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Un paraíso de biodiversidad en el Mediterráneo

Un paraíso de biodiversidad en el Mediterráneo

El Parque Nacional de Cabrera ya es el más grande de España, tras la decisión del Consejo de Ministros de multiplicar por nueve su superficie

ISAAC ASENJOMadrid

Citó Felix Rodríguez de la Fuente a Cabrera para referirse a ella como el paraíso mediterráneo de Ulises y no iba mal encaminado el mítico naturalista español, pues la isla balear tiene mucho de mitológico, de legendario y sobre todo, del mediterráneo más esencial. El que la visite puede verse reflejado en aquel héroe legendario de la mitología griega que aparece como personaje en la Ilíada al entrar en la homérica bahía de Forcis, «solitario y abierto entre dos magníficos promontorios rocosos y abruptos», describió Homero en su Odisea. Intocable y prácticamente virgen, el Parque Nacional Marítimo-Terrestre del Archipiélago de Cabrera se convierte en el área marina protegida más grande del España. Lo hace tras decisión a principios de febrero del Consejo de Ministros de multiplicar por nueve su superficie, que pasará de 10.021 a 90.800 hectáreas. Una ampliación que era una vieja reivindicación de los grupos ecologistas y del gobierno balear que sólo chocaba con la oposición de un sector de los pescadores de la zona. El proyecto para el acrecentamiento de este parque nacional -establecido en 1991- se había puesto en marcha hace ya una década. La organización ecologista Oceana había alertado el pasado noviembre de que un mayor retraso podía poner en peligro unos ecosistemas muy bien conservados hasta ahora.

El archipiélago lo componen la isla principal de La Cabrera y 18 islas menores, de las cuáles la Illa dels Conills es el más importante. Una de las singularidades del parque es que es el primero de España que incluye el mar abierto y una profundidad que alcanza hasta los 2.000 metros, lo que le permite atesoirar las mejores reservas de corales de gran profundidad las costas españolas.

Como consecuencia de su histórico aislamiento, el reducido archipiélago ha logrado mantener su bello paisaje litoral y sus fondos: atesora una rica y variada flora y fauna, especialmente marinas, ya que casi el 80% de su área protegida es acuática.

Se trata «el mejor exponente de ecosistemas insulares no alterados del Mediterráneo español», según el Ministerio para la Transición Ecológica. Un verdadero santuario para cetáceos y grandes peces migradores, así como para bancos de corales profundos. También es una importante zona de alimentación «clave» en la ruta migratoria de más de 150 especies aves marinas, algunas muy amenazadas. La ministra Teresa Ribera subrayó la gran importancia de la decisión, por la «gran riqueza marina» que atesora el area protegida. «Es una oportunidad para especies emblemáticas, migratorias y de pesca comercial», destacó, antes de recordar de mostrar su satisfacción por el fruto de «un trabajo de años».

Las aguas de la Isla de la Cabrera albergan praderas de posidonia: una planta con raíces y flores endémica del Mediterráneo con una «excepcional importancia ecológica», cuyos tallos dan cobijo a numerosos peces como la chopa, la vaca, la dorada, el dentón, la lubina o la salpa -de reflejos dorados- que se alimenta de sus hojas. También se pueden apreciar erizos, sepias y la nacra: un enorme molusco que emplea la pradera submarina como escondite.

Sus fondos rocosos, informa el Ministerio, son los hábitats submarinos que ofrecen «un mayor esplendor y diversidad», y proporcional a la fauna refugio y alimento.

En estos espacios habitan los meros -peces de gran tamaño-, las escórporas y rascacios -de venenosas espinas y maestros del camuflaje-, los pulpos -animales muy curiosos e inteligentes-, las morenas, los congrios…, todos ellos moradores de cuevas y recovecos.

Asimismo, entre las rocas se pueden observar un gran número de invertebrados como los bígaros, bellotas de mar, cangrejos, holoturias -conocidas como carajos de mar- o estrellas, entre otros. También sobre la roca crecen algas como la delicada acetabularia -con forma de sombrilla- o las duras calcáreas que constituyen el soporte del coral.

En las costas de Cabrera se pueden encontrar animales de gran tamaño como los delfines listado, común y mular o la tortuga boba.

La flora del Parque está compuesta por 516 especies de plantas vasculares, 22 de musgos, 21 de líquenes y 162 de algas marinas, de las cuales las más singulares son el aladierno o la peonía balear.

Respecto a las actividades de conservación del patrimonio natural, el Ministerio menciona las inversiones periódicas en la preservación de la flora autóctona y en el control de plagas, junto con la restauración de áreas degradadas.

La singularidad del Parque se debe a su autogestión porque, a pesar de que pertenece administrativamente al término municipal de Palma, no dispone de servicios municipales o externos para la recogida de residuos, saneamiento, alcantarillado, suministro eléctrico o de combustible, sino que es el propio parque quien se responsabiliza de todos estos servicios.