Las Casas del Cuitu se vacían

La propietaria, del Grupo Masaveu, rehabilitará las fachadas de Uría e Independencia Sólo un piso sigue ocupado, tras llegar Prusa a acuerdos con los otros dos inquilinos

ANA SALAS OVIEDO.CO@ELCOMERCIODIGITAL.COMOVIEDO.
La imponente fachada de las Casas del Cuitu a la calle Uría. ::                             MARIO ROJAS/
La imponente fachada de las Casas del Cuitu a la calle Uría. :: MARIO ROJAS

Las Casas del Cuitu fueron «una de las mayores operaciones inmobiliarias de la calle Uría hasta los años 30». Finalizadas en 1917, con un «barroquismo exacerbado», se anticiparon «al proceso densificador que sufriría la calle» en los años sucesivos. De esta forma describe los número 27 y 29 de la calle Uría la Guía de Arquitectura y Urbanismo de la ciudad. Dos edificios que llaman la atención al viandante, y advierte la guía que antes destacaban aún más «con su cuatro cúpulas peraltadas y por el atrio ganado a la acera».

El paso del tiempo les hizo perder aquello, también el brillo de otras épocas. Las Casas del Cuitu han perdido, además, a sus vecinos. La empresa propietaria de los edificios modernistas, Propiedades Urbanas, S. A. (Prusa) del grupo Masaveu, ha llegado a un acuerdo con dos inquilinos más, con lo que sólo queda un piso ocupado, y un bajo con una clínica dental.

Los demás han ido yéndose poco a poco desde que en 2002 Prusa comprara al Banco Herrero en una subasta los inmuebles por 9 millones de euros. Llegaron a acuerdos y el Cuitu fue quedando libre de aquellos inquilinos, la mayoría con grandes pisos y rentas antiguas, que impedían acometer la transformación pretendida: de viviendas a oficinas de alquiler. Para rentabilizarlas compró 45 garajes en Económicos. Pero para agilizar las obras necesarias para convertir los 8.300 metros cuadrados ubicados en la calle más comercial de la ciudad en oficinas, intentó lograr una declaración de ruina, alegando que los edificios no se encontraban en las condiciones más apropiadas.

Y ahí comenzaron los problemas, la batalla en los tribunales por la que Prusa solicitaba la ruina técnica o económica y los vecinos defendían la buena salud de los inmuebles incluidos en el Inventario del Patrimonio Cultural de Asturias. El juez, en 2007, negó la pretensión de la empresa y declaró que las obras que estaban obligados a realizar para mantener y consolidar la estructura no alcanzaban la mitad (lo exigido para declarar la ruina económica) de los 8,5 millones de euros en los que estaban valoradas las casas.

Sin argumentos con los que exigir la salida de los inquilinos, Prusa comenzó a negociar con los que quedaban. Y ya ha llegado a acuerdos con todos, salvo con dos «señoras muy, muy mayores», explica Eduardo Pola, uno de los últimos en abandonar el piso de alquiler en el que vivió desde 1937.

En agosto del año pasado, después de llegar a un acuerdo «económico» con la propietaria de los inmuebles, se fue a un piso mucho más pequeño que el de Uría. «Los demás también cerraron acuerdos económicos», explica Pola que hace poco se encontró con «'las de Covián', como se conoce a las señoras». Les preguntó que qué iban a hacer y la respuesta fue que se irían del Cuitu «cuando Dios quisiera, que no era cuestión de dinero».

Desde el principio, estas inquilinas sostuvieron la misma teoría: no querían abandonar. Pola dejó de luchar por quedarse en su casa de más de 100 metros por la que pagaba 150 euros cuando su mujer enfermó. «Ella necesitaba atenciones, y yo no estaba en condiciones de seguir luchando», cuenta desde su pequeño piso en la calle Campoamor. «El de las señoras es como un museo, con columnas en el salón y todo». Desde luego, las Casas del Cuitu no pasan desapercibidas para nadie que las vea al pasear por Uría, pero el interior es, si cabe, más llamativo: techos labrados, columnas y centenares de detalles que los convierten en dos inmuebles muy especiales, de los pocos que se conserva en la ciudad.

Ayer en las escaleras de las casas había luz, pero los timbres estaban todos apagados. Quizá las únicas inquilinas hayan salido ya para pasar fuera el verano como es su costumbre. En la calle Uría un pequeño andamio instalado hasta el primer piso evita la caída de cascotes a la calle, como ya se ha producido en alguna ocasión. El Ayuntamiento obligó a Prusa a instalarlos, al igual que en la fachada a Independencia. Aunque en la parte que mira a esta calle, varios operarios se afanaban ayer en colocar andamios hasta el último piso. «Vamos a arreglarla y a pintarla», explicó uno de los trabajadores. Cuando terminen, comenzarán en la que mira a la calle Uría.

Quizá ahora que ya sólo queda un inquilino, amén de la clínica del bajo, las Casas del Cuitu vayan recobrando el esplendor de otros tiempos. Al menos, con una mano de pintura y una intervención en las esculturas, no dará impresión de abandono.

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