Del best seller al e-book

La Biblioteca de Asturias mantiene el número de lectores cuando llega el momento de plantearse cómo incorporar el libro digital al préstamo

ANA SALAS OVIEDO.CO@ELCOMERCIODIGITAL.COMOVIEDO. OVIEDO.
Unas usuarias utilizan los ordenadores disponibles en el equipamiento de El Fontán. ::                             JESÚS DÍAZ/
Unas usuarias utilizan los ordenadores disponibles en el equipamiento de El Fontán. :: JESÚS DÍAZ

El día que salió a la venta en España el último libro de Millenium, 'La reina en el palacio de las corrientes de aire', de Stieg Larsson, los responsables de la Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala colocaron en sus estanterías ocho ejemplares. Una hora después ya estaban agotados y los lectores se inscribieron en una lista de espera casi interminable. Es un ejemplo de lo que ocurre con la biblioteca más grande de la ciudad, la de la plaza Daoiz y Velarde, en El Fontán. Por mucho que se empeñen los biblitecarios en comprar cosas diferentes, lo que el público pide es lo de siempre: el best seller.

Después de la trilogía del sueco, los títulos que más leyeron el año pasado sus usuarios fueron 'La mano de fátima', de Ildefonso Falcones, y 'El juego del Ángel', de Carlos Ruiz Zafón. Sobre todo, les gusta «la novela histórica y romántica», cuenta Milagros García Rodríguez, la directora. En su despacho del último piso, ubicado en la antigua casa de comedias del siglo XVII, organiza todo lo que se mueve abajo: dos plantas donde los libros cada vez están más acumulados.

Sólo en 2009 se incorporaron 8.459 ejemplares a la biblioteca ovetense. A la de Asturias, 9.358 libros, además de 8.460 carteles y 21 manuscritos. Porque la instalación de El Fontán no es cualquiera, en ella se conservan los fondos bibliográficos de Asturias y todo lo relacionado con la región.

Todo, todo, no, pero casi. «No es por nada, pero tenemos la mejor y mayor colección asturiana», se enorgullece García mirando de reojo a Santiago Caravia, responsable de la sección de bibliografía asturiana. La última incorporación es «Cartas selectas de una señora a una sobrina suya entresacadas de una obra inglesa impresa en Philadelphia y traducidas al español por Rita Caveda y Solares», de 1.800. Entre documentos muy antiguos y novedades, ambos son conscientes de que se avecina un gran cambio: el e-book. Cuando en 1987 abrió la Biblioteca de Asturias en El Fontán (hasta entonces estaba en el Palacio Conde de Toreno) como custodia de la mayor colección de documentos, libros, mapas, música y todo lo que se puede encontrar en una instalación de estas características, los investigadores casi no cabían. 300.000 se contabilizaban entonces frente a los 12.000 de ahora. Los tiempos cambian y este tipo de equipamientos también lo hacen, porque los usuarios lo reclaman y las tecnologías lo exigen.

Buena parte de los fondos están digitalizados, muchos en la Biblioteca Virtual del Principado, y el trabajo sigue porque cada año quedan más libros, periódicos o revistas libres de derechos de autor (tienen que pasar 70 años desde el fallecimiento del autor para que el contenido sea de dominio público y pueda colgarse íntegro en internet para descargarlo y usarlo libremente).

En los últimos tres años, aumentaron los préstamos de vídeos (de 46.00 a 51.000), aunque bajaron los de discos (de 41.000 a 35.000) y se mantuvieron los de libros (unos 113.000). Y volvemos a lo mismo: lo más escuchado es Amaral y La Oreja de Van Gogh. Las listas de discos más vendidos también son así. La mayoría escucha y lee lo que entra por los ojos o por los oídos a través de campañas publicitarias pergeñadas desde arriba. Las modas tienen esas cosas. Y ahora la moda en la lectura se llama e-book, o libro electrónico. Se trata de un aparato, de las dimensiones de un libro, que permite almacenar decenas de títulos. Práctico y cómodo. Además no proyecta la luz como el ordenador y no cansa la vista, defienden quienes lo han probado.

En su despacho del último piso, la directora habla del e-book consciente de que su incorporación será uno de los mayores cambios que sufrirán las bibliotecas en su corta historia. Para la de El Fontán, podría ser también una solución al espacio que cada vez es más reducido, aunque según apuntan fuentes de la Consejería de Cultura hay sitio para seguir creciendo en los próximos diez años. Es decir, que allí se queda la biblioteca y, quizá, la Filmoteca, que comparte ubicación en un edificio antiguo. (En más de una ocasión, su director, Juan Bonifacio Lorenzo, ha dicho que el lugar es inadecuado).

Lo que no sabe decir Milagros García es cómo funcionará una biblioteca con e-books, cómo se harán los prestamos y qué papel jugará el bibliotecario. «Quizá este sea el valor añadido que nosotros tengamos que aportar, el de orientar al lector sobre lo que leer», apunta. Pero todo con mucha prudencia, por lo desconocido. De hecho, en noviembre el Ministerio de Cultura ha organizado en Gijón un encuentro con bibliotecas de todo el país para debatir cómo afrontar el cambio. Algunas ya se han adelantado. 20 instalaciones catalanas estrenarán mañana 28 e-books. La iniciativa parte del gobierno regional y el objetivo es que los usuarios se vayan familiarizando con la nueva tecnología. Les han cargado 249 títulos en catalán, español e inglés. La mayoría «clásicos, por lo de los derechos», explica Josep Vives, jefe del servicio del sistema bibliotecario de la Subdirección General de Bibliotecas de Cataluña. Reconoce que se trata de un experimento, pero «teníamos que reaccionar porque no nos podíamos quedar viendo cómo la gente va con el e-book por la calle y nosotros no hacer nada».

Esa inquietud les lleva a prestar los dispositivos a los usuarios con los libros que el gobierno ha comprado para incluirlos en los aparatos. Este es el principio. Trabajan, junto con una empresa murciana, en la puesta en marcha de una plataforma que permita prestar libros, algo de lo que actualmente carece el país y que «durante este año» estará en funcionamiento. Mientras lo diseñan piensan en otras bibliotecas que ya prestan libros digitales. «Como la pública de Nueva York», cuenta. «Tienen este sistema de préstamo y pasados 15 días el fichero cronodegradable desaparece», explica el responsable de las bibliotecas de Cataluña.

Es la primera experiencia que hay en España y sus responsables reconocen que el problema es que «nadie sabe nada». Eso uno, pero hay otros muchos porque tampoco hay libros nuevos en español para comprar, y menos para prestar. Con lo que el best seller, lo que más les gusta a los usuarios de las bibliotecas, dejará de ser la estrella, al menos de momento.

Los editores

El director ejecutivo de la Federación de Gremios y Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila, afirma que el e-book tardará en llegar a estos espacios públicos, sobre todo porque «no tienen las instalaciones necesarias para que los usuarios puedan hacer descargas desde casa respetando la propiedad intelectual», amen de que «no hay libros digitales». «Hay que tener los pies en el suelo», advierte. Porque, además, «no hay demanda».

Puede que todo esto cambie cuando las editoriales más importantes de este país lancen las plataformas de venta de libros digitales. Lo harán este año. Pondrán «más de 5.000 libros de su fondo a disposición del cliente» y «España se convertirá en el país de Europa con más libros digitales», vaticina Ávila que continuamente habla de derechos de autor y propiedad intelectual, los grandes caballos de batalla del libro digital.

Precisamente esto es lo que incapacita a la Universidad de Oviedo poner todos sus títulos a disposición de los alumnos. Sus fondos digitales no los pueden prestar, «sólo leer aquí o bajar algún apartado», señala la jefa del servicio de información bibliográfica, María Luisa Álvarez de Toledo. Pero, «claro que tenemos libros digitales», contesta rápida a la pregunta de si hay e-books en la biblioteca universitaria. A través de la web, los miembros de la institución pueden descargarse libros de varias plataformas con las que la institución tiene firmados convenios que permiten la descarga gratuita. También tienen en formato electrónico tesis doctorales y «hemos comprado libros electrónicos» para cederlos a los alumnos y a los profesores, «fundamentalmente académicos».

La demanda

En este punto coinciden editores y libreros: la demanda es la del profesional, quizá el abogado o médico que necesita viajar con una gran cantidad de material de un lado a otro y que con el e-book ahora no tendrá que facturar una maleta llena de libros.

«La verdad es que me cuesta ver a la gente en la playa o en la cama con el aparato», intenta imaginar Luis Martín, presidente de la Asociación de Libreros de Oviedo, que reconoce que lo suyo no son las tecnologías. En su librería de la calle Gil de Jaz vende lectores y tarjetas de cinco a 25 euros con las que sus clientes pueden descargar libros a través de las grandes plataformas en internet (Amazon, por ejemplo). En español, «'La Regenta' o 'El Quijote', y eso la gente ya lo tiene en su casa, lo que le interesa son las novedades y no están». Eso aún se queda en las bibliotecas. En las de Oviedo del papel saben mucho, de los libros digitales, poco. Ahí va un ejemplo: «¿E-book, qué es eso?», dice una bibliotecaria al preguntarle cuándo empezarán a ofrecer libros digitales en la red de la ciudad.