Psicópatas, sin cárcel ni terapia que los recupere

F. APEZTEGUIA

Cada vez que se producen determinados delitos, entre ellos una agresión sexual, la primera reacción para la mayoría de las personas es decir «¡Qué loco!». A los profesionales sanitarios les sienta fatal y a los pacientes con enfermedades mentales y sus familiares, más aún. Porque los líderes de todas estas 'manadas' no son enfermos mentales, sino delincuentes, psicópatas que son conscientes de que hacen daño y disfrutan haciéndolo. «El enfermo mental sufre cuando es consciente del daño provocado; el psicópata es un desalmado, gente sin más argumento moral que su propia ley», detalla el psiquiatra Miguel Gutiérrez.

Por norma general, no hay terapia ni cárcel que recupere a un psicópata, especialmente cuando se trata de un delincuente sexual. Al menos un tercio de los depredadores del sexo tienen una personalidad psicopática. «Es imposible cambiarles la conducta. Como no tienen conciencia de su problema, no ven necesidad de rehabilitación», explica el especialista. Son casos perdidos. Los delincuentes sexuales suelen participar en prisión en programas de rehabilitación de la conducta que buscan evitar que vuelvan a cometer hechos como los que les llevaron entre rejas. Según detalla el psiquiatra Rafael Torrubia, experto en Medicina Legal de la Universidad Autónoma de Barcelona, el problema de este tipo de iniciativas es que son voluntarias. Los resultados dependen de la actitud que los reclusos adopten ante el programa. Y la experiencia demuestra que la mayoría, al salir, reincide. «Estamos ante un verdadero problema social», advierte Torrubia.

El psicópata, según diversos estudios realizados en Estados Unidos, es alguien que razona perfectamente. Conoce las leyes, a las personas y sabe lo que no quiere para él. Aprende de sus errores para seguir haciendo daño. No siente nada respecto a los demás, porque no ve a las personas como iguales, sino como cosas. «Para ellos solo importan ellos mismos».