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«¿A que esa no la protestas?»

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Fernández frena el cuero con el brazo después del disparo de Isma López al palo. / E. C.

  • El conjunto rojiblanco reclamó el noveno penalti no señalado del año en un encuentro que finalizó con un hombre menos tras una expulsión rigurosa

  • El linier se dirigió a Abelardo tras las quejas de La Romareda en una jugada polémica en el área sportinguista

Harto de verse perjudicado por la impunidad de los adversarios en el área, Abelardo destapó el pasado domingo la caja de los truenos arbitrales reclamando justicia ante las jugadas antirreglamentarias que han perjudicado a su equipo a lo largo de la temporada. Aunque 'El Pitu' no dio continuidad a esas quejas en la sala de prensa de La Romareda, en el estadio maño se comprobó que sus palabras no cayeron en saco roto.

En la primera mitad del choque entre gijoneses y aragoneses, cuando las decisiones arbitrales aún no habían tenido trascendencia en el marcador, el técnico se dio cuenta de que sus duras palabras tras el duelo ante el Barcelona B habían retumbado en el estamento arbitral. El detonante fue una jugada parecida a la que había encolerizado a El Molinón con la mano señalada al central luso Edgar Ié. Como el pasado domingo, un balón cruzado con destino al corazón del área fue neutralizado por un joven zaguero, en esta ocasión sportinguista, con la notable diferencia de que el debutante Jorge Meré había frenado la trayectoria del pase con el trasero, sin incurrir en infracción alguna. Fue entonces cuando La Romareda reclamó penalti y el linier se dirigió al preparador rojiblanco recordando sus palabras de la semana pasada. «¿A que esa no la protestas», recriminó uno de los asistentes de Muñoz Mayordomo a 'El Pitu', según unas declaraciones de las que se hizo eco la cadena Cope.

La jugada protagonizada por el bisoño defensor ovetense fue el preludio de un protagonismo indeseado del colegiado castellano-manchego, que en la segunda mitad iba a engrosar la lista de penas máximas no señaladas esta campaña al conjunto sportinguista. Fernández, que en el estadio gijonés se había quejado arduamente al término del choque tras ver la segunda amarilla por frenar la carrera de Jony braceando, volvió a convertirse en uno de los nombres propios al cometer un penalti por detener el cuero con su brazo derecho.

Con empate a uno en el electrónico, Isma López había porfiado por el cuero con Vallejo en una meritoria acción antes de superar el achique de Alcolea. El cuero se estrelló en el poste y Fernández lo anestesió con su brazo derecho para impedir que Guerrero rematase en boca de gol antes de que el guardameta maño alejase el peligro. Los jugadores sportinguistas volvieron a desgañitarse en busca de la pena máxima para el conjunto dirigido por Ranko Popovic, pero sus peticiones tuvieron el mismo efecto que en las anteriores ocasiones, ya que Muñoz Mayordomo, el trencilla de la contienda, no señaló nada punible en la acción protagonizada por el lateral cordobés.

Novena protesta en saco roto

La mano no señalada de Fernández en su propia área se suma a una larga lista de reclamaciones gijonesas a las que los colegiados han hecho caso omiso. Hasta nueve acciones antirreglamentarias han protestado los pupilos de Abelardo, con el denominador común de haberse producido en choques que finalizaron con tablas en el marcador.

Bagnack abrió la veda frenando los avances dentro del área azulgrana de Nacho Cases, Carmona y Guerrero sin castigo antes de que Ndi fuese derribado con impunidad por los zagueros adversarios en zona de castigo. Primero fue Fede San Emeterio en El Sardinero y después Carlos Hernández en la Nova Creu Alta quienes, con la permisividad arbitral, empujaron al atacante camerunés, que incluso fue amonestado en uno de esos lances en tierras cántabras.

La doble reclamación de Pablo Pérez en Pamplona arrojó más leña a una hoguera que terminó por estallar el pasado domingo ante el Barcelona B. La infracción del zaguero azulgrana Ié en el balcón de su portería colmó la paciencia de Abelardo, que estalló en sala de prensa y solicitó un trato ecuánime para su equipo en el área rival.

Ni una semana se había cumplido desde la reivindicación del entrenador rojiblanco cuando en La Romareda se incrementaron los ingredientes del cóctel de la indignación gijonesa. La jugada irónicamente reprobada por el linier a Abelardo fue el inicio de una tarde que se cerró con un penalti al limbo y una expulsión rigurosa de Álex Menéndez. Más madera para una tensa relación con el colectivo arbitral con pocos visos de solución inmediata.