«Esta es mi casa, pero quiero seguir mi carrera en Primera División»

Sergio Álvarez se seca las lágrimas delante de su padre, con su madre y su novia en un segundo plano./ARNALDO GARCÍA
Sergio Álvarez se seca las lágrimas delante de su padre, con su madre y su novia en un segundo plano. / ARNALDO GARCÍA

Sergio Álvarez se despide del Sporting después de trece años como rojiblanco para incorporarse al Eibar

ANDRÉS MAESEGIJÓN.

Llegó preparado. Con su discurso escrito de antemano. De su puño y letra. Sus manos temblaban mientras sujetaba los dos folios antes de comenzar a hablar en la sala de prensa de Mareo. Vestido con una camisa blanca y acompañado de sus padres y su novia, el futbolista Sergio Álvarez puso ayer el punto final a trece años en el Sporting.

«Esta es mi casa, pero quiero seguir mi carrera en Primera División». No se dilató a la hora de explicar los motivos de su adiós. Apenas unos segundos ante las cámaras antes de abordar las causas que le han llevado a abandonar el Sporting para jugar las cuatro próximas temporadas en el Eibar en una operación con un traspaso de cuatro millones. Las explicaciones llegaron después de las primeras lágrimas. «Tranquilos, esto va a ser muy rápido porque no voy a poder aguantar el llanto», reconoció el futbolista antes comenzar a leer las palabras sobre las hojas.

Tuvo razón. De su boca tan solo salió una frase antes de que las lágrimas le impidieran hablar: «Hoy es uno de los días más difíciles de mi vida personal y profesional», llegó a decir. Y rompió a llorar desconsoladamente. Al mismo tiempo que secaba sus ojos, su padre también se emocionaba en la última fila de la sala. Uno de los pesos pesados del equipo, Roberto Canella, acudió a Mareo junto a Dani Martín en representación de un vestuario que se queda si un futbolista con una larga vivencia en Mareo: «Llegué con 13 años siendo un crío y me voy con 26 siendo un futbolista profesional». Y lo hace por decisión propia.

A diferencia de en otras despedidas como las de Alberto Lora e Isma López, a Sergio Álvarez no le acompañó ningún miembro del consejo de administración del club. Tampoco recibió el cuadro conmemorativo con el que suele obsequiar la entidad a los jugadores que concluyen sus etapas en Gijón. El club achacó esta decisión a la rapidez con la que se fraguó la operación.

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«Me llevo los valores de Mareo, como son el respeto y la constancia, para hacerlos míos y llevarlos allí donde esté», continuó un emocionado jugador, que detuvo en varias ocasiones su discurso para beber agua y tomar un respiro.

Un caluroso aplauso cerró un acto emotivo en el que Sergio también tuvo palabras de agradecimiento «para todas las personas que se cruzaron en mi camino en el Sporting». Sus últimos minutos allí los dedicó a abrazar a su compañero, pero también amigo, Canella. «Nos vemos la semana que viene y me despido con más calma», le dijo al lateral, que asintió con la cabeza. Sergio se fue llorando. Sus lágrimas regaron el camino hacia su coche. Ese con el que se fue por última vez de las instalaciones de Mareo.

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