El Sporting pide la hora

Acuña, en primer plano desenfocado, observa la trayectoria del balón en el gol con el que superó a Dani Martín desde el centro del campo. / D. ARIENZA
Acuña, en primer plano desenfocado, observa la trayectoria del balón en el gol con el que superó a Dani Martín desde el centro del campo. / D. ARIENZA

El encuentro quedó visto para sentencia a los cuarenta minutos, con la expulsión de Peybernes y el gol de penalti del 'Alba' | Con el único aliciente de los canteranos, el equipo, en pruebas, pierde con el Albacete en un partido sin gas

JAVIER BARRIO GIJÓN.

En un bolo casi de verano, sin graduación ninguna por un árbitro en fuera de juego permanente (Vicandi Garrido), no en la secuencia descorchadora, el Sporting confirmó que malvive en un largo y descafeinado tiempo de entreguerras. Juega pidiendo la hora del final, animando únicamente al personal con las probaturas y el futuro. Finiquitada la temporada presente y con tres meses de puesta a punto por delante hasta el curso que viene, el único aliciente queda en esos pequeños detalles, que aspiran a ser grandes mañana. El de ayer, Pedro Díaz, tabicó algunos momentos de sopor en una contienda que se abrió y cerró en un parpadeo. No por un exceso de brillantez del Albacete, con su candidatura en el 'play off' puesta en cuarentena visto lo visto ayer en El Molinón. Fue un oponente de poco fuste, bastante vulgar, ganador en dos ramalazos. El partido duró cuarenta minutos de reloj. El control del Sporting, sin estoque y que concluyó a cero en la estadística de tiros a puerta, se terminó con la justa expulsión de Peybernes. Casi el único acierto arbitral.

Sin horizonte, el Sporting se sacudió el acalambramiento del final de temporada con juventud pura y dura. Ventiló José Alberto el once y cambió el dibujo. El control remoto lo engancharon Cristian Salvador (24 años), Nacho Méndez (21) y el debutante en el once Pedro Díaz (20), con Dani Martín (20 años) plantado delante de la portería. El futuro, representado al máximo por el jovencísimo José Gragera sentado en el banquillo, con la convocatoria más autóctona y preñada de futbolistas con parada y fonda en el filial de todo el año. Nueve en total. El mayor estimulante a un desenlace de campeonato sin cafeína.

Con El Molinón hueco, una marabunta de asientos vacíos, el balón arrancó con un ambiente de mosqueo contra la directiva. Pasó la factura a un mal año con un clima que vivió de silencios, murmullos, críticas a determinados jugadores, y algún que otro aplauso, con la liturgia de los nueve minutos por Quini y el homenaje previo al fallecido Miguel Montes. Luego la tomaría con el árbitro. En un comienzo de bajo voltio, con gobierno gijonés y Vicandi Garrido dando palique a esa modorra, José Alberto se vio obligado a anticipar el primer cambio por un golpe en el ojo que recibió Geraldes. Irrumpió Roberto Canella, corriendo el carril izquierdo puede que por penúltima vez. Antes, Arroyo escupió una detonación de Molinero, lanzado por Djurdjevic, cuando el lateral ya se relamía con el gol.

Lubricó mejor de inicio el Sporting, sobón con la pelota a través de ese tridente con acné y de la libertad que se le otorgó al finlandés Robin Lod, aunque con dificultades para tomar la trinchera del 'Alba', sorprendentemente flojo y conservador en su necesidad. Concebido para defender y salir en estampida, a la compañía de Ramis le costó un mundo entrar en calor. Ramplona y corta de mecha en este momento, Vicandi Garrido le dio un empujón en la tarde con un generoso surtido de tarjetas para los de casa.

Madrugó con las de Nacho Méndez y Pedro Díaz y engordó la factura con Molinero y Peybernes -posiblemente las dos más justas que salieron de su bolsillo-, expulsado en un par de secuencias separadas por un pestañeo. La segunda, con agarrón claro del francés a Zozulia y penalti de castigo, premió en exceso a un rácano contendiente. El Molinón se avinagró más con esa hiperbólica actuación del colegiado vasco, señalado por su criterio, aunque no tuviera influencia en el resultado, más protagonista que el propio momento del Sporting. Detuvo el partido en un par de ataques claros, midió mal las prolongaciones, sus auxiliares le fueron a juego en el levantamiento de banderas y disparó considerablemente el registro de amonestaciones. En la primera parte, para los gijoneses. En la segunda, para los de Ramis. Todo en un partido de poca chicha, resuelto por la lógica. Cristian se atornilló al lado de Babin.

Gol de Acuña desde su campo

La ventaja en el rectángulo y en el marcador estiró al Albacete, chato hasta esa secuencia, estrangulados los de casa por la diferencia numérica. Mejoró sus prestaciones el once manchego y encajonó al equipo de José Alberto, que se tiró más al contraataque, rendido antes de tiempo. Pero otra vez casi sin pretenderlo, sin mucho remango, Acuña apreció relajo en Dani Martín, al que pilló fuera de sitio. Un derechazo desde su campo superó por alto al canterano, que ya estaba perdido cuando metió la marcha atrás y reculó. Vencido por uno de esos bombazos que tendrán eco en los resúmenes del año. Un pescozón para crecer y madurar.

El segundo mamporro despertó al Sporting, que se manifestaba en ataque básicamente con Robin Lod. Con Djurdjevic bajo vigilancia, el finlandés animó al equipo con sus apariciones entre líneas, afinando cualquier plan de remonte. José Alberto oxigenó piernas con Pablo Pérez, sustituto de un gris Traver. Mientras, el sportinguismo echaba la tarde con Vicandi Garrido, pasatiempo descontrolado y errático, solicitando burlón que aumentara la frecuencia de las tarjetas. «¡Otra, otra!», se le gritó con reiteración. Lod enfiló el túnel de vestuarios con una cariñosa despedida. En un día agrio, El Molinón quiso premiar su actuación. Salió Carlos Carmona.

Con poco que rascar, Pedro Díaz se serenó y ofreció retales prometedores. De lo poco potable que se vio ayer, el mediocentro encara su momento tras un año y medio de retraso. A Canella le atropellaron en el área del Albacete cuando se embalaba y a Djurdjevic le invalidaron una buena escapada, arrancando en línea, cuando enseñaba las luces largas. No había mucha más miga en la tarde porque el Albacete sesteaba de lo lindo. Nacho Méndez finalizó el encuentro con una preciosa ruleta ante Susaeta y Torres, sorprendidos. Una exquisitez 'made in' Mareo para relajar el morro un par de segundos en un final sin consuelo, pidiendo la hora ya del curso.