«¡Dos pases atrás, no pueden ser!»

«¡Dos pases atrás, no pueden ser!»
José Alberto López, en un momento de la sesión, dialoga con sus jugadores. / ARNALDO GARCÍA

José Alberto avanza su idea el primer día, aplaudido por trescientos aficionados

JAVIER BARRIO GIJÓN.

Con puntualidad inglesa, José Alberto López aparece en el horizonte. Son las 16.59. Ya se ha adelantado un poco Rubén Biempica, su preparador físico. Cuando alcanza la intersección que separa la zona de los vestuarios y el número 1, un territorio que conoce como la palma de su mano y que albergará su primer entrenamiento, retruena un mensaje: «¡Vamos Jose, vamos!». Un par de pasos más adelante se funde en un abrazo con Felipe Rodríguez, cuyo hijo, también Felipe, peloteó con el técnico de niño en el Astur. La arenga al entrenador contrasta con la severa reprimenda que reciben los jugadores de una grada poblada por cerca de trescientos aficionados. Alguno de ellos pasa, incluso, al insulto. Pero los jugadores se aíslan de todo.

La voz de Biempica guía el inicio. Calentamiento, con y sin balón, con 'setas' y otros elementos para ejercitar la habilidad. José Alberto, que sujeta en todo momento una pizarra que representa un campo de fútbol, habla con Nacho Méndez. También con Arturo Martínez Noval. Y con Javi López, incorporado a la secretaría técnica como adelantó EL COMERCIO y que también alterna su labor con la de entrenador de apoyo en los entrenamientos. Diez minutos después, los futbolistas realizan conducciones, controles y pases. Participa en ello Iván Hernández, el segundo de José Alberto, casi más afinado que en su época de jugador. Incluso completará algunos de los ensayos como improvisado lateral izquierdo, con Canella lesionado y Noblejas, que hace carrera continua con Roberto Montes, en duda. Los futbolistas del filial, Pedro Díaz y Cordero, conocen muy bien el terreno que pisan. Y dirigen en los ejercicios a Cofie y compañía.

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Casi cuarenta minutos después, con algo de viento y el termómetro cayendo, comienza la acción en el número 1. Un ejercicio de posesión en dimensiones reducidas. «¡Eso es!», aprueba el entrenador de La Fresneda. «¡Agrandar, agrandar!», vocea un par de minutos después. «¡Dale, dale!» y «¡fuerte, fuerte!», también fluyen de su garganta con garbo. Y no tarda mucho en salir a relucir su carácter en competición: «¡Vamos Cofie, hostia!». Los jugadores están en estado de alerta, energéticos en cada movimiento, mientras que él busca el estirón de los más apocados.

«André (Sousa), en caso de duda llega hasta el área», le pide al luso, con el que se le ve conversar en un par de ocasiones. Igual que con Mathieu Peybernes. Traver sale despedido tras una carga del musculoso Neftali. De las palabras y de la acción ya se percibe la idea del preparador. Fútbol vertical, con pocos pases, casi siempre en campo rival. «Hay que sacar el balón de zona. Insistir en eso nos permitirá correr», asegura, antes de dejar una sentencia en el ambiente muy reveladora tras dos acciones que le hacen torcer el morro: «¡Dos pases atrás, no pueden ser!».

Javi López, muy cerca de él

El reloj marca las seis y algunos jugadores recuperan el aliento. Se reparten petos. Javi López, quien entrenó al hermano de José Alberto (Dani López) en el Salamanca, observa desde la banda. Hay simulacro de partido. Por el mismo empiezan a clarificarse cosas. Aunque el técnico de La Fresneda es bastante flexible con el dibujo, repite en los dos campos el 4-2-3-1. En uno llama la atención un ataque, con dos extremos específicos, formado por Traver, Pablo Pérez y Álvaro Jiménez, con Djurdjevic como referencia. El equipo lo completan Nacho Méndez y Hernán en el mediocentro, con Geraldes, Peybernes, Babin e Iván Hernández, desempolvando sus tiempos como futbolista. Al lateral izquierdo apunta Cordero.

Media hora después, concluye el entrenamiento. Una hora y media de adrenalina. «¡Está muy bien. Es el primer día y está fenómeno, chavales!», determinada a grito pelado. Camina hacia el vestuario, algo rezagado. En un día de emociones, aún tiene tiempo para fotografiarse con un grupo de aficionados que le reclaman. Posa con todos, paciente, aunque su cabeza ya está en Los Cármenes.

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