«Votaré a Rajoy por su idea de España y oposición al aborto»

El filósofo Gustavo Bueno denuncia en el Ateneo Jovellanos «las corrupciones inherentes a los sistemas democráticos»

ALBERTO PIQUEROGIJÓN.
La sede ateneísta se llenó para escuchar a Gustavo Bueno. ::
                             CITOULA/
La sede ateneísta se llenó para escuchar a Gustavo Bueno. :: CITOULA

El profesor Gustavo Bueno presentó ayer en el Ateneo Jovellanos su última obra, 'Fundamentalismo democrático', en la que denuncia «las corrupciones no delictivas inherentes a los sistemas democráticos realmente existentes», desde un punto de vista doctrinal, pues admite la funcionalidad democrática «hasta que deje de funcionar». En ese sentido, no estableció diferencias «de fondo» entre la democracia orgánica franquista y la democracia actual.

Y puso como ejemplos de corrupción democrática no delictiva la propia idea de «pueblo soberano», el juego matemático de las mayorías y las minorías, subrayando asuntos concretos como la ley de plazos del aborto recientemente aprobada o «el complejo de Jesucristo» que atribuye al juez Baltasar Garzón por su empeño «en juzgar a los vivos y a los muertos».

La misma noción de fundamentalismo le exigió un recorrido histórico, encontrando sus antecedentes en el fundamentalismo religioso y el científico.

Por lo que se refiere al de signo religioso, halló su germinación en la encíclica de Pío X que se opuso a la teología liberal preconizada por autores como Renan, quienes acudían a una interpretación alegórica de La Biblia. En paralelo, en los Estados Unidos, los hermanos Stewart habían congregado un buen número de simpatizantes que también desarrollaron una labor paralela en el mundo protestante.

Pero es también el mismo concepto de fundamentalismo el que puso en interrogantes para preguntarse si existe una acepción neutral. La negó. «Sólo puede ser positivo o negativo», aclaró, indicando que el de tipo religioso se corresponde con esas características.

Y ya en la arena del fundamentalismo democrático en España, fijó varias etapas. Una primera alrededor de la cual habrían estado los filósofos Fernando Savater y Javier Sádaba, «buscando unos principios democráticos prístinos que nunca existieron», a la que seguiría «un giro peyorativo», representado por Felipe González y Juan Luis Cebrián, quienes tras perder el poder el PSOE en 1996, «no entendieron que el mismo pueblo que les había votado a ellos pudiera votar a otros».

Pero aún hay más tipologías, como la del «fundamentalismo primario», que Gustavo Bueno adjudica a la segunda generación del PSOE, encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero, que a su juicio carecería de la elaboración intelectual que más o menos justificaba a la anterior, que ponía sus bases en Popper de la mano de Miguel Boyer.

Original fue la argumentación crítica respecto de la disgregación de España a causa de las autonomías, las cuales habrían contribuido en su parecer a ocultar conflictos que no son de cariz interautonómico, sino los clásicos «entre explotadores y explotados». En cualquier caso, en declaraciones a EL COMERCIO anunció que en las próximas elecciones «votaré a Rajoy», aduciendo como motivos, «más allá de la izquierda o la derecha, la idea de Rajoy de España y su oposición a la ley del aborto».