen pornografía. Y no tiene nada que ver con aquellas revistas de mujeres desnudas o las casi inocentes películas en VHS que los chavales se pasaban de mano en mano en los ochenta y los noventa. El 'nuevo porno' es un caudal casi infinito de escenas de cualquier práctica erótica que uno pueda imaginar: sexo con protagonistas de todos los tamaños y colores, hetero, gay, lésbico, trans, vaginal, oral, anal, onanista, con juguetes, en grupo, artístico, escatológico y, cada vez más, violento y humillante con las mujeres. Y todo eso, gratis y accesible 24 horas al día, 365 días al año, a través del móvil. Los expertos asisten con preocupación a la influencia de esta agresiva industria en los adolescentes, especialmente los varones, a una edad en la que no tienen muy claros los límites entre realidad y ficción y, a falta de experiencia propia y de una adecuada formación en casa o en el colegio, se toman lo que ven en el cine X como un manual de instrucciones de la sexualidad. Mientras tanto, aumenta de forma alarmante el número de chicos muy jóvenes implicados en agresiones sexuales, en particular en violaciones en 'manada'. ¿Tiene la culpa el porno? «La violencia sexual no se puede reducir a una única causa. Pero parece evidente que el uso del porno es una variable que interviene», explica Javier Gómez Zapiain, profesor de Psicología en la Universidad del País Vasco.

Al desnudo

Porno 'online'
La pornografía hegemónica actual se distribuye por internet y es gratuita –se financia con publicidad, a veces de prostitución– o de pago mediante suscripciones premium, acceso a webcams o vídeos por encargo. Muestra una gran variedad de prácticas sexuales, incluidas conductas de riesgo (sexo sin preservativo con varias parejas) y contenidos violentos, especialmente contra las mujeres.
Lo más visto en España
Según las estadísticas de la plataforma Pornhub (81 millones de visitas al día, 6 millones de vídeos), España es el 12º país del mundo que más porno consume, el 76% de los usuarios son hombres, el 13% tienen de 18 a 24 años (los menores pueden acceder mintiendo sobre su edad)y la permanencia media en la página es de 9 minutos y 10 segundos. Las categorías más vistas son 'maduras', 'anal', 'lesbianas', 'milf' (maduras deseables) y 'tetas grandes'.
Sexo, confianza y respeto
Erika Lust, productora de cine X feminista, cree que los padres deberían ayudar a sus hijos a interpretar el porno y a elegir el que sea menos negativo. «El sexo no tiene que ser con alguien que ames, pero siempre es mejor con alguien en quien confíes y que te trate con respeto», es uno de sus mensajes en la página 'The Porn Conversation'.

En 2016, uno de cada diez condenados en España por delitos sexuales era menor de edad. Sin embargo, su participación en violaciones múltiples es mucho mayor: de los 334 autores de las 96 agresiones sexuales en grupo recogidas por la página Geoviolencia Sexual desde ese año, 77 eran menores; es decir, uno de cada cinco. La última de ellas –aún bajo investigación– ocurrió el sábado en el carnaval de la localidad sevillana de Gines, donde cuatro hombres disfrazados abusaron de una chica de 17 años. Es un hecho que las violaciones van en aumento en España. En 2018 hubo cinco al día, un 23% más que el año anterior.

Salvo sus padres, todo el mundo sabe que los adolescentes ven porno. Distintos estudios ratifican que la edad media de inicio ha bajado a los 11 años y que el 40% de los jóvenes de 10 a 17 años lo consumen regularmente. «Los adolescentes no son tontos. Saben que la pornografía es ficción, pero no tienen muy claro dónde está el límite. Es como cuando estás en un restaurante y no sabes qué cubierto utilizar: miras a tu alrededor, a ver qué hacen los demás», apunta la sexóloga y bloguera Ana Lombardía (Sexo en la Piel), que organiza charlas y talleres educativos. El problema es que alrededor de los jóvenes hay otros jóvenes igual de desorientados que ellos y miles de vídeos Xque, aunque van destinados a adultos y no pretenden educar, sino excitar, acaban convertidos en una especie de guía para los espectadores más inexpertos.

Mirando estos contenidos, señala Lombardía, los chavales se familiarizan con técnicas eróticas –aunque no las más fáciles ni placenteras, ya que la prioridad de los actores es que la cámara capte buenos primeros planos de sus genitales–, «pero también aprenden valores». Y no precisamente buenos. En el sexo de ficción están ausentes las caricias, el afecto y la seducción;la relación entre los protagonistas es impersonal y, a menudo, las mujeres son «cosificadas» y reducidas a objetos pasivos, simples receptáculos para satisfacer los deseos masculinos. «Los chavales aprenden que el sexo es un acto en el que el hombre domina y la mujer se somete –precisa el sexólogo Marc Ruiz–. El hombre penetra por aquí y por allá y, cuando termina, se acabó. Lo que quiere ella no interesa».

La 'regla 34' de internet dice que, si algo existe, hay porno sobre ello; y, si todavía no lo hay, alguien lo está grabando ahora mismo . Así que, naturalmente, entre las decenas de categorías que ofrecen las plataformas de porno 'online' también existe el llamado 'non-con' o sexo no consentido.

La investigadora Mónica Alario, que realiza su tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Madrid sobre la cultura de la violación en la pornografía, ha encontrado muchos paralelismos entre la agresión de 'la Manada' de los Sanfermines de 2016 y vídeos colgados en las plataformas más populares, con millones de reproducciones, como Pornhub o XVideos. Y lo que transmiten, concluye, es que «producir dolor físico a las mujeres durante las relaciones sexuales o violar a una mujer dormida, borracha, drogada o inconsciente es sexualmente excitante». Hay azotes en la cara y los genitales, escupitajos y eyaculaciones en la boca, los ojos, la nariz o la garganta –a veces hasta provocar el vómito–, tirones de pelo, estrangulamientos o penetraciones brutales. Para la investigadora de la UAM, son urgentes medidas educativas para prevenir la violación, pero no solo: «Una buena educación sexual debe hablar de reciprocidad, de placer, de cuidado, de autoestima, de deseo, de comunicación, de consentimiento».

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