Los investigadores creen que la madre de los niños asesinados en Godella sufrió un brote psicótico

Una dotación policial, ayer, en la entrada del garaje de los juzgados de Paterna (Valencia). / Manuel Bruque / Efe

La madre declara que enterró a sus hijos tras hallarlos muertos

JAVIER MARTÍNEZVALENCIA

La madre de los dos niños asesinados a golpes en Godella, María G. M., de 28 años, confesó ante la Guardia Civil que había enterrado los cadáveres, pero manifestó que ella no propinó los golpes a sus hijos, un bebé de cuatro meses y su hermano de tres años y medio, junto a la piscina de la parcela donde vivía la familia. Según la primera versión de la mujer detenida por el doble infanticidio, los menores ya estaban muertos cuando los encontró detrás de la caseta en ruinas con fracturas craneales.

La joven realizó estas declaraciones a última hora de la tarde del jueves cuando colaboró con los agentes del Grupo de Homicidios y les indicó el lugar exacto donde estaban las dos fosas. Horas después, María recibió atención médica en Hospital La Fe (Valencia) y luego fue trasladada a la Unidad de Psiquiatría del Hospital de Llíria, donde fue reconocida por un forense para determinar su estado mental.

Mientras la madre de los niños seguía hospitalizada, el magistrado titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Paterna, que se encontraba de guardia el día que la Guardia Civil halló los cadáveres, decretaba el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza del padre. Eran las siete de la tarde del sábado. Según informaron fuentes del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, el juez atribuye dos delitos de asesinato a Gabriel Salvador C. A., que se acogió a su derecho a no declarar tras seguir el consejo de su abogada de oficio. El juez tiene previsto interrogar hoy en el Hospital de Llíria a la madre, que sigue detenida como presunta autora de los dos asesinatos, mientras la Guardia Civil continúa las investigaciones para determinar el grado de participación de ella y su marido en los infanticidios.

Antes de firmar el auto de prisión, el magistrado tomó declaración a dos jóvenes que colaboraron con la Guardia Civil en las primeras investigaciones y en el operativo de búsqueda de los menores. Cristina y Julia, dos amigas de la madre, confirmaron al juez que nunca habían presenciado malos tratos de Gabriel hacia María, pero precisaron que alguna vez habían visto cómo el padre pegaba al niño. Respecto a las condiciones en las que vivían los niños en la casa en ruinas en Godella, Cristina señaló que Gabriel la había arreglado y pintado recientemente para que la pareja y sus hijos pudiera tener un domicilio digno. «Instaló placas solares para la electricidad y también tenían agua y una chimenea», afirmó.

Según la joven, la pareja no vivía en condiciones infrahumanas en la parcela de Godella. «La parte trasera estaba en ruinas, pero la casa tenía sus habitaciones muy aseadas y los niños siempre estuvieron bien atendidos. María era buena madre y cariñosa con sus hijos. Todo esto nos ha superado», señaló Cristina con el rostro cariacontecido. «Para nosotras ha sido muy duro», añadió a la salida del juzgado.

Mensaje preocupante

La joven recibió el pasado sábado un mensaje de WhatsApp muy preocupante de su amiga en el que le decía que quería quedar pronto con ella tras insinuar que podría ser la última vez que se vieran. «Nos han pasado muchas cosas y ahora si nos vamos para no volver me gustaría que vieras a Amiel por si fuera la última vez», escribió María cinco días antes de la muerte violenta de los niños. La testigo en ese momento no dio importancia a esas palabras, pero después del doble infanticidio considera que el mensaje era un trágico presagio. Otras amigas recibieron mensajes similares en los que la joven ahora detenida anunciaba que podría ocurrir algo que cambiaría su vida, y envió otro a su madre en el que afirmaba textualmente: «Me voy con el Creador».

Tras decretar el secreto de sumario el juez que instruye el caso, las abogadas defensoras del padre y la madre de los niños eludieron pronunciarse sobre la situación procesal de sus clientes cuando fueron abordadas por un grupo de periodistas en la puerta del juzgado. Aunque Gabriel fue trasladado sobre las nueve y media de la mañana a un calabozo judicial de Paterna, el joven no compareció ante el magistrado hasta cerca de las seis de la tarde. Las letradas de los dos detenidos entraron y salieron varias veces de las instalaciones mientras el juez realizaba otras diligencia de investigación.