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«Quiero un Sporting consolidado. No se puede vivir siempre al borde del precipicio»

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Javier Fernández camina por la zona que delimita los banquillos en El Molinón. / DANIEL MORA

  • Javier Fernández Vicepresidente del Sporting

  • «Si Antonio Veiga decide dar un paso atrás, estoy dispuesto a asumir la presidencia. Ahora tengo el conocimiento del club que no tenía hace un año»

Javier Fernández (Gijón, 1964) respira aliviado. Han sido muchos meses de tensión, culminados con una permanencia que terminó por sellar las inquietudes de un club que apunta al futuro ilusionado con crecer y, sobre todo, con la intención de no repetir errores del pasado. En el horizonte otea un equipo capaz de competir por entrar en Europa y una entidad consolidada, a salvo de los vaivenes deportivos.

Explique a la gente cómo puede plantearse el club recomprar Mareo y no invertir para hacer la plantilla lo más competitiva posible.

Estamos hablando de un proyecto de compra en el plazo de dos años. No se trata de presionar a nadie. Todo lo contrario. No es que tratemos de desviar el dinero de un lado para otro. Simplemente queremos saber en qué posición estamos. Hay gente que se está quejando de que hagamos obras en instalaciones que son alquiladas.

¿Y colmarán las aspiraciones de los técnicos en el plano deportivo?

En el presupuesto tiene que haber partidas para todo. No es ninguna barbaridad dedicar un 3% a inversiones. Seguramente todos querríamos tener jugadores del nivel de los que tiene el Sevilla o el Celta. Ahora mismo no estamos en condiciones, pero en uno o dos años podremos alcanzar ese peldaño. Venimos de donde venimos. Que nadie se olvide cómo estaba el club hace 14 meses y cómo está ahora. El rendimiento y la dedicación de la plantilla y el cuerpo técnico han ayudado mucho, pero esto no es cuestión de lotería simplemente. Hay que trabajar mucho. Dentro del club nos hemos centrado en seguir una política de austeridad e ir mejorando la productividad de la gente que está en la casa. Tenemos grandes esperanzas en la plantilla del próximo curso.

Habla de que los jugadores están recibiendo propuestas «escalofriantes» con las que el Sporting no puede competir.

La competencia de la Premier para nosotros está siendo muy dura. El club más pequeño de la liga inglesa triplica nuestro presupuesto a día de hoy.

Crecer en Gijón

¿Faltó previsión a la hora de renovar a alguno de los futbolistas que Abelardo consideraba claves?

Todo el mundo los consideraba claves. ¿Cuál es el problema? Hace 14 meses no se podía ni tan siquiera pagar las nóminas de los jugadores. Ofrecer a un año vista la renovación a un futbolista parece imposible que acepte. Cuando entablamos las negociaciones con Cuéllar, Sergio y Rachid, lo hicimos tarde, pero conseguimos el acuerdo porque había voluntad de seguir creciendo en Gijón. Eso era mucho más trascendente que renovar a un año vista. En cuanto entra Nico, proponemos a Jony, Luis, Bernardo e Isma la renovación. Están en Primera y tienen mucha confianza en sus posibilidades. Unos porque los representantes les convencen de que al quedar libres al final de la temporada van a tener mejores expectativas y les recomiendan esperar, y otros porque el Sporting ofrece un sueldo en Primera y otro en Segunda (reducción del 50-60%). No podemos caer en los mismos errores de antes y creernos que hay dinero para todo. Hay que acabar con la idea de que en Segunda desaparecemos y en Primera solo podemos aspirar a sobrevivir. Quiero que el club esté consolidado, al margen de la categoría. No podemos vivir siempre al borde del precipicio. La estabilidad económica te va a dar el crecimiento deportivo y eso es lo que queremos.

¿Se ha arrepentido de no coger antes las riendas del club?

Cuando entramos Javier Martínez y yo, veníamos de un sector que no era el fútbol. Entonces no me sentía capacitado para asumir la gestión. Año y medio después, casi lo veo una necesidad ante las cosas que me voy encontrando. Es entonces cuando nos planteamos entrar en la gestión del club al 100%. Era agosto de 2014 y el club estaba en una situación económica caótica a corto plazo. No encuentro una salida ni fórmulas de financiación. La única alternativa que veo es la salida del club a través de alguien que sea capaz de financiar la deuda generada. Después de nueve meses, no hubo una propuesta que cumpliera unas mínimas condiciones. Es entonces cuando tomo conciencia de que tengo que entrar a la gestión directa del Sporting.

¿Se alegra de que fuera así y no vendiera la entidad?

Después de cómo se han desarrollado los acontecimientos, claro que sí. Hace 14 meses me pasé un año sin dormir, pero hoy vivo feliz pensando que este club tiene un futuro tremendo. Creo que es el momento de pensar en crecer y no pensar en ruinas.

¿Por qué se llegó a esa situación y no se buscó una solución antes?

Volver la vista atrás y echar la culpa a otras personas no tiene sentido. No entiendo la dicotomía Primera-Segunda. Está bien que los jugadores y los técnicos tengan un valor superior, pero hay cosas que no entiendo. Por ejemplo, que un proveedor cobre más si estás en Primera. El Sporting debe ser gestionado como una empresa normal. No puede ser administrada al azar. No hay que condicionar las actuaciones a que el equipo esté funcionando en el terreno deportivo. En Primera queremos mejorar y en Segunda queremos estar vivos, sin depender de circunstancias externas. Es verdad que la venta de los derechos de televisión nos ha dado mucho a todos, pero, si no se cambiaba internamente la forma de funcionar del club, no valía de nada. Para la Liga somos un ejemplo porque hemos sido capaces de quitar la deuda con la Agencia Tributaria en un año y esa es la vía por la que van optar todos los clubes.

¿No tiene la tentación de seguir el paso de otros propietarios y aprovechar el tirón para vender?

Hace catorce meses tomamos la determinación de llevar a este club a deuda cero...

¿Y una vez que lo consiga?

Hicimos un proyecto de tres años con Nico Rodríguez y Abelardo con el ánimo de mejorar deportivamente y tener un club ordenado. Hemos anticipado etapas. Prefiero dar tranquilidad en la casa y no decir que vamos a plantearnos un proceso de venta para no repetir errores del pasado. No digo que yo no necesite una salida el día de mañana.

Hay un sector de la afición que sigue viéndolo como el problema. ¿No está harto?

No me voy a hartar por eso porque si no ya me hubiera ido hace tres años. Desde que asumimos la gestión, hemos entablado conversaciones con todo el mundo. Tenemos buenas relaciones con la gente que dirige las asociaciones, que parece son más anti-Fernández. Todo eso debe ir mejorando. Algo que nos falta por lograr es la recuperación de la Fundación como algo que aglutine todo el área social dentro del Sporting. Yo quiero dejar al club creciendo y, después, ya veremos. Igual viene un inversor muy potente que garantice un crecimiento mayor. Será entonces cuando se puedan analizar otros escenarios. Ya está ocurriendo en muchos clubes de España y la propia Liga está favoreciendo esa posibilidad porque su deseo es hacer la competición más potente.

El Granada ha sido vendido por 37 millones. ¿Cuánto cuesta entonces el Sporting?

No lo sé. Lo único que tengo claro es que el Sporting no está en venta.

¿Cuándo estará este club en condición de competir por un puesto europeo? ¿Tres años?

En fútbol, vaticinar más allá de un año es complicado. Hablo en términos económicos. En el plano deportivo, espero que estemos al mismo nivel de equipos que están varios escalones por encima. El 'Pitu' habla del Celta o la Real Sociedad, pero no nos olvidemos dónde estaban hace cinco años. Les hemos comido terreno, pero aún nos falta para alcanzarles.

¿Hay que esperar nuevos cambios en el consejo de administración? -Hablé con Antonio (Veiga) al principio de la temporada. Lleva diciendo todo el año que estaba cansado y nos emplazamos a que tome una decisión antes de que empieza la Liga.

En el caso de que renuncie, ¿asumiría usted la presidencia?

No lo sé, como aún no ha pasado...

¿Pero está dispuesto a hacerlo?

Sí, ahora estoy en disposición porque tengo un conocimiento del club que no tenía hace uno o dos años.