Baraja invoca el cambio de rumbo

Baraja invoca el cambio de rumbo
Baraja, dando instrucciones en un partido de la pasada temporada en El Molinón y en la visita del Extremadura. / DANI MORA Y ARNALDO GARCÍA

Alcanza mañana el umbral de los nueve partidos, donde comenzó su buena racha del pasado curso

JAVIER BARRIOGIJÓN.

Cuando al Sporting se le apagó la luz en el último derbi, rumiando la derrota y escuchando el festejo azul a todo volumen, el equipo entró en depresión durante unos días para sufrir luego una extraña catarsis con la que despegaría de forma definitiva: doce jornadas consecutivas sin perder, ocho victorias seguidas y siete jornadas con la portería a cero. Hasta encontrar ese histórico punto de gracia, Rubén Baraja había dirigido cuatro partidos como local, con un pleno de victorias (doce puntos de doce) y tres encuentros como visitante, con ningún punto que cargar en la mochila. La radical tendencia que se propaga este año, distorsionada en casa únicamente por el empate que arañó de forma polémica el Numancia en El Molinón, es muy semejante.

Doce puntos contaba el entrenador el último curso en ese margen de ocho partidos, con similares sensaciones, por los once que suma en la actualidad, alcanzando ahora ese punto catártico del noveno encuentro. Si la derrota del Oviedo fue dolorosa, la del Wanda todavía escuece por la enorme diferencia de recursos que se aprecia entre ambos clubes, con dos historiales bien distintos. En la resaca de entonces llegó a El Molinón el Numancia, machacado por la galáctica actuación de Jony, autor del gol más espectacular que se recuerda en Gijón en los últimos años. Aquel partido se reveló como un punto de inflexión. Incluso para el sportinguismo, de uñas por el derbi y enganchado de lleno después a la causa. Luego llegaría esa dinámica extraordinaria.

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El clima es similar al de aquel momento post-derbi. Arrecia el temporal, con un calendario de aúpa en el mes de noviembre, y el grupo quiere pegar de una vez por todas un martillazo sobre la mesa ante el Reus. Baraja, que mantuvo un nuevo encuentro ayer con sus futbolistas en Mareo para trabajar algunos aspectos del equipo en una sesión de vídeo antes del entrenamiento, se ha esforzado mucho estos días para que sus jugadores logren resetear sobre lo sucedido en el Wanda. Todos se han conjurado para ofrecer mañana una imagen competitiva ante el Reus, al que tienen entre ceja y ceja, y que llegará a Gijón con un envoltorio engañoso, pese a estar alojado en la parte baja, sumando dos victorias a domicilio en este arranque. Su cosecha fuera de Reus supone el 75% de los 8 puntos que acumula en estas ocho jornadas de competición.

Cerrar filas con el proyecto

El club ha cerrado filas en torno al entrenador y la plantilla, convencido del potencial de los jugadores y de la capacidad del propio Rubén Baraja, quien lideró hace unos meses una revolucionaria dinámica que llevó a un equipo que estaba en coma hasta el ascenso directo. Todos, en cualquier caso, reconocen cierta preocupación por la dinámica y el enrarecimiento del ambiente, y son conscientes de la obligatoriedad de propiciar un cambio de rumbo hacia una línea más estable y continuista. Sobre todo porque la diferencia con el primer clasificado, el Málaga de Muñiz, comienza a descoserse hasta los ocho puntos, impulsado por un ritmo frenético.

El historial de Baraja en el Sporting marca como clave este momento para iniciar el remonte, tomando como referencia su trayecto en el curso pasado. En la reunión de ayer y en la del día anterior, el técnico insistió a los suyos en la necesidad de no venirse abajo y mantener una imagen más competitiva en El Molinón y fuera de él.

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