«Nadie ha creado aún vida artificial», asegura Palacios

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Marcelo Palacios, en la sede de la Sociedad de Bioética.::
                             J. SIMAL/
Marcelo Palacios, en la sede de la Sociedad de Bioética.:: J. SIMAL

«Lo que ha logrado Venter es un paso importantísimo para la ciencia». Con estas palabras el presidente de la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI), Marcelo Palacios, quería ayer dejar bien clara la trascendencia del hallazgo. Sin embargo, su valoración no termina ahí, pues para él es también de suma importancia aclarar que, «nadie ha creado aún vida artificial». Lo que el equipo del científico norteamericano ha hecho, dice Palacios, algo molesto porque cree que la información ofrecida no ha sido veraz es «imitar de forma sintética el genoma vital. Es decir, una parte mínima de esa nueva célula, que en realidad está compuesta casi en su totalidad por materia natural. Quien conozca lo que es la maravillosa y complejísima fábrica que constituye una célula, verá que lo que se ha aportado es una parte de ese funcionamiento celular pero no la propia célula, que es muchísimo más y está claro que hay una diferencia abismal entre haber incorporado al interior de una célula el material genético de otra muy similar, que es lo que se ha conseguido, a crear una célula viva de manera artificial».

Con esta aclaración el presidente de la SIBI no quita mérito al equipo de investigadores. De hecho, asegura que por si sólo el paso que han dado es trascendente, y más si se une al hecho de que se ha «logrado ensamblar, como si se tratara de un puzzle, incorporando la materia sintética a la natural».

Como el resto de los especialistas, Palacios valora el trabajo también desde la perspectiva «obvia» de que «abrirá campos y posibilidades enormes». Ahora bien se pregunta: «¿A quién va a servir?». «Pues, posiblemente a los que puedan pagarlo, con lo que se mantendrá el actual sistema de discriminación y las actuaciones perversas a las que éste nos lleva como la creación de armas químicas y bacteriológicas», se contesta. Y esta afirmación le lleva al campo del que es especialista, la bioética, con otras tantas cuestiones, como la seguridad. «Hay que garantizar que los nuevos microorganismos no sean utilizados como armas bélicas». Y la única manera de adquirir esas garantías es con «un acuerdo mundial sobre el uso racional de las biotecnologías». Un acuerdo por el que Marcelo Palacios lleva clamando y por el que, según expresaba ayer apesadumbrado, «nadie está haciendo nada».

Una carta de buenas maneras que permita «controlar controlarla producción de estas bacterias, para proteger a los ciudadanos, al medio ambiente y a la biodiversidad de la posible liberación no controlada de determinadas bacterias modificadas genéticamente».

Cabe recordar que el propio Craig Venter abogaba por la regulación de este tipo de prácticas, al igual que ayer hicieron otros científicos, como el subdirector del Centro de Regulación Genómica de Barcelona, Luis Serrano, que como Palacios también considera que Venter , exagera «un poco» al hablar de «vida artificial» y se mostró preocupado por que este descubrimiento acabe modificando el genoma humano».