Un cuadrado marino de un kilómetro de lado

Los estudios técnicos indican como la zona más adecuada para la instalación el Oriente de Asturias, a la altura de Lastres La plataforma acogerá la primera fase del laboratorio energético de la Universidad, conocido como SeAsturlab

EVA MONTESGIJÓN.

Es un proyecto tan ambicioso que, en realidad, apenas nadie tiene en mente cómo va a ser. Todo, hasta ahora, es virtual, desde la imagen proyectada para el Campus de Excelencia Internacional hasta las remitidas en el folleto que ya ha sido repartido entre empresas y universidades. «Un dibujo», señala Manolo Rico, uno de los máximos responsables del proyecto de la Universidad de Oviedo y el que, según dicen quienes trabajan con él, tiene el laboratorio de investigación marino de energías renovables diluido entre las venas. «Es una instalación cuyo desarrollo hemos dividido en tres fases, de las que, obviamente, la más sencilla y la que ya está encauzada es la primera: un cuadrado de un kilómetro de lado que estará situada cerca de la costa y en aguas poco profundas para que pueda ir anclada al suelo marino».

En un ejercicio docente de agradecer, imagina Rico «una finca destinada a la investigación, pero en el mar». Y, afinando más aún, «como una plataforma petrolífera, pero pequeñita y con instalaciones cómodas para trabajar, atractiva y bonita». Con esos trazos está comenzando a tomar forma SeAsturlab, el laboratorio marino para investigar energías offshore, que propició el reconocimiento del comité internacional al valorar el proyecto Ad Futurum de la Universidad de Oviedo, el que le proporcionó el sello de excelencia.

Viento, olas y corrientes

La iniciativa en desarrollo contempla una instalación diseñada para realizar investigación en el mar, en condiciones reales, de dispositivos de generación de energía, ya sea procedente del viento, de las olas o de las corrientes marinas. El laboratorio habilita dos zonas de investigación, una cerca de la costa y otra, más alejada. De las dos, la única factible en este momento es la pequeña, que estará situada en aguas de entre 30 y 50 metros de profundidad y no más allá de 5 kilómetros de la costa.

La ubicación no está decidida, pero sí se han realizado estudios técnicos y geológicos al respecto, que señalan el Oriente de Asturias como el lugar idóneo para levantar la infraestructura marina. Aproximadamente a la altura de Lastres, punto, por otra parte, elegido con anterioridad por Repsol para sus prospecciones marinas. Al parecer, las corrientes y las características de la zona, por la que ya transcurre un cable submarino de enlace entre el Reino Unido y Asturias, por lo que no se causaría daño a la pesca, han inclinado la balanza técnica. «Hemos consultado desde con el Instituto Oceanográfico, hasta con el Ministerio de Medio Ambiente o Hidroeléctrica del Cantábrico para ver cuál sería el sitio más adecuado para evacuar la energía. Y el más económico. De lo que se trata es de hacerlo simple. Bastantes dificultades tiene el proyecto en sí mismo», explica Rico.

En la zona se podrán hacer estudios no sólo de generación de energía, sino también de otro valor añadido para las empresas del entorno, como experimentos meteorológicos, de acuicultura, de oceanografía o de resistencia de los materiales. Este último aspecto es de los que más atrae al viceconsejero de Ciencia del Principado, quien vislumbra empresas asturianas que puedan estar interesadas en ello. De hecho, el funcionamiento de SeAsturlab pasa por «la constitución de un consorcio en el que tiene que estar la Universidad, las administraciones públicas y las empresas que estén comprometidas en la utilización de esa instalación para ensayos de futuro, y ellas son las que tienen que hacer el análisis de qué es lo que demandan», afirma Herminio Sastre, quien se confiesa «un enamorado del proyecto» por «su visión de futuro. «Tenemos que apostar por él con prudencia y con conocimiento. Con los pies en el suelo y la ambición en las estrellas».

Tres sectores empresariales

Los sectores empresariales que, en principio, podrían embarcarse en el proyecto se reparten entre «el de bienes de equipo y fabricación de elementos para la energía eólica o la undimotriz (de las olas), el de las tecnologías de la comunicación y la energía eléctrica, así como aquellas empresas que quieran construir aerogeneradores. Inglaterra va a sacar a concurso adjudicaciones para producir energía eólica marina. Si quieres presentarte, tendrás que testar las instalaciones...» añade Sastre, a quien le vienen a los labios nombres como Duro Felguera, Idesa, Asturfeito, Hidroeléctrica del Cantábrico o Telecable. Y a decir de los gestores del proyecto «el interés de las empresas se está captando».

Este paso inicial de la primera fase -el segundo implicaría alejar el laboratorio a 20 kilómetros de la costa y en aguas de 200 metros de profundidad- «es algo realista, austero y asumible. El resto dependerá de la demanda de las empresas», coinciden Manolo Rico y Herminio Sastre. Pero el viceconsejero de Ciencia advierte a los desinformados: «la investigación es a largo plazo».

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