Sor Rosario, la gijonesa de 111 años entregada a ayudar
Nacida en Gijón y afincada en Cantabria desde hace 20 años, la monja más longeva de España acaba de celebrar su cumpleaños
Ángela Madrazo
Viernes, 7 de marzo 2025, 06:52
Sor Rosario no pierde la sonrisa. Es su forma de dar la bienvenida. Lleva unos minutos esperando en la recepción de la residencia del Sagrado ... Corazón de las Esclavas, en Santander. Es la persona más longeva de Cantabria –también la monja con más años de España– y está «entusiasmada» por poder contar la historia de su vida, de su larga vida. Hace unos días ha cumplido 111 años y no ha parado de celebrarlo. Hasta la alcaldesa de Santander, Gema Igual, acudió a felicitarla.
Está sentada en su silla de ruedas, que no abandona desde hace dos años, y desde ahí cuenta que su vida ha sido sencilla y entregada. «Nunca he ido a una misión excepcional, como otras hermanas que han estado en África, pero siempre me he dedicado a ayudar a la gente», cuenta. Para Sor Rosario, «en todas partes hace falta gente que te acoja y que te escuche».
Ella llegó a Santander procedente de Asturias hace veinte años y se instaló en la Casa de Cuidados de la congregación de las Esclavas. Con noventa años siguió colaborando en el día a día. «Ayudar en la zona del comedor y cocina, mantener limpia la residencia y rezar por las compañeras», recuerda ella misma.
Desconoce el secreto para seguir soplando velas, pero sí lanza un consejo de vida a todos: «Querer y confiar»
Nació en Gijón en el año 1914 y hasta los 26 años no encontró su «camino». Fue una «vocación tardía para la época». Tenía su explicación. No quería dejar sola a una de sus hermanas, la más pequeña, «que aún era joven para irse de casa». Ella fue la tercera de cuatro hermanos –otra religiosa como Rosario, un jesuita y otra hermana soltera–. Vivió entre Oviedo y Bilbao e hizo el postulado y noviciado en Loyola, Azpeitia. Después, el destino fue Oviedo, donde se formó para dedicarse a la enseñanza. Durante aquellos años, recuerda, «la formación no era tan específica como ahora, ayudábamos en lo que podíamos y aprendíamos de las más veteranas». La trasladaron por la Guerra Civil y en su vuelta a Oviedo, trabajó dando clases a niños.
Tanto la longevidad como la vocación religiosa «vienen de familia», reconoce la protagonista, que además de contar con varios familiares directos curas y monjas, siempre recuerda a su tío, «un sacerdote que todo el mundo conocía en Valladolid. Se paseaba por las calles con un manteo –una túnica– negra muy grande. ¡Llegó a cumplir 107 años!».
Sor Rosario siempre ha estado dispuesta a ayudar: «Cuidé de mi hermana en Gijón», ya a una avanzada edad. «No sabemos quién cuidaba de quién», bromean sus compañeras. Fue una de las últimas veces que salió de Santander. A pesar de no viajar últimamente, a sus 111 años tiene familiares que la visitan con asiduidad, sobrinas que cada vez que pueden «me traen bollos preñaos».
Sor Rosario es una persona atenta a cada detalle y antes de posar para la fotografía que ilustra esta página, no olvida peinarse. Es una persona de «rutinas», le gusta desayunar manzana, «como buena asturiana», participar en las actividades de la residencia y, por supuesto, asistir a la eucaristía.
La emoción de Sor Rosario ante la charla es evidente: «¡Esto lo va a ver todo el mundo!», apunta. Y es que su cumpleaños se ha convertido en un acontecimiento para toda la comunidad religiosa. No en vano se trata de la monja más longeva de España. Desconoce cuál puede ser su secreto, pero como despedida, Sor Rosario nos regala un consejo para la vida: «Querer y confiar».
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