Sporting | Cofie: «¿Críticas sobre mi fútbol? No todos somos como Messi»

Cofie, delante del mástil que sujeta la bandera del Sporting en Mareo. / ARNALDO GARCÍA
Cofie, delante del mástil que sujeta la bandera del Sporting en Mareo. / ARNALDO GARCÍA

«Pensar en el 'play off' nos ha hecho mucho daño. Es una palabra tabú en el vestuario. Nosotros vamos partido a partido»

ANDRÉS MENÉNDEZ GIJÓN.

Madruga para acompañar a su hija, Adelaide, al colegio. Lo hace cada día. Le ayuda para sentirse fuerte y empezar la jornada cargado de energía. Ni en los peores momentos, en sus primeros meses en Génova, tras dejar atrás su añorada Ghana, perdió esa eterna sonrisa que le acompaña en su encuentro con EL COMERCIO. «La vida no es perfecta, por eso siempre tienes que sonreír», afirma Isaac Cofie (Accra, 1991).

Toma asiento en las gradas del campo número 1 de Mareo. Baja la guardia para disfrutar del silencio, solo alterado por los lejanos pasos de los chicos del filial que enfilan los vestuarios con Manolo Sánchez en la retaguardia. Se esfuerza en expresarse en castellano, aunque se le escapan palabras en su segunda lengua, el italiano. Desnuda su desconocido carácter en una conversación pausada, en la que destaca que leer le ha ayudado a «ser más consciente de todo lo que sucede». Recuerda su infancia en Accra y subraya los valores de la familia, del respeto y del cristianismo, claves en su vida. Solo eleva el tono cuando la lucha contra el racismo en el fútbol entra en escena: «Entre todos tenemos que detener esto como sea».

-Nació en Accra, capital de Ghana. ¿Qué recuerdos guarda de su infancia?

-Crecí junto a mis padres, mi tía y hermano, pero éramos muchos más en la familia: abuelos, tíos, primos... Vivíamos en una casa pequeña, con apenas dos habitaciones. Mis padres son jóvenes y mi tía era como mi 'sorella' (hermana). Crecimos juntos los cinco. Toda mi vida está ahí, en Accra. La gente que quiero, mis amigos de la infancia. Siempre que puedo, una o dos veces al año, vuelvo a Ghana. Este verano seguro que estaré ahí.

-¿Cómo de importante ha sido la figura de su madre?

-Desde pequeño mi madre ha estado muy pendiente de mí. Quería pasar todo el tiempo jugando en la calle junto a mis amigos, pero ella ponía una condición: estaba obligado a ir a la escuela. Mi madre quería que, primero, tuviera una formación y, después, ya pensara en otras cosas. Siempre trató de inculcarme la importancia de estudiar para que algún día pudiera tener un futuro mejor. La prioridad de mi familia nunca ha sido el fútbol. Todo eso llegó después. Lo que realmente quería mi madre era que sus tres hijos (mi hermano, yo y mi 'sorella') fuéramos al colegio. Si no acudía a la escuela, no podía jugar a fútbol. Y yo solo quería jugar a fútbol (ríe). Me lo tuve que tomar como una condición para poder disfrutar junto a mis amigos. Cada mañana salía a la calle, andaba cuatro o cinco kilómetros e iba a la escuela. Después, cuando terminaba, podía jugar en la calle al fútbol.

-¿Cómo fueron sus primeros encuentros con el fútbol?

-(Observa el césped del campo número 1 de Mareo). Pues muy distintos a lo que ahora tengo delante. Conocí el fútbol jugando en la calle, sin botas, con un balón viejo. Salir a la calle, correr, jugar a fútbol, me hacía plenamente feliz. De pequeño no pensaba en otra cosa, solo miraba el reloj y esperaba a terminar en la escuela para ir a jugar con mis amigos. Nos calzábamos unos playeros, no eran ni siquiera unas botas, y salíamos a correr por esos interminables campos de arena.

-¿Colabora con su familia económicamente?

-Sí. Cada mes, desde que estaba en Génova (Italia), envío dinero a mi familia. Cuando voy a Ghana, siempre intento quedar con cada uno de ellos para ayudarles.

-¿También ayuda a su país?

-Sí, pero siempre he creído que cuando ayudas es mejor hacerlo al margen de los medios. A veces parece que algunos jugadores africanos están más empeñados en demostrar lo mucho que ayudan. ¡Todo es de cara a la galería! Yo no soy así. Prefiero colaborar sin hacer ruido. Cuando voy a Ghana, acudo a 'Charity homes' y estoy junto a los niños que no tienen padres, o que, realmente, lo necesitan.

-¿Cómo se convirtió en futbolista profesional?

-Con ocho o nueve años compré unas botas. Siempre jugaba con las mismas, estaban destrozadas. Mi madre nunca me permitió dejar la escuela. Jugaba en el equipo de mi colegio en Accra, el 'Powerlines'. Un día apareció un agente italiano. Tenía pensado mirar otros jugadores, pero se fijó en mí. Su intención era llevarme a Italia. Pero, claro, antes de tomar una decisión así, habló con mi madre. Le dijo que era un agente italiano, que trabajaba como ojeador, y que llevaba a muchos ghaneses, como yo, a Europa. Imagínese... Mi sueño era jugar en Europa. Entre todos, tomamos la decisión.

-¿Cómo fueron sus primeros días en Génova?

-Para poder fichar por el Génova juvenil, primero, tenía que pasar una prueba. Me calcé las botas, jugué junto a otros chicos y me cogieron. Los inicios fueron muy duros. No entendía nada. Una lengua distinta, estaba solo y echaba mucho de menos Ghana y mi familia. El club juntaba todos los extranjeros en una residencia, pero aún así me encontraba muy solo. Hasta la comida, que era buenísima, era un cambio importante. Tras un período de adaptación, ahora digo que soy medio ghanés y medio italiano.

-¿Pensó en rendirse, coger las maletas y regresar a Ghana?

-(Piensa). La verdad es que alguna noche pensé en dejarlo todo, en tirar la toalla. Echaba mucho de menos Accra. Allí tenía a mis amigos y a la familia. En los peores momentos sabía que tenía que hacerme fuerte. Era una oportunidad única. Necesitaba intentarlo, no decaer y seguir. Para ser jugador profesional, tenía que aguantar. Y aguanté.

-En el filial del Génova coincide con una generación brillante.

-(Risas). Teníamos un equipazo. En la portería estaba Mattia Perin (ahora en la Juventus), yo jugaba en el centro del campo, en una banda estaba Dejan Lazarevic (NK Domzale) y de delanteros dos estrellas: Stephan El Shaarawy (Roma) y mi compatriota Richmond Boakye (Estrella Roja). Arrasamos. Ganamos la Copa, Liga, SuperCopa y Copa de Europa para juveniles.

-¿En que invirtió su primer sueldo?

-Gran parte fue para mi familia en Accra. Con el paso de los años se han cambiado a una nueva casa.

- Siempre está acompañado de un libro...

-Sí. Leer es cultura. Cuando leo, me ayuda a conocer un poco mejor otras culturas y personas. Antes no leía y no entendía el porqué de muchas cosas. Me ha ayudado a no ser un ignorante. Ahora soy más consciente de todo lo que sucede. Me ha cambiado la percepción de las cosas. Muchas veces la gente opina sin saber. Es necesario conocer, leer.

-¿Qué está leyendo ahora?

-'Becoming', de Michelle Obama, la primera dama de los Estados Unidos de 2009 a 2017. Me está gustando mucho. Habla de toda lo que tuvo que pasar antes de salir 'First Lady'.

-¿ Y en qué le ayuda ser cristiano?

-Ser cristiano es una forma de entender la vida. Es una cuestión de actitud, de proceder...

-¿En qué sentido?

-A veces se puede malinterpretar o no entender. Pero ser cristiano es, sobre todo, importante en valores. Es la forma de entender la vida conforme a obrar bien, tener respeto a los demás y sobre todo ser honesto. Creer en Dios me ha ayudado en el fútbol a entender que, al margen de todo, lo básico es el respeto.

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-También se apoya mucho en su familia.

-Claro. La familia es lo más importante que tenemos. Cada mañana antes de entrenar acompaño a mi niña, Adelaide, al colegio. Ver su sonrisa me da fuerzas para entrenar. Junto a mi hijo y a mi mujer son lo más importante de mi vida. Lo son todo para mí.

-¿Ha encontrado en Gijón su particular Génova?

-(Risas) Sí, pero Gijón es más pequeño. Cuando me fui de Ghana, Génova fue mi casa. Creo que he encontrado en Gijón mi sitio, mi segunda casa. Eso espero.

-¿Por qué le acompaña siempre esa eterna sonrisa?

-Cuando la vida le golpea, sonría. La vida es dura, no es perfecta, por eso hay que acompañarla con una sonrisa. Sonreír me protege para afrontar los problemas del día a día.

-Como cuando le tocó no jugar...

-Claro. Ahí más que nunca sonreía. La mentalidad de muchos futbolistas es errónea. Uno no solo es importante cuando juega, también puede ayudar cuando no juega. No puede abandonar el respeto a las decisiones del entrenador y perder la sonrisa.

-¿Qué le sugieren algunos comentarios críticos con su forma de jugar el balón?

-Lo importante es entender tu función en el equipo. Cuando salgo al campo, trato siempre de cumplir con el cometido que me asigna el entrenador. Cuando uno hace lo que le pide el entrenador, puede cometer errores, pero serán resultado de fallos individuales. A mí nadie me puede achacar ir por libre. Hay gente que es feliz con balón, yo estoy aquí para aportar equilibrio, ayudar a la defensa y dar continuidad al juego con uno o dos toques. No todos pueden ser Messi o Busquets.

-¿Por qué nunca hablan de 'play off'?

-Nosotros tenemos un objetivo. Esa palabra es un 'tabú' en el vestuario. Pensar en eso nos ha presionado, nos ha hecho daño. No podemos pensar en eso. Ahora solo vamos partido a partido.