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Basura espacial, un problema cada vez más serio

La Tierra desde el espacio./Archivo
La Tierra desde el espacio. / Archivo

Los informes más agoreros apuntan a 750.000 objetos rondando la Tierra

J. A. G.Madrid

En las últimas semanas, medio mundo estaba pendiente del cielo y de la trayectoria que seguía la estación espacial china Tiangong-1. Finalmente no ha producido daños y ha caído en el Pacífico tras desintegrarse al atravesar la atmósfera.

Este hecho puntual no lo es tanto, porque en el espacio hay millones de fragmentos de basura espacial alrededor de la Tierra. La administración de Trump rastrea la órbita de 23.000 objetos más grandes que la Tiangong-1.

A fecha de 2010, había en torno a unos 13 000 objetos de unos 10 centímetros de diámetro. Un problema el de la basura espacial que comenzó en los años 60 y que ha ido creciendo con el paso de las décadas. El principal «culpable» es la agencia CIS, una organización compuesta por diez países del este de Europa, seguido de la NASA, la agencia espacial china y por último la homóloga europea, la ESA.

Aunque esta chatarra no está descontrolada, todas las agencias estudian minuciosamente los movimientos de cada uno de estos diminutos artefactos (se calcula que puede haber más de 500.000 pequeños objetos), un impacto puede provocar grandes daños, ya no solo en la Tierra, sino en el espacio.

Hace unos meses, una prueba de laboratorio demostró el peligro de este tipo de objetos orbitando en libertad por el espacio exterior. Con tan solo 15 gramos de peso, su impacto en otro objeto podría alcanzar una velocidad de 15 kilómetros por segundo.

Un diminuto tamaño que orbita alrededor de la Tierra acompañados de cerca de 20.000 más grandes y también de restos de pintura que pueden provocar daños en satélites y en la Estación Espacial Internacional. La NASA ha asegurado en varias ocasiones el recambio de las ventadas de la EEI por impactos de pintura.

En el verano de 1996 se produjo el primer incidente registrado por este problema, el satélite francés Cerise chocó con el Ariane 1 de la ESA. Pero, ¿se puede evitar esto?

Héctor Socas-Navarro, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias, cree que sí y ha propuesto la búsqueda de dispositivos o basura espacial, en el tránsito de exoplanetas, como nuevo indicador de la presencia de civilizaciones moderadamente avanzadas.

Según Socas-Navarro, se han llevado a cabo simulaciones para una variedad de escenarios posibles y, en algunos casos, una órbita con esta clase de restos artificiales sería fácilmente observable con la instrumentación existente. Estas simulaciones de los denominados exocinturones de Clarke y de los anillos naturales se utilizan para cuantificar cómo se pueden distinguir por su curva de luz.

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