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El Sporting sufre una derrota cruel

Paco Alcácer supera en el salto al defensa rojiblanco Luis Hernández para rematar de cabeza el balón, en la jugada que supuso el gol del Valencia.

Paco Alcácer supera en el salto al defensa rojiblanco Luis Hernández para rematar de cabeza el balón, en la jugada que supuso el gol del Valencia. / P. CITOULA

  • Los gijoneses repitieron su buen estilo defensivo para frenar a un rival con un potencial superior, al que pudieron igualar en el último suspiro

  • Los rojiblancos fallan las ocasiones más claras de gol y un buen Valencia marcó en el inicio de la prolongación

El fútbol tiene partidos que quedan marcados por la crueldad. Uno de ellos fue el que el Sporting perdió ayer ante el Valencia. Los levantinos tienen un potencial teórico muy superior al de los gijoneses. Incluso se vio en la mayoría del partido, con posesión, dominio y juego, pero una jugada desgraciada en el primer minuto de la prolongación resultó determinante.

Abelardo sorprendió con la alineación al decantarse por Mascarell en la posición de Cases. También optó por Pablo Pérez en la posición de Carmona, mientras que utilizó a Halilovic en la posición de enganche, con n 4-3-2-1. El Valencia de Nuno usó un 4-3-3 para tener superioridad en el centro del campo, con Parejo, Javi Fuego y Enzo Pérez frente a Sergio y Mascarell.

En el inicio del partido se apreció que el Sporting estaba bien plantado, con presión y mucha intensidad en su juego. El Valencia ganó pronto el centro del campo, porque Halilovic es un jugador virtuoso, pero de poco recorrido para el trabajo y no colaboraba mucho en la contención con la salida del balón, casi siempre con Javi Fuego como protagonista.

Las mejores ocasiones de ataque, aunque bastante esporádicas, fueron de los gijoneses. El estilo de Abelardo era frenar las avalanchas valencianistas y salir al contraataque, aunque faltaba rapidez y agilidad en las ideas, con demasiadas pérdidas del balón. El cuero se recuperaba bien, pero se perdía fácil. El más lucido para la grada era Halilovic. El croata hizo algunas exhibiciones que puede que den más juego ante rivales de un potencial inferior al del Valencia. Su falta de consistencia en el trabajo de contención en la salida del juego de la zaga visitante obligó a Abelardo a meterlo en la banda, con Pablo Pérez en el enganche. Es difícil adaptar al joven balcánico a un trabajo que no sabe hacer, aunque si no lo hace, es difícil que pueda ser futbolista de alto nivel, aunque tenga condiciones técnicas y futbolísticas para ello.

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Férreo marcaje a Negredo

El conjunto levantino adelantó mucho la posición de los laterales. Cancelo era el soporte de un rápido Feghouli y Gayá respaldaba a Piatti en terreno gijonés. Esta circunstancia obligaba a los jugadores de banda a colaborar estrechamente con los laterales. Los rojiblancos sufrieron, pero, pese a los momentos de cierto nerviosismo, capearon el temporal, con un marcaje espectacular sobre Negredo y cerrando espacios a Piatti y Feghouli, con la suma de Parejo.

El Sporting dispuso de ocasiones claras para marcar, pero entre la falta de puntería y de fortuna y el acierto del portero visitante el marcador sigue a cero. También pudo hacerlo el Valencia, pero su punto de mira en el disparo estaba bastante desviado, pese que Negredo y Piatti tuvieron oportunidades casi tan claras como las de los gijoneses.

La jugada polémica fue protagonizada por Parejo, dentro del área local, que intentó cortar Lora. Hubo contacto, pero el capitán visitante adornó la caída, por lo que Del Cerro lo amonestó y no indicó la pena máxima, que bien pudo pitar.

El desarrollo del partido tuvo altibajos, con momentos en los que el Valencia encerraba a los rojiblancos en su parcela, aunque también mantenía algunas reservas, por temor al contraataque local. El conjunto visitante lo intentaba de todas las formas posibles, con entradas por las bandas, con balones colgados, laterales y desde el centro, buscando la espalda de los defensas e incluso en algún lanzamiento lejano, pero en el área gijonesa había un mando aéreo espectacular de Bernardo y un nivel alto de Luis Hernández, bien respaldados por un seguro Cuéllar.

El único desbarajuste estaba en el centro del campo. Sergio no encontraba el apoyo preciso en Mascarell, un futbolista con un buen toque y visión, pero en la actualidad no es mejor que Cases, ni mucho menos. No tiene el dinamismo, ni la raza del gijonés. Otra cosa es que sea preciso que sea alineado, por muchas explicaciones que se quieran argumentar. Y está claro que la única función que el tinerfeño puede desarrollar es la de Cases o Rachid. Es la famosa lamparita que ahora no hacía falta.

Tras el descanso, el Sporting dio imagen de salir con algo de temor, frente a un rival que dio la sensación de salir más decidido a buscar la victoria. El conjunto gijonés tenía alguna llegada en contraataques, pero lo hacía con cierta lentitud y falta de convencimiento, además de carecer de unos apoyos con más sentido. En este aspecto había algo de inseguridad.

La entrada de Cases

Abelardo hizo la primera modificación, con la entrada de Cases por Mascarell. Uno de los motivos es que Parejo estaba demasiado libre. El capitán visitante pudo ser expulsado, en un salto con Sergio, en el que rebañó el codo en la cara de avilesino. Del Cerro fue contemporizador.

El Valencia ganó con la presencia de André Gomes, un jugador con más movilidad y llegada que el argentino Enzo Pérez. De todas formas, los peligros que buscaba el Valencia sufrían algún freno por los contraataques gijoneses, ya con Guerrero en el campo, en lugar de Halilovic, lo que llevó a Pablo Pérez a la banda.

Hubo una triple ocasión de gol, pero ni Jony, ni Guerrero acertaron en el remate. Lo mismo que otra de Pablo Pérez, en posición inmejorable para el disparo, y otras presencias de Sanabria. La imagen del Sporting ante un rival del potencial del Valencia era esperanzadora. Pese a las limitaciones y las diferencias, los gijoneses plantaban cara a un equipo de Champions.

Cuando se daba por bueno el empate llegó el tanto valenciano. No estuvo acertado el Sporting para no perder el balón cuando lo más prudente era retenerlo, para no producirse una situación de descompensación en la defensa, en la jugada el gol levantino, que cayó como un jarro de agua fría. De todas formas, los ánimos se mantuvieron hasta el pitido final. Sanabria pudo empatar en el cuarto minuto de la prolongación, pero también falto suerte. Esta vez, el esfuerzo no tuvo el premio perdido cuando menos se esperaba, en otro partido de una buena imagen, mucho derroche y muchos detalles positivos, sin olvidar las limitaciones que suelen pagarse ante los rivales más potentes.