La afición del Sporting despide el partido con cánticos contra la directiva

Los aficionados despidieron al equipo con una pañolada. / ARNALDO G.

La grada abucheó a Rubén Baraja por sus cambios y aplaudió a Miguel de las Cuevas en su regreso a El Molinón

VÍCTOR M. ROBLEDO GIJÓN.

Bastaron un par de jugadas para comprobar que al Sporting le esperaba una noche complicada ante su gente. Ni siquiera habían pasado cuatro minutos cuando el primer error rojiblanco provocó el primer amago de pitada al equipo. Dos después, en el cinco, cientos de pañuelos asomaron desde las gradas acompañados de gritos de «directiva dimisión» y «Fernández, vete ya». El descontento por la errática trayectoria rojiblanca alcanzó ayer su punto más alto.

El sportinguismo apenas concedió un par de treguas durante la primera mitad. La primera fue como reconocimiento a Miguel de las Cuevas. El exjugador del Sporting recibió una cariñosa ovación cuando su nombre fue anunciado a través de la megafonía durante la lectura de alineaciones. La segunda, como siempre, llegó en el minuto 9, con los habituales aplausos en memoria de Quini.

La primera mitad transcurrió bajo ese ambiente enrarecido. El runrún en las gradas por cada aproximación del Córdoba al área de Mariño era bastante más intenso que las tímidas llegadas de los de Baraja a la meta rival. Babin incluso pidió apoyo a la grada en una acción muy cerca del córner entre las gradas norte y este. En el minuto 36 volvieron los cánticos contra la directiva. Al descanso, la afición estalló de nuevo contra su equipo. Poco había que salvar de la primera mitad.

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El público tiró de imaginación en el segundo tiempo para expresar su disconformidad con la trayectoria del equipo. Mientras los de Baraja trataban de sacudirse complejos y encontrarse sobre el terreno de juego, comenzaron a encenderse en las gradas los flashes de unos pocos teléfonos móviles. La imagen comenzó a ganar forma y en cuestión de segundos las luces tomaron los cuatro lados del campo.

La gestión de los cambios de Rubén Baraja volvió a ser muy discutida ayer. El técnico recibió una sonora pitada al retirar a Sousa para dar entrada a Hernán Santana. Lo mismo le sucedió minutos después al introducir en el campo a Djurdjevic en lugar de Neftali. El serbio, no obstante, escuchó algunos aplausos al entrar al terreno de juego. La grada se mostró cómplice con su situación por su preocupante falta de gol desde su llegada a Gijón y quiso tener un gesto de apoyo con él. De las Cuevas, sustituido en el minuto 70, fue de nuevo el protagonista de la mayor ovación.

El Molinón registró su peor entrada de la temporada con 16.282 espectadores. Ocho mil abonados se quedaron en sus casas en una nueva noche de desencanto y decepción para el sportinguismo. El desenlace se podía esperar viendo el desarrollo del partido. Los pocos aficionados que quedaban en el estadio cuando acabó el partido despidieron a sus jugadores con pitos, una pañolada y nuevos gritos contra la directiva, los más ruidosos en mucho tiempo.

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