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Sporting | En los orígenes de Javi Fuego

Jorge Luis García, utillero del primer equipo del Sporting, en uno de los banquillos del campo número 1 de Mareo. / ARNALDO GARCÍA
Jorge Luis García, utillero del primer equipo del Sporting, en uno de los banquillos del campo número 1 de Mareo. / ARNALDO GARCÍA

Jorge Luis, utillero del Sporting, fue el descubridor del poleso para su llegada a Mareo en 1993 | 26 años después, los dos coincidirán en el vestuario del primer equipo del conjunto rojiblanco

JAVIER BARRIOGIJÓN.

A principios de los noventa, Javi Fuego era un torbellino. Jugaba al fútbol en el Romanón, quemaba suela con el atletismo (cross, concretamente) y se iniciaba en el mundo de la música (llegaría a tocar el bombardino) en la banda de

Pola de Siero. «Lo hacía todo y lo hacía bien», aprecia Jorge Luis García (Gijón, 1965), utillero del Sporting desde el año del ascenso de Manuel Preciado. Antaño, entrenador de la base y captador de talento en largos fines de semana de fútbol. Hombre para todo durante los 32 años que lleva afincado en Mareo. Hasta para fichar a un niño, de nueve años, de nombre futbolístico Javi Fuego. 26 años después, los dos coincidirán por primera vez en el primer equipo gijonés. «El verano que le surgió lo del Espanyol ya tenía ganas. Siempre tuvo en la cabeza volver a casa en sus últimos años», confirma su primer valedor.

Suyo fue el chivatazo de que había un niño del Romanón haciendo mucho ruido en el fútbol de pista regional. Le había observado durante varios partidos y le siguió hasta el barrio avilesino de La Luz, una jornada que aceleró su llegada al Sporting en 1993, en edad benjamín. «Se jugaba un Avilés-Romanón y al terminar el partido me encontré con el padre y hablamos de la posibilidad de que viniera para el Sporting. No fue fácil. Javi estudiaba ya muy bien, tocaba en la banda de música de Pola de Siero y hacía cross. Hubo un tiempo, de hecho, en el que jugábamos por la mañana y por la tarde incluso tenía alguna carrera. A su padre lógicamente le parecía un paso muy grande fichar por el Sporting porque las distancias no eran las de ahora. Para ir desde Pola de Siero hasta Gijón no había autocar y tenían que llevarlo todas las semanas», recuerda sentado en la grada del número 1.

Nadie sabe por qué, pero por el fútbol todos los trayectos se hacen más cortos. Y las dificultades, más llevaderas. Jorge Luis persuadió a su padre. Luego llegó la charla definitiva en Mareo, con el visto bueno del histórico José Fernández, 'El Negro', que tenía la última palabra con todos los niños que entraban y salían del Sporting en su cometido de coordinador. Javi Fuego se quedó.

«Le veo muy fino», replica desde una visión actual, de verano de 2019, cuando se le pregunta por el primer fichaje del conjunto rojiblanco. El hijo pródigo está de vuelta. «Está casi tan fino como cuando era juvenil, pero porque también lo entrena, ¡eh! Otros veranos siempre pasaba por aquí para hacer su pretemporada en Mareo. Me llamaba, le sacaba unos balones y utilizaba el gimnasio. ¡Pero este año no vino nada!», acentúa con una sonrisa. «No era plan con todo lo que había», entiende, refiriéndose al periodo de negociación entre el Sporting y el Villarreal y la expectación generada con la posibilidad de su fichaje.

Ese culto al trabajo lo trae de serie, así como el liderazgo, que ya manifestaba en su primer año en el Sporting. «Destacaba muchísimo. Antes de ficharlo pensaba que era benjamín de último año hasta que vi que era de primero», recuerda Jorge Luis, que prosigue con el relato: «Era imposible predecir entonces si llegaría algún día al primer equipo, pero sí que le digo que tenía algo especial. Ya fue capitán del benjamín A, siendo todos nuevos. Tenía una forma de comportarse, de dirigirse a los compañeros, muy diferente».

Le entrenó en tres fases en la base dentro de aquella convivencia formativa, con él de técnico, lo que asegura no echar de menos en su nuevo cometido: «No, porque cuando termino con lo mío voy a ver siempre a los equipos entrenar y sigo muy vinculado». De su etapa con el poleso, retoma, queda un reguero de anécdotas y recuerdos de vestuario con olor a réflex. Con Javi Fuego, eso sí, jugando como mediocentro, su carta de presentación de siempre.

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Un poco de caña

«En el primer equipo nunca coincidimos, porque yo subí en la temporada 2007-2008, en aquel partido de Córdoba de los dos goles de Matabuena y la expulsión de Míchel por Mateu Lahoz. Él ya no estaba. Ahora nos vamos a encontrar. Tendré que meterle un poco de caña a él o al revés», continúa guasón el utillero gijonés, culpable de otros fichajes como Pedro Santa Cecilia o Sergio Álvarez.

Con el futuro no tiene dudas, esgrimiendo la valentía del paso dado por un futbolista que no tiene nada que demostrar. «Tiene más que perder que ganar, pero la cabeza muy bien puesta. Sabe lo que hace. Arriesga, pero para venir al equipo en el que empezó. Sabe que no se puede permitir una mala temporada, pero tampoco la va a hacer. Es un fichaje especial, que va a enseñar muchas cosas a los chavales. Empezó aquí y va a terminar aquí», concluye Jorge Luis. Orgulloso de Mareo.