La revolución viene de abajo

José Alberto y Fran Fernández, técnicos que hicieron carrera desde la base y se cruzaron en un 'play off' de ascenso a Segunda B, se reencuentran mañana

JAVIER BARRIOGIJÓN.

«Nadie me ha regalado nada para estar aquí», recuerda José Alberto (Oviedo, 1982). «Soy un entrenador que viene de abajo», prolonga Francisco Javier Fernández (Almería, 1980). Colegas y rivales mañana en El Molinón (16 horas), los dos se abren paso en el fútbol profesional sin haber sido profesionales del fútbol. Un juego de palabras que les define y les sitúa en el mismo pellejo, con idéntico estatus, además de proximidad generacional. Únicamente el oviedista Javi Rozada (37), Andoni Iraola (37) y Aritz López Garai (38) viajan en esa nueva ola de entrenadores de Segunda que no han entrado aún en la cuarentena.

José Alberto peleará mañana por reflotar el ánimo contra un director de orquesta hambriento y deseoso de demostrar, igual que él, cincelado desde el peldaño más bajo del fútbol. El de los niños, padres y todavía cierto olor a Reflex. Hijo de portero, defensa de perfil modesto, Fran Fernández ha hecho de todo en el fútbol: director de la base de distintos modestos de Andalucía, gerente, segundo en el Poli Ejido... «Antes mi padre me decía: 'Fran ponte a estudiar'», explica él, que inició Magisterio ante un futuro laboral incierto con la pelota. No lo veían claro en casa. Pero el Almería ordenó y definió su carrera hacia el banquillo, pasando por su cadete, juvenil, primer equipo -de técnico transitorio-, filial.

Y ahí tuvo su primer cruce con José Alberto, curtido en circunstancias muy similares, trabajador entonces de madrugada en IKEA. Aquel día, un gol del exrojiblanco Claudio Medina dejó al segundo equipo del Almería en Tercera, un destino sellado en el número 1 de Mareo. Y al Sporting B, a las puertas de Segunda B, que cruzó en la eliminatoria definitiva. Al entrenador ovetense le tocó ganar, con un recién llegado Miguel Torrecilla de observador en la grada. Para Fran Fernández fue el viaje largo y la resaca. Aunque unos meses después, en abril, ya subiría al primer equipo tras la renuncia de Lucas Alcaraz al banquillo. ¿Desde entonces? Una permanencia, una temporada de zona media y, este verano, la búsqueda de una nueva experiencia en Alcorcón.

Con esos antecedentes aparcará mañana en El Molinón, presentando muchos trazos comunes con José Alberto, dos años más joven que el almeriense, un pelín más experto. 40 partidos contabiliza el entrenador del Sporting como profesional, por los 64 del preparador andaluz. Uno admirador confeso de Marcelino García, el otro de Unai Emery, un dios en Almería, solo cuentan con un precedente en la élite, resuelto a favor del sportinguista en el pasado mes de marzo (1-0).

Mañana amenaza Fernández con el Alcorcón más atípico que se recuerda. Contra su tradición local -el 'hasta el último minuto del último partido' que luce en una de las gradas de su estadio-, los madrileños se han desmelenado en sus desplazamientos. Santo Domingo, mientras, se muestra irreconocible hoy, totalmente vulnerable (únicamente tres puntos ha sumado en su campo). Pero lo de fuera es harina de otro costal, enseñando los dientes el equipo del entrenador almeriense, cuyo ritmo de puntuación como forastero (9 puntos) solo lo mejora el Cádiz (12). No ha perdido todavía en su condición de visitante el Alcorcón y, junto al Tenerife, es el que más goles hace de toda la categoría. Un lobo disfrazado de cordero.

Control desde el banquillo

«Lo fundamental en el banquillo es controlarlo todo y estar preparado para cada una de las situaciones», asegura sobre su comportamiento en competición. José Alberto, que de momento avanza a dos marchas, le va a juego con el control que procura ejercer desde su posición, con una enérgica puesta en escena. La zancada que lleva su tropa en El Molinón -dos victorias, tres empates y ninguna derrota- se frena en seco fuera, necesitando un nuevo renacimiento este sábado tras el fiasco de Fuenlabrada.

El partido de mañana, de alta necesidad por las ambiciones de los rojiblancos, sin que los madrileños estén mucho mejor, servirá para escenificar la revolución capitaneada por estos dos entrenadores que llegan de abajo. Sin pasado de relumbrón del que tirar para prosperar y consolidarse, pero con un futuro por construir en el fútbol profesional a base de méritos.

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