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«No voy a contar milongas de quién soy»

El defensa chileno Igor Lichnovsky, esta semana, posa para EL COMERCIO en la grada del campo número 1 de Mareo.
El defensa chileno Igor Lichnovsky, esta semana, posa para EL COMERCIO en la grada del campo número 1 de Mareo. / AURELIO FLÓREZ
  • igor lichnovsky, Futbolista del Sporting

  • «Ustedes valorarán en el campo qué tipo de jugador puedo ser. Tengo que devolver esta confianza»

Aparece sonriente por la puerta del vestuario de Mareo y manifiesta desde el primer minuto un gran sentido del humor, que luce con frecuencia en las distancias cortas. Igor Lichnovsky (Santiago, Chile, 1994), de trato afable y cercano, ha vivido siempre a través de un balón. Su tío Juan, no en vano, fue uno de los mejores jugadores de baloncesto de Chile. Aunque los orígenes de su familia se encuentran en Europa.

-Eslovaquia, Austria, Chile. ¿Cuál es la historia de su familia?

-Arranca con la guerra (la Segunda Guerra Mundial), en Eslovaquia. Mi abuelo, mi abuela, mis dos tíos y mi padre, que tenía un año. Fueron para un sitio, para otro, un barco, un avión... Pero yo no tengo doble nacionalidad porque mi padre solo estuvo un año en Austria, de paso, y no había registros ni nada con todo el tema de la guerra. Al final llegaron a Chile. Luego, mi madre, sentido común (sonríe), y aquí estoy.

-¿Por qué le apodan el 'polaco'?

-Creo que lo sacó el 'Tito' Awad (un comentarista deportivo de Chile). Fue por algo generalizado. Uno ve a alguien de piel clara, ojos claros, pelo rubio y le dice: 'el ruso' o 'el polaco'. Salí elegido el mejor jugador en esa radio. Todos la escuchaban y quedé como 'el polaco'.

-¿Y lo de 'el jefe'?

-¡De otra radio! (risas).

-En cualquier reportaje que se escribe sobre usted siempre se menciona la palabra liderazgo.

-Supongo que viene porque siempre estuve con las selecciones menores y siempre fui capitán. Juego de central, que también ayuda a eso, y dentro del campo me gusta hablar mucho.

-No siempre jugó de central. Empezó de delantero, incluso de mediapunta.

-En amateur, en el club en el que comencé. Se llamaba el Atlético de Bilbao (sonríe). Jugaba de delantero, pero, cuando me fui a la Universidad de Chile, al equipo cadete, me echaron para atrás. Era grande y el que lo decidió lo hizo muy bien. Llegué de delantero y apenas me vieron, para la defensa. Recuerdo que era muy grande y 'botando' a todo el mundo llegaba arriba.

-¿Qué importancia ha tenido en su carrera el Mundial sub 20?

-Mucha. Era el capitán de esa selección, pero dentro había muchos líderes que ahora están tapados por esta generación de oro: la de Alexis (Sánchez), Arturo Vidal, Gary (Medel). Pero cuando haya un cambio generacional comenzarán a salir arriba. Teníamos expectativas mayores que la de llegar a cuartos de final. Caímos en la prórroga, en el último minuto. Me duele el pecho de recordarlo porque teníamos un verdadero equipazo.

-Y llegó a la absoluta, en 2014, en un momento que había un nivel muy grande en la selección, a la que ustedes llaman 'La Roja'.

-La nuestra es la verdadera (risas). No, me recibieron muy bien. Dos años antes ya había tenido la posibilidad, a los 18 años, con Claudio Borghi de entrenador, cuando estuve entrenando con el plantel. Luego ya me llamó Sampaoli, que me había hecho debutar con la Universidad de Chile a los 17 años.

-¿Es tan buen entrenador Jorge Sampaoli como dicen?

-Sí. Es de ideología Marcelo Bielsa. Es un muy buen entrenador, con carácter, cercano al jugador. Habla mucho con el futbolista, eso me gusta, y dentro del campo todo es trabajo y rendimiento. Si no te sale, tienes que estar todo el día repitiendo hasta que salga.

-El Chelsea, Inter, Bayer Leverkusen intentaron hacerse con sus servicios antes de que se marchara al Oporto. ¿Cómo interioriza un futbolista tan joven todo esto?

-Uno es consciente de que es el resultado del trabajo, aunque es complicado de manejar con 17 años. Pero, como dije en la rueda de prensa, yo no voy a contar una milonga de lo que soy o no soy. Ya lo valorarán ustedes en el campo. Se agradece que salgan estas cosas, pero sin más.

-¿Echó de menos contar con alguna oportunidad más en el Oporto?

-Claro, pero los centrales de allí son de muy buen nivel. El Oporto es un club grande, que está para competir por todo, y entiendo mi posición de jugador joven. No se dio esa oportunidad y aquí estamos. Si me llega ahora, la voy a aprovechar.

-¿Ha leído mucho de sus comparaciones con Piqué?

-Las comparaciones son odiosas. Que me comparen con él, pues muy bien, claro. Es uno de los referentes que tengo por su calidad, pero siento que tengo mis características.

-¿Quiénes son sus referentes?

-Maldini, Nesta y Piqué. Una mezcla de todos (risas). Siempre los he admirado. Incluso cuando jugaba arriba de pequeño. Salían conduciendo desde atrás, sin miedo, y defendían como bestias.

-¿Qué ha contribuido más a la temprana madurez que muestra: la familia o su estabilidad personal, con su pareja y su hija?

-Nunca he tenido problemas con nadie. Y si los tengo, voy y lo digo de frente. Tengo mi carácter. Pero claro que mi familia me ha hecho mucho bien. Tengo a mi mujer, mi hija de un año y cuatro meses, que es mi princesa, y uno piensa de otra forma. Solo me llama estar con mi hija y mi mujer.

-¿Qué tal sus primeros días en Gijón?

-Hasta el momento, solo buenas sensaciones. No he tenido mucha oportunidad de conocer la ciudad, que es de lo que todos me hablan, pero en los entrenamientos muy bien. Me han acogido fenomenal los compañeros y tengo que devolver esa confianza en el campo.