El entrenador que cambió al Sporting

Vicente Miera, tras ser presentado como entrenador del Sporting el nueve de junio de 1976, en las oficinas del Monte de Piedad. /  MATILLA
Vicente Miera, tras ser presentado como entrenador del Sporting el nueve de junio de 1976, en las oficinas del Monte de Piedad. / MATILLA

Vicente Miera aplicó unos métodos de disciplina y profesionalidad que llevaron al equipo a la mejor época de su historia

MANUEL ROSETY

Vicente Miera fue el entrenador que cambió la historia del Sporting. El técnico cántabro introdujo un estilo de trabajo que llevó al conjunto gijonés a las cotas más altas de su historia y, además, con un tipo de fútbol espectacular.

El entrenador montañés se incorporó al Sporting tras el descenso de 1976. En la misma temporada había bajado con el Oviedo, tras el ascenso del equipo la campaña precedente. Con anterioridad, Vicente Miera había dirigido al Langreo tres temporadas, al que metió una vez en la promoción de ascenso.

Las negociaciones fueron rápidas. Miera había vivido una etapa de jugador en el Sporting, en el ocaso de su trayectoria como futbolista, tras haber militado tres campañas en el Racing y ocho, en el Madrid, con el que ganó una Copa de Europa.

El fichaje de Miera por el Sporting fue una sorpresa al llegar tras su descenso con el Oviedo, club con el que había roto las negociaciones. El presidente Ángel Viejo llevó la gestión personalmente. El sábado 28 de mayo de 1976 quedaba el acuerdo cerrado y se firmó dos semanas después. Se barajaron varios nombres para sustituir al francés Sinibaldi, como Mesones y Pavic, pero no terminaron de convencer.

Miera asumió el mando en el Sporting, vinculado siempre con Enrique Casas. El propio entrenador hizo viajes para examinar el terreno de la pretemporada por Riaño, San Isidro y Ventana. Su debut fue en las montañas leonesas de Puebla de Lillo para la primera fase de la pretemporada. Sus únicos auxiliares eran Novoa, que también entrenaba al filial, y José Luis Rubio, que hacía las funciones de preparador físico, recuperador, masajista y ATS. Era un fútbol diferente al actual.

Desde el primer momento, Vicente Miera aplicó un método exigente, con una severa disciplina y una implicación máxima que empezaba por el mismo técnico. Un detalle es que antes de materializarse el fichaje ya realizó seguimientos a jugadores que descartó por no tener el nivel que deseaba.

Aunque a su llegada quería un lateral para suplir a Cundi, que se iba a la 'mili', un centrocampista y un delantero, apenas vio cumplidos sus deseos. Fue traspasado Churruca y sólo llegó Núñez, cedido por el Athletic, más Rivero, Joaquín y Toni, que procedían del Deportivo Gijón, en la actualidad denominado Sporting B. En el transcurso de la campaña ascendió Abel, recuperado por el técnico Iván Rodríguez para el filial. Las soluciones eran caseras.

La filosofía del Sporting empezó a cambiar. Miera aplicó un estilo muy profesionalizado, con una dedicación máxima en los entrenamientos y concentraciones previas a los partidos, que se prolongaban en ocasiones hasta el lunes. El método del técnico cántabro se basaba en que el jugador centrara su vida en el trabajo del equipo. Tenía fama de entrenador duro, pero matizaba que era «responsable».

Aunque la temporada tuvo sus complicaciones, se logró el objetivo del ascenso. A la campaña siguiente, con la premisa de mantener la categoría, alcanzó el hito histórico de terminar quinto, que lo metió en la Copa de la UEFA. Por primera vez en la historia, el Sporting jugaba una competición europea. A la campaña siguiente elevó el listón al quedar segundo, después de luchar por el título con el Real Madrid. Además de los éxitos clasificatorios, el estilo de fútbol de los rojiblancos era espectacular, con solidez defensiva, mando en el centro del campo y un ataque demoledor.

Vicente Miera había conjuntado aquel equipo que había descendido antes de su llegada con pocos fichajes. En su segundo año llegaron Uría, que colaboró en la mejoría del equipo, Andrés y Urbano. Luego se incorporaría Rezza, que destacó en la temporada que jugó, y Óscar Ferrero, que intervino poco. El resto de recursos siempre fueron del filial.

Un conjunto de ensueño

El montañés había logrado conjuntar un equipo de ensueño, con un centro del campo espectacular, en el que estaban Ciriaco, Joaquín, David, Mesa y Uría y una delantera con Morán, Quini y Ferrero. La defensa estaba respaldada por Castro en la portería, con Redondo y Cundi en los laterales, mientras que Rezza y Doria daban 'cera' por el centro. Aquello era un espectáculo.

Al concluir su tercera temporada no llegó a un acuerdo para renovar con el Sporting. Diferencias económicas y, sobre todo, una filtración sobre sus pretensiones cancelaron las negociaciones. Lo suplió Novoa, que mantuvo el ritmo. Un año después. Manuel Vega-Arango repescaría a Miera para encomendar al técnico gijonés el control de la cantera.

La segunda etapa del míster cántabro en el Sporting sería diferente. Se fue Quini y llegó Gomes como único refuerzo, pero una lesión redujo las opciones de un conjunto con un ataque cojo, aunque en la Copa llegó por primera vez a la final, con una trayectoria brillante. A la campaña siguiente, la lesión de Castro resultó demasiado importante. Aunque el Sporting repitió final copera, el sufrimiento en la Liga acabó con la etapa de Miera a ocho partidos del final.

En otras dos ocasiones se barajó la posibilidad recuperar a Miera, pero no se llegaron a matizar las negociaciones. En cualquier caso, el técnico montañés pasó a la historia del Sporting como el entrenador que cambió el sentido del equipo, al que aportó una profesionalidad y un estilo que lo llevaron a Europa con un fútbol de ensueño. Repetirlo parece complicado en estos tiempos.