El arte de pasear

Siete artistas avilesinos analizan el impacto de las obras que componen la Ruta del Acero Coinciden en destacar el valor contemporáneo de unas piezas que simbolizan el pasado siderúrgico de Avilés

ALBERTO SANTOS MARIETAAVILÉS.
El arte de pasear

Están satisfechos del resultado, pero reconocen su incertidumbre ante lo que podía pasar en una actuación tan ambiciosa y tan expuesta a miles de personas que disfrutan del paseo de la ría. Son siete artistas que han plasmado sobre antiguas piezas del proceso siderúrgica sus recuerdos del pasado, pero también su intento de mirar al futuro. Esa es la pretensión de Ramón Rodríguez, Anabel Barrio, Fidel Pena, Tomás Marbán, Luis Taboada, José Manuel Rodríguez 'Truyés' y Ricardo Mogo, los responsables de Ruta del Acero. LA VOZ DE AVILÉS los reunió para analizar el impacto del nuevo conjunto escultórico que luce ya junto al cauce alto de la ría.

Superado con nota el examen del público, todos coinciden en el valor añadido de una actuación artística que va más allá de la recuperación de viejas estructuras. «La obra reciclada tiene total actualidad, estamos en la 'era del reciclaje', en Estados Unidos se valora mucho», asegura 'Truyés'. Quizás por eso Avilés tiene, en palabras de Ramón Rodríguez, la asignatura pendiente de «la promoción turística del arte contemporáneo. Las visitas guiadas se centran en mostrar los edificios con solera y miran poco para las obras más actuales».

El color domina en las siete piezas de la Ruta del Acero, «porque ya hay demasiadas cosas que se oxidan en Avilés, da un ambiente más alegre a la zona», según asegura Tomás Pérez 'Marbán'. Esa explosión de tonalidades junto a las vetustas y sombrías baterías de cok hace que, como destaca Anabel Barrio, «ahora se entre en Avilés y no se vea todo gris».

El resultado del complejo artístico que forman las obras es también la suma del trabajo de muchas más de siete personas, algo que todos quieren dejar patente. «Fueron muchas horas libres dedicadas a estar en la nave trabajando de forma altruista», recuerda Ricardo Mogo. «Han sido meses de sacrificio y de mucho trabajo de todos, hasta del que manejaba la grúa», añade a modo de conclusión Luis Taboada.

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