Álex Pérez, jugador del Sporting: «He puesto la cara cuando el error no era mío para ayudar al equipo»

Álex Pérez, junto a las puertas que dan acceso a los vestuarios en las instalaciones de Mareo./ARNALDO GARCÍA
Álex Pérez, junto a las puertas que dan acceso a los vestuarios en las instalaciones de Mareo. / ARNALDO GARCÍA

«Algunos me han mirado con lupa. Cuando hacía un partido de notable, era un aprobado. Y, cuando estaba mal, era el peor de todos»

ANDRÉS MENÉNDEZ DEPORTES.CO@ELCOMERCIO.ESGIJÓN.

En mitad de la nada asoma una figura espigada. Camina despacio, tranquilo. A distancia corta impacta ese porte serio, frío, que nunca deja de lado. Un escudo que le ha impedido mostrarse. «Tengo la sensación de que mi apariencia me ha jugado una mala pasada». Álex Pérez (Madrid, 1991) selecciona uno de los bancos de la parte trasera de la cafetería de Mareo para iniciar el encuentro con EL COMERCIO en un momento muy comprometido para él. Aguanta la mirada con convicción. No tiene nada que ocultar. Su lenguaje corporal confirma esa careta tímida, aunque, poco a poco, descabalga todos los sentimientos que le afloran después de dos años que han sido como «una montaña rusa».

-Está siendo una temporada complicada.

-Pues sí, mucho. No sé muy bien qué ha pasado. Nada ha salido como debería. Tardamos mucho en coger un patrón de juego. Nos pasamos toda la temporada en un continuo proceso de adaptación. Primero, con Baraja y, después, con José Alberto.

-¿Quién es el responsable?

-Cuando la adaptación no termina de llegar, la primera conclusión es que nosotros (los futbolistas) tenemos que atribuirnos mucha responsabilidad. Es duro, pero es honesto reconocerlo. Lo que no podemos es en estas cuatro semanas dejarnos ir. Este escudo merece respeto.

-¿Tanto pesa el escudo para que continuamente se hable de ansiedad?

-¡Claro! ¡Pero es que somos el Sporting! No se puede lucir el escudo para unas cosas y no para otras. Sabe cuántos jugadores darían todo por jugar aquí...

-Imagino que muchos.

-Todos, absolutamente todos, quieren jugar en El Molinón. Jugar ante veinte mil personas en este ambiente. Pero tienes que manejar esa presión para que no te haga daño. Si te paras a pensar más de la cuenta estás perdido. No se crea que es fácil.

-¿Qué quiere decir?

-Pues que no todos valen para jugar en El Molinón. Tienes que canalizar la presión para que sea positiva. Cuando pierdes y no canalizas bien la presión o el ambiente, El Molinón te puede hacer daño. Cuando manejas esa presión, mejoras como jugador. Recuerdo el partido de la temporada pasada ante el Rayo. Los últimos quince minutos... Tenía los pelos de punta. Y eso que tenía casco (risas).

-¿Por qué aparenta ser tan serio?

-(Piensa) Le he dado vueltas tantas veces.... No sé, me cuesta mucho abrirme. Me da rabia porque parezco borde, serio. Y no es así para nada. Es timidez.

-Parece distante, enfadado.

-Si le soy honesto, creo, que ser así me ha perjudicado en estos dos años en el Sporting. Tengo la sensación, no sé, que mi apariencia me ha jugado una mala pasada.

-No le ha costado asumir responsabilidades.

-También va con mi forma de ser. Si no sería otra persona cualquiera y dejaría de ser yo. Soy frontal. Voy de cara. En estos dos años nadie podrá decir nunca que no he ido por delante.

-¿Se ha sido injusto con usted?

-He tenido la sensación de que algunas personas, no todas, me han mirado con lupa. Cuando hacía un partido de notable, para según qué personas, era solo de suficiente. Cuando jugaba mal, era el peor de todos. En cierto modo he notado que esa gente no era igual de crítica conmigo que con los demás. Todo esto me ha desgastado. He pensado mucho en el porqué. A veces, creo, que lo he pensado demasiado. Me he hecho daño buscando motivos.

-¿Se ha sentido señalado?

-En ocasiones, he puesto la cara cuando el error no era mío para el beneficio del equipo. No sé si eso me ha perjudicado. Lo asumo.

-¿Por qué lo ha hecho?

-Va con mi forma de ser y mi carácter. Estos dos años lo he dado todo por defender este escudo. El Sporting es el club más grande en el que he estado. Desde el primer día ha sido un orgullo defender esta camiseta. He jugado 'tocado', lesionado y enfermo. Lo he dado todo por este club. No me arrepiento para nada.

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-No tardó mucho en volver a competir.

-Cuando pude andar, pedí al doctor permiso para jugar. Me aconsejaron no hacerlo. Si me llevaba un golpe fuerte podía tener consecuencias. Pero nos jugábamos la vida. Cuando terminó el encuentro ante el Rayo, si dura veinte minutos más, termino desmayado. Estaba muy mareado.

-¿Cómo han sido estos meses?

-A mí me gusta competir siempre. Cuando no juegas y el equipo tampoco va bien, es jodido. Llegaba a casa, estaba solo y le daba vueltas. Tengo la suerte de que tengo una familia increíble en la que me he apoyado mucho. No solo estos meses. Han sido dos años muy intensos, una montaña rusa de emociones.

-Suena a despedida...

-Siendo honesto, en estos momentos la realidad es que es muy difícil seguir. A mí me gusta jugar, pero estos últimos meses no he participado. Mi cuerpo me pide competir.

-¿Termina contrato?

- Tengo que jugar sesenta partidos oficiales. Pero no me saque de ahí (risas). Hasta el último minuto estaré comprometido con este gran club.

-¿Se arrepiente de venir aquí?

-Para nada. Lo volvería a hacer. Desde que llegué me han acogido con un cariño inmenso. Todo han sido sonrisas y facilidades. Desde el presidente Javier Fernández hasta el último utillero. Todavía quedan cuatro partidos, pero esas cosas no se olvidan.