«El final de la quimioterapia en el cáncer de mama todavía está lejos»

«La tasa de supervivencia de las pacientes con este tipo de tumor aumenta y supera ya el 85%» María Luque Oncóloga del Hospital Universitario Central de Asturias

A. VILLACORTAOVIEDO.
María Luque, ayer. ::
                             JESÚS DÍAZ/
María Luque, ayer. :: JESÚS DÍAZ

La oncóloga María Luque (Oviedo, 1978) es una de las integrantes de la Unidad Multidisciplinar del Cáncer de Mama del HUCA, que ayer celebró su primer simposium. A la Unidad, que agrupa a más de una veintena de facultativos de distintas especialidades, llegan las pacientes oncológicas del área sanitaria IV, además de algunas remitidas como Mieres, Cangas del Narcea o el Valle del Nalón. El objetivo de este equipo es mejorar la calidad de vida de todas ellas «con un enfoque multidisciplinar desde el principio». Del diagnóstico a la curación emocional pasando, quizá, por la cirugía reparadora.

-¿Cuántas pacientes pasan por sus manos anualmente?

-De año en año, el número de pacientes atendidas va creciendo, al aumentar también la tasa de supervivencia. Ahora mismo, se sitúan en torno a las 500. De ellas, alrededor de 360 son pacientes nuevas, aunque este año quizá tengamos alguna más.

-¿Cuál es la causa del incremento?

-Es algo multifactorial. No hay sólo una causa. Sobre todo, el cambio en los hábitos de vida de la mujer, como que cada vez tiene hijos más tarde o que no lacta, resulta determinante.

-También aumenta la tasa de supervivencia.

-Sí. Se sitúa ya entre el 85% y el 90%. El cáncer de mama es uno de los tumores en los que el diagnóstico precoz y los tratamientos han logrado un mayor avance.

-La rapidez es fundamental.

-El objetivo es que, entre la primera consulta y el inicio del tratamiento, no transcurran más de tres o cuatro semanas. Y lo conseguimos.

-Uno de los tabúes sigue girando a la quimioterapia. ¿Se acerca su final, como anuncian algunos expertos?

-Todavía está lejos. Es un futuro quizá a medio plazo, aunque ya hay fármacos que están acabando con el estigma. Por ahora, no podemos prescindir de ella. Todavía es un arma fundamental para la curación junto con la cirugía, el pilar del tratamiento.

-Ha dicho que «el futuro pasa por esos fármacos diana». ¿Qué son?

-Son fármacos diseñados no sólo para matar a las células que crecen de forma acelerada, sino para actuar contra una característica distintiva del tumor. Son mucho más selectivos, de forma que los efectos secundarios son menores y la eficacia es mayor. El problema es que necesitaríamos conocerlo absolutamente todo sobre la biología tumoral para que fuesen completamente efectivos.

-Hay muchas esperanzas puestas en las terapias génicas.

-Aunque hay investigación en ese sentido, todavía está en pañales.

-El Consejo Genético en Cáncer Familiar trabaja en este sentido.

-Lo que se hace es identificar a las personas que tienen un mayor riesgo hereditario de padecer cáncer. Después se pueden establecer medidas profilácticas quirúrgicas, una posibilidad bastante drástica, o un seguimiento especial del caso. Por eso, el trabajo del Consejo necesita un enfoque muy delicado. Por las consecuencias que puede tener. Físicas y psicológicas.

-Hay quien reclama una ampliación del programa de cribado.

-El cribado en Asturias es acorde a los estándares de calidad que están establecidos. Es importante es que, si una mujer mayor de cincuenta años no es contactada, sea ella misma la que se ponga en contacto con nosotros.

-¿Qué pasa con la investigación? ¿Es su talón de Aquiles?

-Tenemos que potenciarla porque la carga asistencia nos limita en este sentido. El reto de estos años ha sido poner a funcionar la unidad y llegar al máximo número posible de mujeres. Eso nos deja, a veces, poco tiempo para la investigación, pero la idea es que también podamos empezar a desarrollar la unidad en ese aspecto.

-¿Cómo influye el estado psicológico de las pacientes en su evolución?

-Intentamos mejorar la calidad de vida de las mujeres. Y, para eso, el apoyo psicológico es fundamental. Tanto durante el tratamiento como después. Porque las tasas de ansiedad, estrés, depresión son bastante mayores e influyen en el desarrollo de la enfermedad, como demuestran varios estudios clínicos.

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