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Sporting | Javi Fuego: «Este club ha mejorado y mis expectativas se han visto colmadas»

Javi Fuego, en acción, durante el entrenamiento de ayer en Mareo. A la derecha, durante su último partido como local en El Molinón, contra el Xerez, el 16 de junio de 2007./ARNALDO GARCÍA / J. B.
Javi Fuego, en acción, durante el entrenamiento de ayer en Mareo. A la derecha, durante su último partido como local en El Molinón, contra el Xerez, el 16 de junio de 2007. / ARNALDO GARCÍA / J. B.

Fuego vuelve el domingo a El Molinón doce años después de su último partido con el Sporting | «Ahora la pelota está en el tejado de los jugadores», asume el jugador antes de su «redebut» en casa

JAVIER BARRIOGIJÓN.

Cuando el Sporting se lanzó con la 'operación retorno' de Javi Fuego, tanto Miguel Torrecilla, como José Alberto, como el consejo, eran plenamente conscientes del elevado valor estratégico de esta incorporación dentro del proyecto. «Nos va a apretar a todos», se escuchó en esas semanas en Mareo. Un líder nato, con vinculación emocional y profesional, ejemplar en el día a día y, por encima de todo, si le respetaban las lesiones, un refuerzo de primer nivel testado en todo tipo de situaciones. 4.453 días (unos 12 años) habrán pasado el domingo, cuando regresará como rojiblanco a El Molinón, desde aquel último partido que disputó en mitad del mes de junio de 2007 con la camiseta del Sporting contra el Xerez (2-1).

Ahora, a un puñado de días de cerrar el círculo, el poleso se confiesa como un niño con zapatos nuevos. «Tuve la suerte de jugar como local en El Molinón muchos partidos y como visitante, en Primera, también sentí lo que era. Siempre eran partidos especiales, pero este domingo lo será más. Vuelvo a vestir de rojiblanco en Gijón y estoy muy ilusionado con este redebut», anticipa el centrocampista, de 35 años. En el exilio se curtió en el Levante, Recreativo y Rayo, con el que se reencuentra este fin de semana, para dar el salto de calidad en el Valencia, Espanyol y Villarreal.

En todos estos destinos se expresó siempre como un líder -ratifican excompañeros de viaje-, acrecentada esa faceta en Gijón. Por el momento no luce el brazalete, manteniéndose el criterio del vestuario de la antigüedad, algo que en algunos estamentos del club pretendían modificar de manera excepcional con su llegada. «Por mi forma de ser he actuado en casi todos los equipos en los que he estado como capitán. No tiene nada que ver con llevar o no brazalete», normaliza él. «Trato de aportar mi experiencia, de hablar con los jóvenes o con quien toque ejerciendo de capitán. Siento, además, que tengo el respaldo de la plantilla. Pero llevar el brazalete o no, no me quita el sueño. Tenemos la suerte de contar con grandes capitanes», sostiene.

De vuelta al domingo, el destino ha situado al Rayo, para el que jugó tres intensos años, al otro lado del campo en su «redebut» con el Sporting. Y al argentino Óscar Trejo, uno de sus mejores amigos en el fútbol, de enemigo ocasional. «Compartimos un año muy especial y complicado en Vallecas, el del ascenso, y todo eso nos unió más. Es una persona espectacular», ilustra Fuego, rememorando aquel curso de éxito e impagos, cruzando los dedos al mismo tiempo para que el mediapunta no tenga su mejor día el domingo.

«Viene un recién descendido, con buenos jugadores y metodología, porque conozco bien al entrenador (Paco Jémez) y a la institución. Será un partido complicado, pero hemos comenzado bien y tenemos ganas de jugar en El Molinón ante nuestra gente y de hacer un gran partido. Esperamos conseguir los tres puntos», anticipa el futbolista rojiblanco. En un análisis más reposado, en ese sentido, da por bueno el punto de Montilivi, rebañado en condiciones extremas. Aunque, matiza, «hay que hacerlo bueno en casa este domingo».

Gran vestuario

En el largo plazo de la temporada otea un objetivo claro. Uno del que nunca -subraya- se puede desentender el Sporting si pisa el suelo de la Segunda División. «Estar en este club y eludir la palabra ascenso es un poco contradictorio», considera Javi Fuego. Eso sí, avisa, la realidad es tozuda y en el fútbol tiende a triturar expectativas con suma facilidad. Sucede todos los años. «Poner el foco en lo que va a pasar en mayo o junio no sirve de nada. Sirve lo que hagas hoy y mañana, y cómo prepares el partido ante el Rayo», promete desde la experiencia.

Objetivos al margen, el centrocampista de Pola de Siero confirma que el proyecto casa con la idea que se le presentó en sus primeras conversaciones con el Sporting, cuando todavía estaba en el Villarreal. Contaban entonces en su entorno que a Fuego no le preocupaba bajar a Segunda, si era por el Sporting, pero sí que el equipo que se armase no fuera competitivo. «Todo está yendo al pie de la letra. Estoy contento por cómo se han desarrollado las cosas en el verano, tanto en fichajes, como en la infraestructura, y por cómo va todo», confirma, completando poco después que «me fui dejando un gran club, pero creo que ha mejorado y las expectativas que tenía las ha colmado. Ahora, la pelota está en el tejado de los jugadores».

Y entre ellos no hace distinciones, entrando de lleno en el añejo debate social entre canteranos y jugadores de fuera. «No debemos de confundir el sentimiento de pertenencia con solo la gente de aquí. En este vestuario hay muchos jugadores que no son de aquí y lo tienen. Yo mismo he jugado con otras camisetas y lo he tenido. Eso va un poco con la persona», enfatiza para concluir: «Se ha logrado que dentro de este vestuario haya mucha gente con sentido de pertenencia, sea asturiana o no, y eso es importante. Al final, los equipos pueden ganar partidos, pero las plantillas son las que consiguen los grandes objetivos».

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