«Estuve un año jodido y la gente me decía que eso se quitaba con cubalibres»

Vicente Díaz, en 'La Xirán', la finca en la que vive, donde hace sidra, tiene una reproducción de la Santina en una cueva y domina el valle de Naveces (Castrillón). / MARIETA
Vicente Díaz, en 'La Xirán', la finca en la que vive, donde hace sidra, tiene una reproducción de la Santina en una cueva y domina el valle de Naveces (Castrillón). / MARIETA

Vicente Díaz vuelve a la carretera tras superar una grave depresión: «Llegué a pensar de todo»

AZAHARA VILLACORTA

Vicente Díaz (Soto del Barco, 1948), dueño y señor de las romerías, vuelve a la carretera. Y lo hace a lo grande, «como un cañón», tras superar una depresión que se cernió sobre él como una sombra negra hace cinco años, sumiéndolo en la tristeza durante 365 días con sus 365 noches. Cumplidos unos setenta que no aparenta, el mariscal de campo de la canción ligera asturiana, «acérrimo del Sporting», tiene firmada una agenda que lo llevará a varios lugares de Asturias y Cantabria, además de a Argentina, el mes próximo. Y, para terminar de redondear su retorno triunfal, acaba de recibir la llamada de 'La Voz Senior' y se lo está pensando.

-Empecemos por el principio. Sé que nació en Los Veneros.

-Sí. Mi padre era de Los Veneros y mi madre, de Riberas, en Pravia. Cortejaron por los praos y tengo un hermanu más pequeñu. Nacimos en casa. Sobre la marcha (Ríe).

-¿Cómo recuerda su infancia?

-Eran unos tiempos difíciles en un pueblu en el que no había nada. No pasábamos fame, pero casi (Ríe). Recuerdo que una tía de Oviedo me regaló una guitarra y no sabía qué facer con ella. Porque, cuando tenía diez años, ya cantaba por Manolo Escobar como está 'mandao'.

-¿Había tradición en casa?

-Cantaba mi padre. Sobre todo, cuando chumaba un poco (Risas).

-¿A qué se dedicaba?

-Trabajaba el hombre en lo que podía. Sobre todo, a la madera. Y mi madre, Celsa, en casa. Murió el año pasáu con 94 y era mi mayor fan. Tenía a los vecinos aburridos. Ponía una cinta mía detrás de otra con las ventanas abiertas y el patio luces enteru enterábase de todo... Probe.

-A los catorce dejó usted de estudiar...

-No quise. No me gustaba. Y, si hubiese querido, tampoco hubiese podido porque en casa no podían pagarme los estudios. Así que marché a aprender el oficio de chapista. El taller estaba en Peñaullán. Tenía que bajar en bicicleta dieciséis kilómetros, lloviera o nevara. Mánda-y a un chaval ahora a ver qué te diz. Trabajábamos ocho horas en el taller, de pinches. Y, después, otras dos horas, a barrer. Hasta que, a los dieciséis, fuimos pa Avilés. Mi padre tiró un monte, sacó 50.000 pesetes y dioles de entrada pa un pisu.

-¿Qué tal el cambio?

-Bien. Era chapista y no de los malos. Y, a los 23, entré en Ensidesa.

-Confiese: ¿con enchufe?

-(Ríe) Un poco de enchufucu túvelu. Como todos. En esa época, cantaba tonada. Participaba en concursos y gané unos cuantos. El problema fue que, cuando me metieron en las baterías de cok, se me vino el mundo encima porque había mucho humo y era malo pa la voz. Tuve que dejar la tonada y cambiar de registro. Y, mira por dónde, acerté. Quería crear un estilo propio y fue difícil, pero lo conseguí. Hice como 'El Presi', que dijo de mí que ya no le daba pena morirse porque tenía un heredero (Se emociona). A mí me da pena decirlo, pero yo no veo a nadie que siga mi estela.

- Una estela en la que se convirtió en el gran 'llenapraos' de Asturias.

-Sí. El tercer álbum, cuando fiché con la casa Dial Discos, fue el bombazo porque vendí la tira. A partir de ahí, vendilo todo. En total, grabé hasta veintidós. Si llego a grabar los discos por mi cuenta, hoy taba ricu. Pero a mí no me daban nada. Me daban publicidad, pósters y poco más... El prubín de mí trabajaba en la empresa, luego cantando... No me daba el tiempo a pensar: «Aquí voy a chupar yo unes perres de los discos». Y no se me encendió la luz hasta el último disco que grabé, 'Montes cantábricos', en 2009, que lo produje yo.

-¿Por qué dejó de grabar?

-Tenía otro disco en camino, pero menos mal que rectifiqué a tiempu. Pensé yo: «¡Qué va!». Vamos a ver: los caseteros que había por los mercados desaparecieron, no hay nada más que una tienda en toda Asturias, que está en la plazuela de San Miguel, los coches ya no traen CDs... Ya no hay vida. Una pena.

-¿Había vida en Ensidesa por la mañana y de romería por la noche?

-Trabajé lo mío, pero lo petábamos. Aquello era increíble. Había veranos que hacía sesenta galas. Pero es que en verano tenía la facilidad de pedir un mes de permiso y otro de vacaciones. Hablé con el ingeniero y sin problema ninguno. Y yo, encantáu. Lo que ganaba en Ensidesa en un mes ganábalo en dos días de fiestas de prau. Vivía bien, gastaba sin problema, no me faltaba nada... Pero ricu no me hice, ¿eh? (Risas).

-Habrá visto de todo...

-¡Meca! ¡De todo! Una vez que íbamos a Venezuela quedaron las maletas en Vigo y tuvimos que cantar a pelo. Ni gaita, ni teclados, ni nada. Y otra vez fue muy gorda. Estaba en un pueblu y no había servicios en la romería. Entróme un apretón y dije-y al gaiteru: «Oye, tócame una larga que tengo que ir a la sebe». ¿A la sebe? ¡A un ortiguero! Esa fue muy gorda. Luego estuve media hora saltando en el escenario (Ríe). Y luego, tú llegabas a armar el equipo y ya había un paisano por ahí bailando solu. Sin que tocásemos ni nada. Con una mangada de la leche. Cuando yo cantaba, se mataron tres chavales yendo a verme actuar. Claro, como de aquella se chumaba todo lo que querías... No paraban pa soplar... Yo lo pasaba muy mal cuando me enteraba...

-Y todo, con mujer y cuatro hijos.

-A la mi muyer conocila de guaje, con diecisiete años o así, y caséme a los veintiuno. Tuvimos cuatro hijos y un nietu. Es un elemento. Vien conmigo y pásalo bomba. Vamos donde los conejos, donde les pites... Un día, estaba cantando Mercedes Ben Salah en un homenaje que me hicieron, y dice: «Me enamoré». Quedamos todos flipando. Tien que salir músicu a la fuerza.

-Porque ahora vive solo y en plena naturaleza.

-Sí. Nos separamos después de 45 años y vivo solu. Bueno, no nos separamos. Ella quedó en Avilés y yo vine pa esta finca que teníamos de fin de semana. Y la verdad ye que solu se vive como Dios.

-Aunque, al principio, la cosa no fue tan fácil...

-No. Tuve un accidente viniendo de Cangas del Narcea que casi me mato y dije que me retiraba... y alguna cosuca más. Hay veces que se juntan muchas cosas y estuve un año muy jodido, con una depresión de la Virgen. Llegué a pensar de todo y había gente que me decía: «Bah. Eso no ye nada. Eso quíteslo con cuatro cubalibres». Cuando lo que me tenían que haber dicho era: «Cuídate y vete al médicu». Pero había quien lo tomaba a coña.

-¿Cómo salió del pozo?

-Yendo a un psiquiatra. El mejor que hay en Avilés. Teniendo motivos para salir, sales. Lo peor que puedes hacer estando jodido es quedarte en casa dándole vueltas a la cabeza. Hay que largar. Donde sea. Al monte, a pescar, a hacer kayak, a esquiar o lo que sea, como hago yo. Carretera.

-¿Qué le queda por conseguir?

-Téngolo casi todo hecho. Solo me falta que mi archivo, mis cosas, vaya a la Casa de Cultura de San Juan de la Arena. Ese día voy a llorar. Porque, si no, el día que muera, los guajes van a coger cuatro coses y lo demás va a ir a la basura.

-¿Y en lo personal?, ¿quizá volver a encontrar el amor?

-Vamos a ver, rapacina. Voy decite una cosa: yo antes ligaba la de Dios y ahora vienen las chavalucas y dícenme: «Vicente, una foto o un autógrafo pa mi madre o pa mi güela». ¿Voy a andar yo buscando enamorame? ¡Nomenó! ¡Qué va! Una relación, a estas alturas, no. No la quiero. Hay que divertise un poco, de vez en cuando, y vivir la vida, que son dos días. De hecho, ahora empecé a cantar otra vez pa divertirme. Sin matame mucho. Y oye, si ganes alguna pesetuca pa comer andariques... mejor (Ríe).

-¿Asturias es una tierra agradecida con sus artistas?

-Yo estoy muy agradecido con la gente y con las comisiones de fiestas, que ahora tienen tantos problemas... Pero con los políticos estoy aburríu y muy decepcionáu. Yo siempre tiré más pa la izquierda que pa la derecha, porque hailos que con Franco vivieron de puta madre. Yo no. Pero ahora estoy en 'standby' porque son todos iguales. Sobre todo, los de Avilés. Aquí asoma cualquiera el focicu por Payares y ponen-y una alfombra, pero si eres de casa no miren pa ti.