El Comercio

El Niño Sáez tenía deudas de droga con narcos colombianos

El Niño Sáez.
El Niño Sáez. / E. C.
  • Crecido en el barrio de Villaverde, se estrenó con diez u once años con pequeños hurtos

Cuarenta y ocho horas después del asesinato a tiros de Francisco Javier Martín Sáez, el alunicero y butronero apodado "Niño Sáez", la Policía visiona las cámaras de la zona mientras sus sospechas se centran en que un robo de droga a otros narcos pudo ser el móvil del crimen.

Fuentes policiales han indicado que los investigadores del Grupo VI de Homicidios de la Brigada de Policía Judicial tratan de recomponer con el estudio de los casquillos y el análisis de las imágenes grabadas por diferentes cámaras de seguridad de la zona quién o quiénes dispararon en torno a las 11:30 horas del domingo en la calle de Laín Calvo en el barrio del Alto de Extremadura.

Lo que tienen claro las fuentes consultadas en que al Niño Sáez, de 36 años, "le tenía ganas mucha gente", por lo que todas las hipótesis se dirigen a un ajuste de cuentas, en concreto, por un robo de drogas a otros narcos, "negocio" en el que hacía un tiempo había entrado la víctima.

Y es que el Niño Sáez, revelan las fuentes, "le daba a todo" tipo de delitos, desde su primera especialidad en su carrera delictiva como butronero y alunicero y también como experto en reventar cajas fuertes con lanza térmica hasta convertirse en los últimos años en un profesional de los "vuelcos", es decir, robare la droga de otros delincuentes.

Este último delito podría ser el motivo de su muerte por encargo y ejecutado por algún sicario -algunas fuentes apuntan a un asesino colombiano-, según sospechan los investigadores que siguen las pesquisas sobre el entorno del fallecido y sobre los golpes cometidos a otros narcotraficantes.

El Niño Sáez, el 'alunicero' que invertía en Bolsa y en viviendas de lujo en Marruecos, tiroteado en Madrid

En la ficha de Francisco Javier Martínez Sáez (Madrid, 1980), conocido en el mundo del hampa como ‘El Niño Sáez’, pone que se crió en Valverde. Un dato irrelevante si no fuera porque allí, en el Madrid de descampados con chasis calcinados, de gente pobre y trabajadora entre la que brillan los coches rutilantes de los quinquis, está la mayor cantera de ‘aluniceros’ de España. Javi ya no era, a sus 36 años, ‘El Niño’ sino, directamente, ‘El Sáez’. Ya hacía tiempo que había dejado de ser un ladronzuelo para convertirse en uno de los más conocidos delincuentes del país por ampliar sus actividades al narcotráfico y el blanqueo de capitales. Hasta el domingo por la mañana, a las once y media, cuando alguien le descerrajó tres tiros al salir de su coche en el distrito de La Latina, en Madrid, muy cerca de la casa de su madre.

En Valverde los niños malos aprenden a conducir a los diez años. Les enseñan sus hermanos mayores, sus primos, los vecinos del barrio que ya llevan tiempo en el ‘negocio’ del ‘alunizaje’, el robo de negocios como joyerías empotrando el coche en el escaparate y cogiendo todo lo que les da tiempo. Son jóvenes, veinteañeros y treintañeros, que parecen salir de un mismo molde: ropa deportiva de marca, nucas rapadas, estrambóticos tatuajes, bíceps como neumáticos...

‘El Niño Sáez’ se estrenó con diez u once años con pequeños hurtos. La única lección que aprendió es que la ley ofrece escondrijos para seguir en la calle aunque te echen el guante. Primero por ser menor y después, ya lanzando el morro del ‘buga’ contra la luna, por cometer robos en los que nunca amenazaba ni ponía en peligro a nadie. Una práctica poco penada por la ley. Por eso, pese a que la policía le detuvo cuarenta veces, apenas pasó unos meses entre rejas.

Se hizo un nombre como ‘alunicero’ y como ‘butronero’ y gastaba fama de ladrón habilidosísimo con la ganzúa y la lanza térmica para abrir o reventar una caja fuerte. Con 20 años ya era un mafioso que dirigía su banda criminal, chicos con poco que perder que sabían que esos trabajitos les llevarían a los rincones más selectos de las discotecas, zonas Vip donde su dinero haría que les trataran como señores, bebiendo y esnifando lo que les diera la gana entre mujeres recauchutadas.

Año tras año, ‘El Sáez’ fue ampliando sus delitos y su radio de acción. Murcia, Zamora, Málaga... En la Costa del Sol, en 2011, dio uno de sus golpes más audaces al saquear el depósito de Sanidad Exterior del Puerto de Málaga. Se llevaron 120 kilos de cocaína, 80 de hachís, uno de heroína y un lote de pastillas.

Una de las pocas veces que ingresó en prisión fue en 2005, cuando el Grupo XXI de la Policía Judicial desarticuló su banda con la ‘operación Bravo’, que permitió su arresto y el de 16 de sus compinches. Ahí se averiguó que no quemaba en fiestas salvajes todo lo que robaba. La Policía recuperó 1,5 millones de euros en acciones de Bolsa y cuatro más repartidos entre siete cajas de seguridad de tres sucursales bancarias. Se sospecha que ‘El Sáez’ también tenía 50 millones de euros, un edificio de cuatro plantas en Madrid y viviendas de lujo en Marruecos, entre otras propiedades.

En 2006 ya estaba en la calle. Su vida apenas cambió. Las semanas pasaban volando entre las largas noches de farra, las horas de mancuernas en el gimnasio y urdiendo el próximo atraco. Era meticuloso y muy profesional. En sus primeros golpes seguían durante semanas a los camioneros que transportaban la mercancía deseada para averiguar sus rutas, sus horarios y la presencia policial que podría surgir. El día elegido, robaban coches de gran cilindrada en los confiados barrios pijos de Madrid, le cerraban el paso al camión y se hacían con el botín. Luego quemaban los coches y abandonaban a su rehén en cualquier lugar de la región.

A veces surgían fricciones entre bandas, peleas de gallos de la droga que generaban odio y cuentas pendientes. La policía sospecha que alguien le traicionó y permitió que un sicario diera con él para acabar abruptamente con su vida.

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