El paisaje en las palabras de Camín

El creador dejó decenas de textos que ahora edita Cubera en un libro también de dibujos en tinta

P. MERAYOGIJÓN.

Su nombre fue siempre apellidado de escultura. Pero Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007) era un creador global. Mucho antes de asumir su indomable pasión por interpretar el paisaje con maderas, aceros, ángulos, vacíos y profundidades, fue pintor premiado, que, al final de sus días, encontró en las acuarelas la dulzura de un nuevo tiempo. Quiso ser arquitecto y sin serlo dio ideas, nociones y proyectos a varios maestros del oficio. Diseño muebles, alcantarillas y hasta portales. Camín se fue con 77 años habiendo tocado todos los palos del arte, incluida la escritura. Gran conversador, no dudó en plasmar en papel muchos de sus propósitos. Algunos de sus textos fueron publicados en la revista de la Asociación de Amigos del Paisaje de Villaviciosa, Cubera, de la que fue primer presidente. Cada uno aparecía ilustrado con delicados dibujos también creados por él. La mayoría eran cantos al horizonte que le rodeaba en su querido rincón de Valdediós. Cartas a la naturaleza, pero también misiles a las instituciones que no cuidan sus lugares y a las gentes que pasan por ellos dejando triste rastro sólido de su visita. Hoy esas cartas reaparecen reunidas en un libro, de edición no venal, titulado 'Paisajes'.

Es el homenaje de Cubera a este genial asturiano que estos días se recuerda en tres espacios diferentes del vecino León, el Instituto de Cultura, el Centro Leonés de Arte y la Fundación Cerezales Antonino y Cinia. Todos unen sus lugares para rendirle un tributo que antes tuvo como escenario el Museo Barjola y que dentro de unas semanas, desplegará su contenido en Zaragoza, donde el creador asturiano, uno de los más importantes de la segunda mitad del siglo XX, fue querido y hoy es admirado.

Viveza y también enfado

El libro está prologado por su hija Mónica, que confiesa en sus páginas que «en el lenguaje y tono de los textos» reconoce con total claridad la voz de su padre, pero no sólo su entusiasmo y «viveza» también «su enfado al constatar la desidia y agresividad con que tan a a menudo tratamos nuestro entorno».

Habla también Mónica en su introducción de los dibujos a tinta que acompañan el verbo del escultor. «No dejan de maravillarme por muchas veces que los mire. Árboles, hórreos, piedras, iglesias... Hojas, castañas, nubes... que tenemos a nuestro alrededor», escribe, antes de recordar que hace ya dos años que su padre salió una tarde de otoño de su casa de Valdediós para no volver y ese lugar sigue anidando todo su espíritu. Por eso Mónica trabaja desde hace meses por lograr su apertura al público.

«Lo cuidamos con la esperanza de que un día ese patrimonio, esa obra, que no son sólo las esculturas y pinturas, sino también la casa, las paneras, el jardín y los árboles que él colocó y cuidó con mimo, y con un criterio muy claro, puedan ser disfrutados por todo aquel que quiera venir a visitarlos». El deseo de abrir la Casa Museo de Rubio Camín cuenta con varios adeptos, pero aún no con el apoyo del Principado que si bien ya ha visitado todo el conjunto no se ha pronunciado respecto al proyecto que ya está totalmente diseñado.