'La Gringa', la timadora que puso a sus pies a la clase pudiente

Consiguió joyas, abrigos de pieles, dinero y hasta que le organizasen fiestas en su honor. Estafó más de un millón de pesetas La peruana Rosa Nelly Sacco engañó a los gijoneses allá por 1973. Simuló ser una rica y prestigiosa neurocirujana

POR OLAYA SUÁREZGIJÓN.
'La doctora Edwards'. La peruana Rosa Nelly Sacco Bakus, conocida como 'la Gringa', llegó a Gijón simulando ser una prestigiosa y rica neurocirujana viuda de un ex ministro chileno.  La realidad era que había cumplido varios años de cárcel por sus sonados timos./
'La doctora Edwards'. La peruana Rosa Nelly Sacco Bakus, conocida como 'la Gringa', llegó a Gijón simulando ser una prestigiosa y rica neurocirujana viuda de un ex ministro chileno. La realidad era que había cumplido varios años de cárcel por sus sonados timos.

«Eminente doctora peruana con importantes vínculos con el Vaticano llega a Asturias para desarrollar negocios y obras de caridad». De esta forma, con un anuncio puesto por ella misma en los periódicos, inició su andadura en la ciudad la estafadora Nelly Edwards Sacco Bakus. El propio arzobispo Gabino Díaz Merchán la esperó a los pies de la escalerilla del avión en un apoteósico recibimiento. La apodaron 'La Gringa' y consiguió meterse en el bolsillo a la alta sociedad gijonesa de principios los setenta.

La sensación causada inicialmente por la 'dama' se tornó en conmoción social cuando pasado el tiempo fue desenmascarada como una auténtica timadora. Se presentó como una reputada neurocirujana (la doctora Edwards), viuda de un ex ministro del gobierno chileno de Salvador Allende. Llegó a querer ofrecer sus servicios como médica en el Sanatorio Marítimo, pese a que en realidad no tenía ni siquiera el graduado escolar. Su peculiar aspecto (apenas superaba el metro y medio de estatura y pesaba más de cien kilos), así como su labia y sus dotes para socializarse la convirtieron rápidamente en una personalidad peculiar y relevante a la que muchos querían conocer.

Durante casi todo el año 1973 campó a sus anchas por las más prestigiosas joyerías y peleterías, fue agasajada con fiestas en el Chas, en el Club de Regatas y en los palacetes de pudientes.

Pedía prestadas joyas para acudir a los actos sociales y jamás las devolvía. Pujaba en subastas de obras de arte y nunca llegaba a abonar el dinero. Firmaba cheques que carecían de fondos y organizaba concurridas cenas de las que luego no abonaba la cuenta. Al principio le hacían la vista gorda. Nadie se atrevía a reclamarle nada a una 'ricachona' con tanto poder como el que exhibía y de tal estatus social. Se acompañaba de sus tres hijos y alquiló un piso de lujo en el Muro del que nunca pagó la renta. Durante su estancia en Gijón vivió como una auténtica marquesa a costa de los que sí tenían dinero.

Unicef, una de sus víctimas

Una de las entidades perjudicadas fue Unicef. Pedro González Fuentes era presidente de la corporación benéfica por aquella época. También sufrió las andanzas de 'la Gringa'. «Al principio no sospechamos nada porque tenía mucho saber estar y parecía tener mucha educación. Todo el mundo se creyó que aquella señora era una doctora reputada de Perú que vino a pasar un periodo a España», recuerda. Comenzaron a levantarse las sospechas a los meses. Los joyeros aseguraron que no había pagado ni una sola pieza de las que se había llevado. «Cuando empezamos a atar cabos fue cuando se lo comunicamos a la Policía», comenta González Fuentes.

Para entonces 'La Gringa' había puesto pies en polvorosa hacia Madrid acompañada por sus hijos. Viajaron en taxi hasta la capital, y por su puesto, tampoco pagaron la carrera. Se le perdió la pista hasta que en 1974 cuando fue detenida en Tuy, mientras hacía de las suyas.

Cumplió condena en El Coto y también en Carabanchel y Sevilla. Para ella no era novedad. Había pasado años entre rejas en Perú antes de recalar en Gijón y conseguir rendirla a sus pies. 'La Gringa' pasó a la historia como una persona sin estudios ni dinero que puso en evidencia a los muchos en Gijón que se le quisieron arrimar y a las entidades sociales que se fiaron de su aparente buena voluntad. Timó más de un millón de pesetas de la época. Una auténtica fortuna por entonces.