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El Sporting entra con buen pie

Aitor García, ayer, en la vuelta al trabajo del equipo en Mareo, sale en velocidad hacia un balón, con Iván Hernández en segundo plano./JUAN CARLOS TUERO
Aitor García, ayer, en la vuelta al trabajo del equipo en Mareo, sale en velocidad hacia un balón, con Iván Hernández en segundo plano. / JUAN CARLOS TUERO

El equipo inicia el curso con ambición, mejor gobierno del balón y versatilidad en sus registros | «Nos vamos con mal sabor de boca de Gerona porque el equipo hizo un gran trabajo», destaca Aitor García, autor del primer gol de la campaña

JAVIER BARRIOGIJÓN.

De las grandes crisis, dicen, surgen las grandes oportunidades. José Alberto tenía un plan para sumar en un escenario tan complejo como Montilivi. Caviló y lo mantuvo en su cabeza, pese al chivatazo del VAR -castigador con los gijoneses y oportuno para el Girona- y la crisis numérica que trajo. El Sporting, con un traje distinto al que languidecía en el pasado curso, más rico en matices, se atrincheró. Pero no dejó de mirar al frente por si las moscas, olfateando el vacío que se producía a la espalda del Girona, echado al monte. Aitor García lideró la revolución ante un contendiente más numeroso tras la expulsión de Damián Pérez, pero sin superioridad con el balón.

«El míster me insistió en que teníamos que estar muy juntos en el campo, pero que corriera cuando pudiéramos salir a la contra. Jugando nosotros con uno menos, el Girona nos estaba embotellando un poco en ese momento, pero logramos salir bien y, en uno de esos contragolpes, marcar», recuerda el onubense, autor del primer gol de la temporada del Sporting, en conversación con EL COMERCIO. Pieza clave en ese arreón final del equipo, que se vio por delante a falta de diez minutos para el final (incluyendo la enorme prolongación) ante la incredulidad de Montilivi, el descaro del extremo reflejó mejor que nada la frescura con la que este versátil Sporting ha atacado la Segunda en esta edición.

El 4-3-3 no supone una novedad en los dos últimos años del equipo, pero sí la forma de desplegarse ante el contrario, defender y relacionarse con el balón. En esto último parece haber evolucionado el equipo, con las reservas de que la reflexión se hace sobre la muestra del primer partido de la temporada. En la primera parte, el Sporting tuvo más posesión que el Girona, con dos buenos peloteros como Granell y Borja García en el centro del campo, además del dinamismo de Diamanka. Pero durante muchos minutos, el equipo de José Alberto llegó a tener picos de control del 70% contra el 30% del Girona, que se desinfló tras una salida en tromba. La burbuja le duró cinco minutos. Hasta el disparo de Jairo y la réplica, muy peligrosa, de Pablo Pérez. No hubo profundidad por bandas hasta la salida de Aitor García, también es verdad, pero sí una mejor relación por dentro como reflejan los mapas de calor.

Interviene otra vez uno de los grandes protagonistas del partido: «Nos vamos con mal sabor de boca porque el equipo hizo un gran trabajo. En la primera parte fuimos mejores que el Girona, con ocasiones, y tras la expulsión de Damián seguimos dando la cara», enfatiza el extremo. «La pena es que nos marcasen en el último minuto, pero es lo que hay. Sabíamos que veníamos a un campo muy complicado, en el que pocos equipos van a puntuar, pero nos vamos con un punto», concluye Aitor García, ingeniero de un precioso gol.

Pero no solo de posesión, que cayó en la segunda parte por la expulsión de Damián hasta situarse en un 60%-40%, vivió el Sporting en Montilivi. Se supo manejar en otros registros: el juego directo (primera ocasión de Pablo Pérez) y el contragolpe a través del robo de balón en zonas delicadas para el Girona. En esta faceta, en un trabajo de presión terrible, brillaron en muchos momentos Pablo Pérez y Nacho Méndez, que birló una pelota en la primera mitad, generando una gran ocasión que sofocó un desesperado Miquel.

El gol de Aitor García también se originó en un eléctrico ataque, anunciado con otro disparo suyo que acabó en el larguero. «Siempre intento aportar al equipo, da igual que sea desde el banquillo o como titular. He tenido la suerte de salir y que mi primer tiro pegase en el larguero tras tocar en un defensa. El siguiente ya entró. Esto va de ayudar al equipo y he podido hacerlo con un gol. Espero que vengan muchos más», apunta el onubense.

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Gol y dedicatoria especial

Hasta cuatro acercamientos de peligro tuvo el Sporting en la primera mitad, terminando con seis disparos a puerta la tarde. Los mismos con los que concluyó el Girona, que necesitó un total de 21 para enfocar esa media docena, pese a jugar en ventaja cuarenta minutos. De ahí que, con el desequilibrio numérico en la balanza, el punto se abrace a regañadientes. «El equipo ha hecho un buen partido», repite Aitor.

Las dificultades para buscar las cosquillas a Mariño tuvieron mucho que ver con la notable faena defensiva que abrochó todo el Sporting, especialmente los cuatro de atrás, frontón en los centros laterales hasta que el pestillo cedió en la jugada de Marc Gual con Borja López. El tráfico y la fortaleza interior forzaron al Girona a buscar el tiro lejano. Y si los locales lograban conectar, ya estaba de guardia el portero gallego, fantástico en ese disparo de Borja García.

«Estoy bien del tobillo, pero el míster es el que decide la forma de encarar los partidos», confiesa para concluir Aitor García, confirmando que su suplencia formaba parte del plan de José Alberto. Igual que el gol estaba en su guión. La celebración ya tenía destinatario: «Tengo un amigo que se opera esta semana en Huelva de un tumor en la cabeza. Es una operación complicada y el gol va para él».