Sporting

Un técnico de costumbres

José Alberto, en Soria, en la primera imagen, y en El Molinón, el sábado. / FOTOS CARLOS GIL Y DAMIÁN ARIENZA
José Alberto, en Soria, en la primera imagen, y en El Molinón, el sábado. / FOTOS CARLOS GIL Y DAMIÁN ARIENZA

El preparador ovetense llevó el chándal del Sporting frente al Numancia y ante el Almería en El Molinón José Alberto, que ya lo hizo en anteriores temporadas, ha repetido indumentaria en las dos últimas victorias del equipo

J. BARRIO GIJÓN.

La entrevista se remonta a noviembre de 2017, hace un año y medio en La Fresneda, a unos metros de su casa. José Alberto dirige en ese momento a un Sporting B que ha iniciado la temporada como un tiro. Segundo en Segunda B, reventando registros goleadores a nivel colectivo y con su nombre haciendo mucho ruido por la velocidad a la que marcha el bólido que pilota. La charla con EL COMERCIO enfoca la recta final, justo después de que el técnico comente la dificultad del ovetense, vecino de niño de Oviedo, con sentimiento sportinguista.

«Confiese, ¿cuál es su ritual antes de los partidos?», se le pregunta. «Tengo muchas manías. Me gusta llegar, por ejemplo, muy pronto a Mareo. Luego hay otras más personales, de mucho tiempo», replica el técnico. La conversación tira del mismo hilo. «¿Por ejemplo?». Sonríe José Alberto, sincero. «Siempre llevo los mismos calcetines, ropa interior, polo... La misma ropa con la que empiezo el año es con la que lo acabo. No puedo cambiarla. En el Sporting es fácil, pero en el Covadonga, que vestía de calle... ¡Me dio por poner unos pantalones rojos en la primera victoria y acabaron siendo rosas!», explica.

Esa tendencia a mantener lo que le ha dado suerte, incluido el vestuario, parece haberla trasladado a este momento de la temporada. El técnico vivió su etapa más difícil tras la derrota frente al Rayo Majadahonda, con el equipo abierto en canal. Cambió cosas. Se aisló más del ruido externo, redujo su atención a las redes sociales y, a nivel futbolístico, revisó su idea y realizó varios cambios sustanciales, sobre todo a nivel táctico y defensivo, a lo que sumó la apuesta por Alegría. Doble o nada. Dos delanteros en el momento de mayor debilidad.

Apretado de tuercas

El reajuste, con un buen apretado de tuercas, le salió bien en Soria, un partido que dirigió vestido con el chándal del equipo, polo rojo debajo y unas zapatillas oscuras. El sábado se sentó en el banquillo de El Molinón con la misma indumentaria. El resultado, logrado también a través del mismo planteamiento, volvió a ser exitoso para el Sporting, dirigido por un entrenador que ha llegado a la cima tras una escalada repleta de dificultades y desde la misma base. Apoyado en su hambre, conocimientos y personalidad. También en esas pequeñas supersticiones que terminan calando.