Los cazadores de Mieres alertan del «gran peligro» de hasta 63 pozos

Los cazadores de Mieres alertan del «gran peligro» de hasta 63 pozos
Uno de los pozos localizados a ras de suelo en el valle del Nalón, con más de un metro de diámetro. / E. C.

Se trata de chimeneas mineras abandonas situadas a ras de suelo, de más de un metro de diámetro y apenas visibles por la maleza

Ó. PANDIELLO / D. BUSTO GIJÓN.

Con toda la sociedad española pendiente del pequeño Julen, un grupo de cazadores de la cuenca del Caudal ha decidido dar la voz de alarma por una situación que consideran insostenible. El peligro de que ocurra «una desgracia similar» en Asturias, según apuntan, es elevada debido a la gran cantidad de pozos que hay en la región sin ningún tipo de señalización. «Y a diferencia de donde cayó el pobre niño, aquí hablamos de pozos de hasta un metro de diámetro y muchos metros de profundidad», explica José Antonio Martínez, presidente de la Asociación de Cazadores de Mieres.

La situación no es nueva para ellos. La entidad, que conoce de primera mano la zona rural y boscosa de las cuencas, lleva más de quince años documentando los pozos abandonados a su suerte en la zona. Una tarea a la que se sumó la propia Hunosa hace unos años y que derivó un informe que geolocaliza las aberturas en la tierra, aportando documentación fotográfica y una descripción de la zona afectada. La presencia de la hullera se debe a la naturaleza de los pozos: se trata de antiguas chimeneas mineras que, con el paso del tiempo y el abandono de las explotaciones, terminaron por caer en el olvido. La función de estos orificios verticales era diversa: desde ventilación y transporte de material hasta evacuaciones de emergencia.

Así, después de varios años de trabajo y localización de las zonas de mayor peligro, los cazadores y los trabajadores de la empresa pública llegaron a situar 63 chimeneas distintas. «Aunque estamos seguros de que hay más y son un gran peligro. Ya hemos tenido muchas situaciones peligrosas y se tiene que hacer algo para ponerle freno», sostiene Martínez.

La mayoría de los orificios han sido localizados en el valle del Turón y Nicolasa

«Más de un rescate»

El peligro al que apuntan afecta a varios colectivos: a los propios cazadores, acostumbrados a pasar largas jornadas en zonas boscosas, a senderistas o a agricultores o vecinos de las poblaciones cercanas. La mayoría de los orificios, además, se encuentran a la altura del suelo y debido a la falta de mantenimiento de las zonas la maleza hace «casi imposible» su localización hasta que no se está muy cerca de la zona. «Yo ya tuve algunos sustos, hemos tenido que realizar más de un rescate y nos contaron casos de yeguas atrapadas en los pozos», sostiene.

El grueso de los pozos localizados se delimitan entre el valle del Turón y Nicolasa. Debido a que todavía quedan más chimeneas por localizar, Martínez pide que la administración competente se ponga «manos a la obra» para garantizar la seguridad en la zona. «Parece que hasta que no ocurra una desgracia como la de Julen no se va a actuar y no puede ser así», dice.