El Pereira blanco

Maceda cabecea con su estilo propio en la final de la Copa en Valladolid, ante la mirada de los madridistas San José y Ángel y el rojiblanco Andrés./
Maceda cabecea con su estilo propio en la final de la Copa en Valladolid, ante la mirada de los madridistas San José y Ángel y el rojiblanco Andrés.

Maceda fue el central más goleador de la historia del Sporting, con un estilo en el que combinaba elegancia y contundencia

Aunque las comparaciones son complicadas, Antonio Maceda puede considerarse el mejor defensa central de la historia del Sporting, aunque hubo otros jugadores destacados en el puesto. En una alineación histórica podría considerarse al valenciano, junto a Abelardo Fernández, como la mejor pareja de centrales, si bien en la relación de futbolistas rojiblancos con más participación también figuran otros jugadores con trayectorias relevantes en este puesto, como fueron los casos de Jiménez, Alonso, Altisén, Doria, Rezza o Mino, más otros que estuvieron menos, pero que dejaron alguna huella, como Bernardo Espinosa, Cástulo o Nikiforov, pero Maceda y Abelardo estuvieron en un peldaño superior.

Antonio Maceda fue un caso especial desde su llegada. El Sporting apostó por su fichaje con una inversión de seis mil euros (un millón de pesetas, en 1975), cantidad que el Valencia no estaba en disposición de pagar al Acero de Sagunto por un jugador juvenil. Tardó en entrar en juego en su etapa gijonesa, sin contemplarse la opción de foguearse en el filial. Pasieguito, que lo había descubierto por recomendación de su amigo Mundo, internacional en su etapa de delantero del Valencia, ex entrenador del Sporting y, en aquella época, seleccionador valenciano. Pero al míster de Hernani no le dio tiempo de darle la alternativa, porque solo estuvo seis partidos. El francés Sinibaldi, su sustituto en el banquillo, no tuvo al saguntino cuenta, en una temporada de desorden que acabó con un descenso.

Los primeros años de Maceda en el Sporting fueron difíciles. Tras empezar a jugar en la etapa de Vicente Miera sufrió una enfermedad pulmonar que ralentizó su consolidación en el equipo gijonés. Cuando regresó a los terrenos de juego tuvo una lesión ósea, en Zaragoza, en un choque con Valdano. Las causas fueron una descalcificación provocada por la medicación que se le administró por la lesión pulmonar. Incluso no pudo acudir a la primera llamada de Kubala a la selección absoluta.

Antes, Maceda había jugado con la sub 21 en Vallecas, ante Rumania, en abril de 1977, y después recibió la llamada para selección B, en tres ocasiones, en la que compartió alineación con Jiménez, Redondo, Cundi y David. Alguno de los partidos fue utilizado como prueba para la selección absoluta. Asimismo, jugó otra vez con la ahora desaparecida selección sub 23. Después intervino en 36 ocasiones con la selección absoluta, en la que debutó en Wembley, en un partido cuya retransmisión televisiva se interrumpió para dar la noticia de la liberación de Quini. Era el 25 de marzo de 1981. Con la selección tuvo partidos excepcionales, con goles clave, como los que marcó a Alemania y Dinamarca camino de la final de la Eurocopa de 1984, que se perdió por acumulación de tarjetas.

En la época en la que Maceda empezó a emerger, el central de moda era Luis Pereira, un defensa de tez mulata que jugaba en el Atlético de Madrid. El brasileño era un zaguero elegante en la salida del balón, con un buen control de su zona y excelente colocación, que sumaba a la relevante técnica, característica de la selección brasileña. El saguntino tenía esas condiciones, con un mejor dominio aéreo. En los medios madrileños se le empezó a considerar el Pereira blanco, además de incluirlo en la rumorología del interés de los clubes madrileños.

Tras superar los primeros años de infortunio, en los que Doria y Rezza asumían la titularidad habitual, Maceda impuso pronto su poderío. De hecho, en sus nueve temporadas en el Sporting, con la primera en blanco, es el central que mas partidos disputó con el conjunto rojiblanco, solo superado por Jiménez, que estuvo doce. El saguntino intervino en 290 encuentros oficiales, repartidos en 212 de Liga, 66 de Copa, cinco de la Copa de la UEFA y siete de la extinguida Copa de la Liga. Es el defensa más goleador de la historia del club gijonés, con 30 goles, 20 en la Liga y diez, en la Copa. Uno de ellos fue el esperanzador de la final en el Vicente Calderón, ante el Barcelona.

La imagen de Maceda es la de un defensa elegante, con un buen dominio del balón en la salida del juego desde atrás, dominador de su parcela, expeditivo y potente en el juego aéreo, aunque en sus primeros años fue criticado por un sector de la grada. Las protestas se acabaron en un partido copero contra el Titánico de Laviana, en el que el valenciano marcó dos goles y dio las asistencias de los otros dos. Soltó la adrenalina con tres cortes de mangas, que le costaron la expulsión. Nunca más volvió a ser silbado en El Molinón. Con 28 años fue traspasado al Real Madrid. El Sporting ingresó 360.000 euros (60 millones de pesetas de 1985).

Como entrenador estuvo en dos etapas al frente del Sporting. La primera, cuando sustituyó a Montes, en octubre de 1997, en una temporada complicada que acabó con el descenso, en la que soólo aguantó once partidos. En la segunda, suplió a Acebal, en la División de Plata, en otra campaña llena de complicaciones. Debutó en el banquillo contra el Albacete, con una derrota tras la cual dijo la frase que se hizo famosa «esto es lo que hay». Es posible que hoy, precisamente ante el conjunto manchego, encaje bien la misma explicación, en el ocaso de una campaña desoladora.