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Sporting | El último de una generación

Roberto Canella observa una acción durante el entrenamiento de ayer en Mareo./ARNALDO GARCÍA
Roberto Canella observa una acción durante el entrenamiento de ayer en Mareo. / ARNALDO GARCÍA

A sus 31 años, Roberto Canella se asoma a los que podrían ser sus dos últimos partidos en el Sporting | Sin oferta de renovación sobre la mesa por el momento, el capitán rojiblanco, cerca de terminar una travesía que inició en Mareo de alevín

JAVIER BARRIO GIJÓN.

Roberto Canella (Pola de Laviana, 1988) se asoma a los que podrían ser sus últimos partidos en el Sporting. No hay una confirmación definitiva, aunque en este momento se lea entre líneas como el desenlace más probable a tenor de las sensaciones que se captan. Hace unas tres semanas, no obstante, el club mantuvo un contacto con el entorno del futbolista, de 31 años, en el que se le anticipó la presentación de una futura oferta cuando en los despachos se empezaran a cuadrar los números del futuro. De momento, esta no ha llegado. Y sin esa notificación, el lateral enfila en este desenlace del curso sus dos últimos partidos en Gijón, vigorizando esa idea el paso de los días.

De confirmarse su marcha, que será en el estadio que ha pateado a todo gas por la izquierda durante una docena de años, con la finalización de su contrato establecida para el próximo 30 de junio, sería el adiós del último miembro de la generación que dirigió Manolo Preciado hacia Primera tras una década de encierro del Sporting en Segunda. El club, en cualquier caso, mantiene una postura medida y prudente con respecto al futuro del lavianés. Un jugador muy especial, de casa, presente y activo en el renacer del club gijonés en la élite. Un hombre de club de libro. Modélico, disciplinado y discreto, nació, creció y se profesionalizó en Mareo, a donde llegó de alevín. Atrás quedó el Alcava de Pola de Laviana.

Su situación dista mucho de la de un futbolista de quita y pon, transitorio. Actual capitán de la plantilla, Canella alcanza este año su duodécima temporada en el primer equipo del Sporting, llevando disputados 311 partidos entre Primera, Segunda y Copa del Rey, marcando ocho goles. Hay que rebobinar mucho para encontrar su debut, imberbe en octubre de 2006, en el Heliodoro Rodríguez López de Tenerife. Tenía 18 años cuando Preciado le sacó al ruedo en el minuto 74 por Jony López. «Llegó Gerardo (Ruiz) y nos dijo a los que estábamos calentando que el míster quería hacerme debutar, pero también dudaba si meter a otro. Creo que era De Lucas. Yo estaba acojonado. Quería debutar, pero a la vez tenía nervios. Salí al final por Jony López. Preciado me dijo que disfrutara y no me metiera en líos (risas). El partido estaba prácticamente ganado», recuerda con claridad Canella.

Aquella primera temporada, con 17 partidos disputados, fue de calentamiento. En los años siguientes se atornillaría al lateral izquierdo rojiblanco, imposible de descabalgar, compatibilizando el Sporting con las llamadas de las categorías inferiores de la selección, alcanzando y jugando para la sub 21, a las puertas de la absoluta. El Villarreal apretó por él en algún verano, pero el que más cerca estuvo de llevarse a Canella fue el Zaragoza en 2009. Marcelino, que entrenaba entonces al conjunto maño, llegó incluso a hablar directamente con el lateral, de naturaleza casera, y poco convencido de salir de Gijón.

«Yo era un chaval y no lo veía claro. Quería más quedarme, pero era una muy buena oferta para el Sporting. Luego, el dinero que me daban también era importante. Recuerdo ir a hablar con el 'presi', Vega-Arango, y decirme él que para el club era una situación muy buena y que iba a tener mucha suerte. Marché medio llorando. Era un chaval. Me dijo Preciado: '¿qué vas a hacer'. Y yo le respondía: 'creo que me voy, pero no sé' (risas). Al final, por determinadas cuestiones, no se hizo, pero casi estaba hecho», desvela.

Mayores pesares

Entre sus mayores pesares destacan posiblemente esa inoportuna lesión que le dejó en fuera de juego a los dos minutos, el 2 de abril de 2011, antes de que el Sporting incendiara el Bernabéu con el gol de De las Cuevas. Y ese año cedido en La Coruña. Hasta cuatro veces insistió Canella antes de salir en que su préstamo al Deportivo no era un adiós definitivo, sino un «hasta pronto».

Entre lesiones y falta de confianza -Fernando Vázquez, su principal avalista, fue destituido en pleno verano-, firmó su peor año como profesional en Riazor. Y sufrió desde el exilio en Galicia, con un poco de envidia sana, el ascenso de los 'guajes' sobre la bocina. «Es imposible que me canse del Sporting; me lo ha dado todo en la vida», asegura. Este tampoco ha sido su mejor año. Los problemas físicos le han atormentado bastante y ha terminado cayéndose del once. El Molinón, con el Albacete y el Cádiz de enemigos, podría asistir a la despedida del último jugador de una generación de época.