Hombres buenos, raíces firmes

Los terrenos de la arboleda siempre fueron de propiedad pública y centro de la vida social y los cortejos en la ciudad La historia del Campo de San Francisco incluye numerosas protestas en su defensa

IDOYA REYOVIEDO.
Vista aérea del Campo de San Francisco, donde se ve la avenida de Italia, antiguo paseo de Chamberí, el camino más viejo que cruza la arboleda . ::                             MARIO ROJAS/
Vista aérea del Campo de San Francisco, donde se ve la avenida de Italia, antiguo paseo de Chamberí, el camino más viejo que cruza la arboleda . :: MARIO ROJAS

«Pedimos a sus Mercedes que desde ahora y de aquí en adelante queremos plantar árboles en el Campo y que árboles y Campo sean siempre de la ciudad». Los padres Fray Cristóbal, guardián de San Francisco, y Fray Diego de Nora habían talado sin permiso unos árboles del Campo de San Francisco. Eran viejos y no ofrecían fruto alguno, pero tuvieron que rendir cuentas ante las autoridades, que comenzaban a tomar conciencia de la necesidad de «cuidar y hermosear» el Campo. Era el 22 de diciembre de 1564.

Desde entonces, ninguna acción de cuantas pudieron afectar al lugar de encuentro y festejos de la ciudad pasó desapercibida a la opinión pública. Ni cuando surgieron solicitudes de particulares para construir dentro del Campo, allá por 1797; ni con la llegada del ferrocarril a la ciudad en 1874, que movilizó a los ovetenses ante la posibilidad de privatizar y cerrar el Campo; ni tampoco cuando las hileras de álamos que se erguían en el paseo que aún hoy lleva su nombre desaparecieron en diciembre de 1924. Y, previsiblemente, tampoco lo harán ahora que el Ayuntamiento tiene la intención de ceder de por vida a la sociedad Comamsa el subsuelo de Uría y alrededores para construir tres aparcamientos con 1.500 plazas.

A pesar de que el alcalde, Gabino de Lorenzo, dice que los cuatro años de obras y excavaciones al borde del parque no se llevarán por delante ningún árbol, el partido Asamblea de Ciudadanos por la Izquierda (ASCIZ) ya prepara una sesión para defender la arboleda; un espacio de historia viva y desconocida para muchos ovetenses; un Campo de los Hombres Buenos.

Origen

Mucha gente piensa que los terrenos del Campo de San Francisco son los vestigios de la huertas del convento, que fue sustituido por el edificio de la actual Junta General del Principado. Pero lo cierto, es que los documentos conservados lo colocan siempre como unos terrenos públicos de disfrute comunal mucho más amplios de las dimensiones actuales. Cuenta la leyenda que un joven San Francisco de Asís acompañado por fray Pedro Compadre llegaron a Oviedo en su peregrinación hacia Santiago. Fue a las afueras de la ciudad donde San Francisco de Asís eligió el paraje para edificar su obra. Y así, supuestamente, nació el convento de Los Franciscanos, sobre el siglo XII.

Por aquel entonces, la familia de la Rúa fundó la ermita de Santa María del Campo (en La Escandalera), lugar de reunión para la elección de jueces y alcaldes, de los 'homes bonos'. Precisamente, ese fue el nombre que tuvo la zona hasta el siglo XVI: El Campo de los Hombres Buenos. El cambio de denominación coincidió con el aumento de donaciones y mecenazgos que permitieron a los Franciscanos, cada vez con mejor reputación , ampliar sus propiedades. En el Campo se construyó una cárcel de mujeres; se edificó el Palacio del Marqués de Valdecarzana (1707) que se convirtió en Cuartel Militar y se instaló el Hospicio Provincial, en 1752. No fue hasta la llegada del siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal y el ensanche urbano, cuando comienza la delimitación definitiva del Campo de San Francisco.

Vida social

Fue durante el pasado siglo, el XX, cuando la actividad social de la ciudad giraba más entorno a la arboleda. A diario, el Pabellón Bombé era lugar de reunión. Las caminatas de cortejo para los solteros discurrían por los paseos del Bombé (en 1835) y de Los Álamos (1881). Pero ya desde hacía cientos de años la arboleda era lugar de acercamientos sociales, algunos tan cercanos que obligaron al rey Felipe II a retirar a los soldados del Tercio de Flandes, que en 1590 llegaron a la ciudad. Los cerca de 3.000 militares realizaban sus maniobras en el Campo, pero se hospedaban en casco urbano. Se mezclaban sobre todo con las ovetenses y ese año la natalidad de la ciudad se incrementó considerablemente. Los desmanes de los soldados sacaban tan de quicio a los habitantes que tuvieron que irse.

Protestas ciudadanas

Además de las protestas por las supuestas actitudes indecorosas de los militares, los ovetenses también alzaban su voz contra cualquier actuación que pudiera estropear el pulmón verde. Ya en 1797 el deán y el Cabildo de La Catedral se opusieron rotundamente a que la ciudad aprobará una línea de casas dentro del Campo. Protesta repetida un siglo después por los ciudadanos que se negaron a que parcelas de la arboleda se vendieran.

Más sonadas, son las movilizaciones contra la ampliación de la fábrica 'La Amistad', preludio del derribo de 'El Carbayón', árbol centenario que simbolizaba a la ciudad. Los nuevos edificios estaban apenas a unos metros del roble y temían que las raíces se dañasen. De nada sirvieron en esta ocasión las protestas. En cambio en 1874, los ciudadanos lograron que no se cerrase, debido a los trabajos para unir la ciudad con la estación de ferrocarril. Durante las obras, tuvieron hasta que pagar un peaje por pasar por la zona, pero el Campo quedó como estaba. La tala de los álamos en la parte inferior en 1924 tampoco pasó indiferente.

Son muchas las protestas, pero sólo hubo un intento de proteger la zona. Fue a principios de los años 90, cuando un grupo de vecinos presentó en la Consejería de Cultura un escrito tras la aprobación de la Ley Estatal del Patrimonio Histórico. Fue rechazada. Ahora, ASCIZ volverá a intentarlo. Pedirá que se declare Bien de Interés Cultural (BIC).

Flora e Historia

Para que un monumento y su entorno de declaren BIC, debe acreditarse su relevancia histórica. En el Campo de San Francisco además de especies exóticas traídas de las misiones franciscanas a los trópicos, se encuentran restos de monumentos. Como la puerta de la iglesia de San Isidoro, confundida generalmente con la de entrada al convento de San Francisco; y la obra monumental más antigua de la ciudad: La Silla del Rey. Además, claro está, de robles con sus centenarias raíces en el subsuelo.