Duelo de rematadores con morbo

Djurdjevic celebra su gol ante el Eibar./A. FLÓREZ
Djurdjevic celebra su gol ante el Eibar. / A. FLÓREZ

Djurdjevic persigue su primer gol en la Liga ante el Málaga de Gustavo Blanco, al que pretendió el Sporting | El argentino suma seis tantos, mientras que el serbio, que aún no se ha estrenado en Liga, se encuentra en su mejor momento desde su debut

JAVIER BARRIO GIJÓN.

El fichaje de un delantero centro trajo de cabeza a Miguel Torrecilla y Rubén Baraja el último verano. La gestión tuvo miga en unos meses en los que los equipos de Primera barrieron, a golpe de talonario, con los máximos realizadores de Segunda: Mata (33), Raúl de Tomás (24), Borja Iglesias (22), Sergi Guardiola (22) y Michael Santos (17) volaron para testarse en la élite. El director deportivo rojiblanco miró, primero, al mercado nacional, inflado. Álex Alegría y Carlos Fernández, ahora en el Deportivo, junto a algún otro, eran los únicos que hacían tilín en los despachos de Mareo. El propio Baraja se pasó el verano intercambiando mensajes y llamadas con ellos. Pero, tanto él, como Torrecilla, querían un delantero en propiedad, con un horizonte más amplio. Tras varias intentonas, no encajaron en ese perfil de búsqueda ni el primero, que quería continuar peloteando en el primer nivel, ni el segundo, que juega a préstamo en Riazor.

Por aquel entonces, el Olympiakos no había declarado todavía transferible a Djurdjevic, mientras que el Sporting avanzaba en el mercado internacional, frente a la inflación nacional, con el argentino Gustavo Blanco Leschuk. Torrecilla llegó a presentar, incluso, una oferta en firme por él, en los parámetros apalabrados en la mesa de la negociación, pero los intermediarios del actual atacante del Málaga no dieron más señales de vida. Semanas después, el club andaluz hacía oficial la cesión de Blanco, propiedad del Shakhtar Donetsk ucraniano, acordando una opción de compra de 2,5 millones de euros. Más tarde, el Sporting amarraba a Djurdjevic, desbloqueado por el Olympiakos, en una operación relámpago y por la que desembolsó una cifra superior a los dos millones de euros. La inversión más alta de la historia para el club.

Dos meses y medio después, 'Djuka' y Gustavo Blanco se cruzarán en El Molinón, en un duelo volcánico. La estadística favorece de forma clara al argentino, tres años mayor que el serbio, en este momento iniciático de la competición. «Me llamó el técnico (Rubén Baraja) y analicé. Estoy muy agradecido a él, pero ahora estoy aquí y si hay que hacer goles, los voy a hacer», avisó este miércoles. El argentino, un futbolista con un físico poderosísimo (mide 1,90 metros y pesa 88 kilogramos), suma ya seis goles en la Liga. Djurdjevic, que se estrenó en la Copa frente al Eibar, todavía sigue con las ganas, con el contador a cero.

Anulado ante el Cádiz

Los números, no obstante, también confirman la distinta realidad que han vivido uno y otro hasta llegar a El Molinón. Quince disparos más que al '23' rojiblanco le apunta la estadística al argentino (10 por 25). El serbio, en un punto creciente desde el partido de Cádiz, ha experimentado una transición bastante dura, durante la que le han anulado dos goles. Uno de ellos, ante el Cádiz, totalmente legal. Sin conocer el idioma -ya habla algo y entiende las conversaciones-, se convirtió, sobre todo en los primeros viajes del Sporting, en una víctima del sistema. Hasta no hace mucho apenas pisaba el área, donde se acentúan sus fortalezas, jugando la mayor parte del tiempo fuera de sitio y en campo abierto, entregándose fundamentalmente a su incansable trabajo de presión, inflamable como nadie en otras cuestiones. «Es el carácter serbio, que siempre me lleva a pelear. No me gusta perder ni en los entrenamientos», admite él.

Ahora mismo va por los 791 minutos, con 17 recuperaciones y una asistencia, brindada a Pablo Pérez en una extraordinaria jugada personal en la que dejó tieso a Owona, central del Almería, que bordeó la expulsión en sus dificultades para atarle en corto. Parece otro jugador desde que se le asociara con el gijonés, que le permite más alegría en sus piernas con su trabajo. Le falta descorchar en Liga. De eso anda sobrado, hasta este momento, Blanco, quien, paradójicamente, no ha conseguido celebrar todavía lejos de La Rosaleda. Una bestia en el área, su mayor virtud está en su privilegiado físico y su gran capacidad para el remate. Un buscavidas del fútbol, especializado en rentabilizar la nada, contra el estirón insatisfecho de un jugador que viene en carrera.

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