No se creyeron que estaba de parto y terminó dando a luz en la puerta del hospital

Vega sostiena a su bebé, Samuel, junto a su marido y su hijo, junto a la furgoneta en la que nació./
Vega sostiena a su bebé, Samuel, junto a su marido y su hijo, junto a la furgoneta en la que nació.

Una mujer da a luz en el asiento del copiloto de su furgoneta a las puertas de una clínica de Tolosa donde no se creyeron que estaba de parto

GAIZKA LASASan Sebastián

Para cuando su padre, Gorka, arrancó la furgoneta, Samuel ya había cogido la autopista y se apresuraba a encontrar la libertad una vez despojado de la incómoda bolsa amniótica. Sus dos hermanos le habían preparado una vía de alta velocidad. El cabeza de familia aceleró en la salida de Ibarra hacia San Sebastián, pero el bebé ya había tomado la primera decisión de su vida. Era imparable. Antes de llegar a Tolosa, su madre, Vega, lanzó la advertencia. «Toco la cabeza». El presagio de lo irremediable. Ante semejante panorama, papá acortó la ruta con intención de atajar el calvario de su mujer y no dilatar más el sacrificio. ¡No quedaba nada por dilatar! Se dirigió a la clínica Asunción de Tolosa. Ocurrió la madrugada del lunes.

Una vez en la puerta del centro sanitario, informó al personal de Urgencias de su acuciante necesidad. «No se creyeron que estábamos de parto literalmente y nos mandaron al Hospital Donostia», relata con indignación Gorka. «Al menos podían haber salido a comprobarlo». No quiso enzarzarse en discusiones. «¿Para qué si voy a perder más tiempo?, pensé. Pero cuando volví al vehículo un Ford Turneo y empecé a hacer la maniobra el niño ya estaba saliendo».

Vega parió en el asiento delantero, con los letreros de una clínica al alcance de la vista, un chicarrón de 54 centímetros y 3,900 kilos. «Fueron tres empujones. No podía parar» relata tras el triunfo. El padre buscó auxilio y esta vez sí, acudieron al rescate un enfermero y un auxiliar de la Asunción. «Quisieron llevarse al niño para lavarlo, pero les dijimos que ni pensar, que tenía que quedarse junto al pecho de la madre y que se limitaran a traer mantas y llamar a una ambulancia», dice Gorka, visiblemente dolido.

Los sanitarios cortaron el cordón umbilical en la furgoneta y atendieron después a los dos protagonistas de la proeza por separado. Tomaron una vía y sacaron la placenta a la madre, sanearon al hijo y les desearon un feliz ingreso en el Hospital Donostia, a donde fueron trasladados en ambulancia.

«Claro que les atendimos. Lo que no podemos es atender partos porque ni tenemos el material ni el permiso administrativo necesario. Ya nos gustaría explica el presidente de la Clínica de la Asunción, Jesús Gómez Montoya. Lo importante era derivarles en las mejores condiciones posibles a Donostia y es lo que hicimos. No estamos preparados para tratar, por ejemplo, una hemorragia en el posparto». El caso abre el debate sobre cuál debería ser el mapa geográfico ideal de centros con posibilidad de ayudar al personal a traer niños al mundo. Los hospitales comarcales de Zumarraga, Mendaro y Arrasate albergan ese servicio. No así los de Irún y Tolosa.

Claro que Samuel no entiende aún de trámites burocráticos y resolvió asomar al mundo a las 4.10 de la madrugada, hora que sorprendió a su madre en el asiento del copiloto de una furgoneta. Tenía prisa. La misma que tuvo para abandonar la habitación del materno-infantil. 24 horas duró en ella. Ayer al mediodía ya estaba en casa. Sólo detuvo su descanso para posar junto a su nido: la furgoneta de su vida.