Sin fecha de jubilación

Julián Bernal, de 91 años, y el asturiano Marcelino Vaquero 'Campanal II', de 78, son los mejores ejemplos de que el atletismo no entiende de edades

IGOR BARCIA DEPORTES.CO@ELCOMERCIODIGITAL.COMZARAGOZA.
El gallego Julián Bernal, a sus 91 años, en plena prueba de 1.500 metros ::                             LUIS CORREAS/
El gallego Julián Bernal, a sus 91 años, en plena prueba de 1.500 metros :: LUIS CORREAS

La estadística de la Federación Española ratifica lo que se comprueba en la salida de cualquier competición: el atletismo veterano está en auge. Cada vez son más los corredores mayores de 35 años que se lanzan a disputar todo tipo de pruebas, federadas o no. El número de licencias de ese tipo superaba las 5.700 en 2008. O, lo que es lo mismo, un 28% del total pertenece a este grupo de deportistas. Una competición de veteranos es un compendio de vivencias, un cajón de sastre donde se mezclan atletas de 40 años con otros de 70, leyendas que todavía se exprimen al máximo con aficionados que se lo toman como una ocupación más. Pero a todos les une un denominador común: la ilusión por practicar atletismo «hasta que el cuerpo aguante».

Un campeonato de España de veteranos es un buen lugar para comprobar que el deporte no se acaba al acercarse a la barrera de los 40. Al entrar a la pista cubierta de Zaragoza, el panorama ofrece al visitante un atletismo diferente, que puede ser igual de competitivo o más que el profesional, pero con un componente familiar añadido.

Padres con hijos o nietos que acuden a apoyar a sus abuelos se dan cita en las gradas, en una competición en la que las cifras confirman que el atletismo veterano es una especialidad al alza: 710 participantes (nuevo récord), 170 carreras y 32 concursos componen el apretadísimo programa doble. Si alguien tiene dudas sobre hasta cuándo se puede practicar deporte, éste puede ser un buen lugar para darse cuenta de que no hay límites.

El día amanece frío en Zaragoza. Apenas cuatro grados y una ligera lluvia, pero en el interior de la pista hay calor y actividad. Se va a dar la salida al 1.500 masculino, con los atletas de mayor edad de la disciplina. Y entre ellos, el veterano entre los veteranos, un ejemplo de admiración y respeto para los que se cruzan con él. Es Julián Bernal y tiene 91 años. No para de recibir palabras de ánimo. Hay atletas que le piden fotografiarse con él. «Noto que la gente me respeta mucho», admite.

Julián siempre está amparado por su hijo, Jesús, que hace las labores de entrenador y de 'chico para todo'. Está pendiente de cualquier cosa que necesite su padre y cuando éste se dispone a competir, se coloca a pie de pista con su crono y su cuaderno, donde tiene apuntados todos los tiempos de paso para evitar que Julián se descontrole.

Quien piense que este burgalés afincado en El Ferrol lleva toda la vida corriendo se equivoca. La relación de Bernal con el atletismo comenzó hace 15 años. «Empecé con 76 años, cuando se murió mi esposa Carmen. Hasta entonces, nunca había corrido», explica este antiguo militar, quien un buen día, en compañía de su hijo, comenzó a entrenar como una ocupación más del tiempo de ocio. «Miramos a ver qué había por ahí y nos apuntamos a una milla», recuerda.

«Corrimos los dos, quedamos últimos, y recuerdo que mi padre me dijo que igual le iría mejor una carrera más larga. Así que nos apuntamos a un medio maratón, que hicimos con unas alpargatas que nos compramos en una zapatería. La carrera estuvo bien, pero después estuvimos casi un mes con dolores de piernas, con ampollas...», explica Jesús. Poco a poco, ambos fueron completando pruebas populares, se federaron en el Egovarros, de Vivero, y a día de hoy Julián Bernal es toda una atracción en el mundo del atletismo. «Hace dos años hizo 106 carreras, el año pasado hizo 90», relata su hijo, quien destaca el palmarés nacional e internacional que ha amasado en 15 temporadas. «En el último Mundial al aire libre, celebrado en Finlandia, ganó en 5.000 y en 10.000; y, además, tiene el récord del mundo de 3.000 metros en pista cubierta», subraya su entrenador, quien revela la competencia que tiene en su categoría de 90 años. «En España no hay nadie, pero a nivel mundial hay unos quince atletas. Mi padre tiene rivales en las distancias cortas, pero el 5.000 ganó con 16 minutos de diferencia, y en los 10 kilómetros sacó 35 minutos al segundo».

Los secretos para semejante hazaña son aparentemente sencillos. Un ritmo constante y una perfecta hidratación, «porque a estas edades un golpe de calor podría tener graves consecuencias». Julián nunca las ha tenido, «salvo en un medio maratón en Galicia, donde hizo 14 kilómetros sin beber y al llegar tuvo un desfallecimiento», recuerda Jesús, mientras su padre asegura tener una salud de hierro desde que corre. «Me han desaparecido cosas que antes tenía, como el colesterol. El médico ya no me dice nada porque casi no tengo que ir».

Un baño en el mar

Y quien piense que Julián sólo se dedica a correr y descansar, se equivoca. Se encarga de hacer las compras, de cocinar y, lo más sorprendente, aprovecha en cuanto hay un rayo de sol para pegarse un baño, «sea invierno o verano». Quizá esté ahí la clave de su longevidad.

Julián completa su actuación en el campeonato de España con tres oros -400, 800 y 1.500-, aunque sin nuevas plusmarcas. El veterano atleta ha acusado tanto el esfuerzo de la competición -«se me hace duro el peralte de las curvas en la pista cubierta»- como el traslado desde Ferrol hasta Zaragoza. «Estoy cansado», confiesa en voz baja al término del 1.500, sentado en una silla mientras su hijo compite. «Son ocho horas de viaje; y entre eso y que he dormido en otra cama que no es la mía, lo he notado». Y todavía le quedan otras ocho horas de vuelta. Julián sonríe y se resigna. Al fin y al cabo, «correr me permite ver mundo y conocer gente».

Mientras Julián descansa, en la pista aparece Marcelino Vaquero, que se dispone a sumar en altura su segundo oro, tras haber ganado en peso. Dicho así, su nombre no dice demasiado. Pero al hablar de Campanal II, la cosa cambia. Porque este avilesino de 78 años jugó 17 temporadas en Primera División -16 en el Sevilla y una en el Deportivo-, fue 16 veces internacional y quienes le recuerdan hablan de él como un auténtico portento físico. Verle ahora lo confirma, ya que todavía es capaz de hacer cuatro o cinco disciplinas atléticas «y otras que me van mejor, como la velocidad, no la practico para preservar mi salud», afirma. «Mi rodilla está hecha polvo y no puedo extenderla. Si la hubiera tenido bien, podría ir a los Mundiales. Además, me falta un riñón, que lo perdí con el paso de los años tras recibir un codazo en un partido en el Bernabéu. Aún y todo, tengo 65 títulos de España en veteranos», señala.

Su vinculación con el atletismo viene de 1945, cuando se estrenó en Avilés el estadio de la Exposición, el actual Suárez Puerta. «Entonces empecé a practicar el atletismo, tenía 13 años», recuerda Marcelo -como se le llama habitualmente- y lo compaginó con el fútbol hasta que, con 16 años, se marchó a Sevilla siguiendo los pasos de su tío, el gran Guillermo del Río 'Campanal I'. «Soy el primer jugador de fútbol que llegó al Sevilla en barco, tardé cuatro días en ir desde Asturias».

Tras dos campañas cedido en el Coria y el Illiturgi, Marcelino debutó en Primera con 18 años, en un partido en el que el Sevilla ganó 1-0 al Athletic en el viejo Nervión. A partir de ahí, toda una trayectoria profesional que le llevó a ser internacional junto a futbolistas como Di Stéfano y a convertirse en el ídolo de la afición hispalense, que le apodó 'El capitán maravillas', en honor a un cómic de la época. Su capacidad física era asombrosa. Muy pocos rivales eran capaces de desbordar a aquel futbolista que podía jugar de central o lateral izquierdo.

Pero a pesar de todo, Campanal nunca olvidó el atletismo. «Siempre lo practicaba cuando volvía a Avilés en verano, después de haber acumulado 50 ó 60 partidos durante la temporada». Sólo con mencionar sus mejores marcas se puede entender la capacidad física de este futbolista-atleta. «En longitud salté 7,50 metros y en triple 14,87. Y en 100 metros 10.8, todo en pista de ceniza». Eran récords de España de la época, pero Campanal nunca apareció en los rankings por un problema. «Yo era profesional del fútbol y el atletismo era amateur. Así que tenía que competir fuera de concurso», recuerda el avilesino, al que siempre le quedará una duda. «Yo hacía atletismo con entrenamientos de fútbol, así que nunca sabré hasta donde hubiera podido llegar».

El descanso, fundamental

Una vez retirado del fútbol, recuperó su pasión por el atletismo. «Voy todos los días a entrenar a El Quirinal, y allí enredo con mis cosas. Me encanta el atletismo y entreno siempre que puedo, pero con un límite, y manteniendo una cuestión primordial para seguir sin problemas físicos a mis 78 años, el descanso». Desde que se inició en el mundo profesional, Campanal II ha sido estricto con lo que a su juicio ha sido clave en su trayectoria deportiva. «El secreto de mi forma física, al margen de la genética, es el descanso. Los jugadores de hoy en día no descansan lo que deben. Yo jugaba 50-60 partidos al año, seguía corriendo en verano, y no tuve nunca roturas musculares».

Hablar con Campanal es hablar de una leyenda del fútbol, que todavía es un ídolo en Sevilla -«tengo una peña»- y que cuenta con una memoria llena de recuerdos de su época profesional. «El jugador que más problemas me daba era Kubala, el jugador más fuerte a nivel muscular que yo haya conocido, y también el rojiblanco Arieta I. Teníamos grandes duelos», afirma el asturiano, que destaca a «Di Stéfano, Pelé y Garrincha» como los mejores futbolistas que él ha visto.

Campanal admite que seguirá en el atletismo «hasta que el cuerpo o ésta -señala a su rodilla mala- aguante. Los médicos me dijeron que en dos años me tendrían que poner una prótesis. Y han pasado 40», sonríe mientras piensa en nuevos retos. «El año que viene quiero hacer pértiga. He probado en los entrenamientos y tengo posibilidades de hacerlo bien».

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