Enfermero de las almas

El joven auxilia actualmente en la parroquia de El Coto, colabora en Cáritas y apoya a las familias en el tanatorio de Gijón El avilesino Marcos Cuervo se ordena como diácono

FERNANDO DEL BUSTOAVILÉS.
Marcos Cuervo Martínez, en la redacción de LA VOZ. ::
                             ADRI QUINTANA/
Marcos Cuervo Martínez, en la redacción de LA VOZ. :: ADRI QUINTANA

Posiblemente ahora estaría estudiando Medicina o ejerciendo como enfermero. O dándole a la biología. Pero el caso es que llegó el momento en que Marcos Cuervo Martínez (Avilés, 1985) optó por dejar atrás su Bachiller de Ciencias de la Salud y optar por el Seminario Metropolitano, donde, en el curso 2008/09 concluía los Estudios Eclesiásticos. El paréntesis provocado por la marcha de Carlos Osoro de la diócesis y la llegada de Jesús Sanz Montes ha retrasado su ordenación sacerdotal. Esta podría producirse en junio del próximo año o en un margen de seis meses, según decida el arzobispo.

«Estudié en el Colegio Público de Versalles y el Bachiller de Ciencias de la Salud en el Instituto Juan Antonio Suanzes. Con 14-16 años te comienzas a plantear por dónde te llevará la vida y ves que ninguna carrera te agrada. De niño me fijaba en el sacerdote, pero creo que eso le pasa todos los niños. Al tiempo, siempre estuve en la parroquia y di el paso», recuerda.

La entrada en el Seminario no fue una decisión de un día para otro. Marcos Cuervo comenta cómo en su día el que fuera párroco de Versalles, Herminio Díaz Llaca, le preguntó sobre su posible vocación.

El trato con seminaristas jóvenes implicados en la Pastoral Juvenil, incluso un cursillo de cristiandad le reafirmaron en su decisión. «Realmente, los seis años en el Seminario es una época de discernimiento. Dices sí cada día», resume. La propia vivencia de la Iglesia y el seminario le confirmó en su vocación. Confiesa que prefiere el trabajo pastoral antes que la reflexión teológica. «Por mi formación, las asignaturas de Filosofía y Teología me costaron más. Prefiero más la acción, implicarme en un parroquia. Igual es lo que ahora necesitamos», comenta.

Actualmente, reside en una comunidad de seminaristas en la parroquia de San José, en Gijón. Como diácono, auxilia al sacerdote y colabora en el servicio de la Caridad, ayuda en el Altar y el Evangelio. Dedica su tiempo a un voluntariado en el Albergue del Transeúnte de Cáritas, colabora en la parroquia gijonesa de El Coto y es uno de los encargados de la celebración de la Palabra en el Tanatorio de Gijón.

«El primer día en el Tanatorio estaba tan nervioso al ver el cadáver que, en la parte del ritual que habla del miembro de la Iglesia, como era una mujer, dije miembra», recuerda ahora entre risas y reconociendo que la experiencia le ha enriquecido.

Al igual que su implicación en el Albergue de Transeúntes donde apoyan a las trabajadoras sociales de Cáritas. «Ves muchos casos que acuden porque lo necesitan de verdad, también hay picaresca. Alguno ha llegado violento y, al vernos, se sosiega un poco. Nos ha tocado una etapa muy dura, en la que ha crecido más la demanda del servicio», comenta.

Ahora, como diácono ya forma parte del clero, incluso suele vestir con clerygman. «La gente se fija al verme con él», comenta en el inicio de lo que será su vida en el orden sacerdotal.

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