Las raíces de Los Pajaritos

Alegría, durante el calentamiento previo a la sesión de ayer en Mareo. / A. GARCÍA
Alegría, durante el calentamiento previo a la sesión de ayer en Mareo. / A. GARCÍA

Tres años después, Álex Alegría regresa a Soria, donde inició su despegue como futbolista profesional

J. BARRIO

«Maduré mucho en Soria; fue la mejor opción», apuntaba no hace mucho Álex Alegría (Plasencia, 1992), al que el despertador para el fútbol profesional se le activó en Los Pajaritos. Un escenario ideal para formarse y madurar. Y pegar el estirón. Allí completó una brillante temporada, la 2015-2016, la mejor de su trayectoria, culminada con más de 2.800 minutos en competición y doce goles en Segunda. El tono de su despedida antes del verano reveló la influencia de aquella experiencia en su carrera: «No podría nombrar a tantas personas que me han ayudado a realizar una temporada inolvidable».

Más Sporting

A Soria le devolverá el peligroso compromiso que el Sporting tiene mañana en Los Pajaritos, aunque ya tomará tierra en su destino a última hora de la tarde, en un desplazamiento que se preveía multitudinario, pero que se ha afeado por la situación en la tabla. Una bomba de relojería en un momento crítico. No estará, en principio, en el pensamiento inicial de José Alberto, quien le asegura un sitio en la segunda mitad. A diferencia de Blackman, Alegría ha encajado con armonía en la filosofía de José Alberto. Amplía el abanico de posibilidades y el pasado domingo se estrenó, aunque no sirviera de mucho. Su lunar quedó en Las Palmas, con aquella acción cantada que ejecutó fuera, pero el cuerpo técnico tiene mucha confianza en sus posibilidades.

No será la única ramificación de una confrontación con mucho rostro familiar en uno y otro bando. En el Numancia se multiplican los viejos conocidos. Desde su entrenador, Aritz López Garai, quien ayer confesaba cierta frustración por su agrio paso por Gijón, propiciado por la polémica gestión que hizo José Ramón Sandoval de un desencuentro que se tornó en un posicionamiento peligroso y feo de un grupo del vestuario contra el ahora técnico del Numancia.

«Jugué poco en el Sporting. Firmé allí y fue prácticamente una vuelta y media. Luego me marché al Córdoba», recordó el preparador vizcaíno, que completó su experiencia con un vistazo general a la dimensión del Sporting: «Es un gran club, con mucha gente detrás y también mucha gente histórica importante dentro. Sin ir más lejos, Quini, del que se ha cumplido estos días un año de su fallecimiento. ¿Que no me marcó lo que hubiera querido? Es obvio. Pasé poco tiempo y no fue excesivamente positivo en lo personal».

A su lado se encuentra el alicantino Cristian Bustos, también familiar para el sportinguismo. Mediocentro de rompe y rasga, incansable y que jugó cedido una temporada y media en Gijón, ahora plantea una visión aérea a su amigo Garai desde la grada. Es, en ese sentido, un atípico segundo entrenador, alejado del banquillo y con un rincón reservado en las alturas de Los Pajaritos y en cada campo que visita el Numancia. Para rizar más el rizo, a los dos los conoce de sobra Miguel Torrecilla, que los fichó en su día. También al siguiente.

Delantero muy respetado

Los dos han dado bola sin dudar, desde que llegara a Soria en el mercado invernal cedido por Osasuna, a otro participante en la historia reciente del Sporting. Posiblemente al más peligroso en el partido de mañana. A sus 33 años, David Rodríguez es uno de los delanteros más respetados de la categoría. Ya ha cantado su primer bingo con el Numancia, en su primer partido. Solo tomando como referencia las cuatro temporadas anteriores, el talaverano ha celebrado 58 goles. Una barbaridad. En Gijón, hace seis años, firmó 12, extraviado en muchos partidos por la banda, diluida su estimable aportación por el mal rendimiento que tuvo el equipo en aquella temporada en Segunda.

Más reciente está el recuerdo de Borja Viguera, que vive en un plano secundario su primer año en Soria, siendo siempre, no obstante, uno de los recursos de Garai para espolear a su equipo en marcha. No dejó un recuerdo perecedero en el sportinguismo, muy crítico con él, pero sí en el vestuario y en los técnicos.