El quebrantahuesos ya vive en libertad en los Picos de Europa

Después de seis años de proyecto dos polluelos han sido soltados en el Cantón del Texéu

EVA SANROMÁNBELBÍN.
Uno de los polluelos, tras salir de la jaula. ::                             ACEBAL/
Uno de los polluelos, tras salir de la jaula. :: ACEBAL

Leoncia y Deva se han convertido en la esperanza de muchas personas. Ellas no lo saben, pero son las responsables de la recuperación de una especie que se extinguió en el Parque Nacional de los Picos de Europa hace más de medio siglo. Son dos polluelos de quebrantahuesos, y que lo de polluelos no llame a engaño, porque su peso es de 50 kilos y su envergadura alcanza los 2,70 metros. Y también son el final de una iniciativa que empezó a materializarse en 2006. Por eso ayer, a escasos metros de la majada de Belbín (Onís), en pleno corazón del espacio protegido, se concentraban más de medio centenar de personas para celebrar lo que a las once menos diez de la mañana será calificado como un momento histórico. Daba inicio entonces el experimento de recuperar una especie extinta, de reintroducir entre las montañas a un animal que culmina la cadena alimenticia, de ver el comienzo del proceso que permitirá ver cómo «los quebrantahuesos volverán a señorear los cielos de los Picos de Europa». Aunque es pronto para aventurarse a tal afirmación.

En el Cantón del Texéu, a cientos de metros donde el gentío se amontonaba para turnarse los prismáticos, lucían dos jaulas inmensas. En su interior, desde hace veinte días, estaban Leoncia y Deva. Llegaron a Asturias cuando tenían unos 100 días y ayer cumplían 130. La expectación era máxima, aunque todos sabían que no levantarían fácilmente el vuelo, sólo esperaban que salieran caminando de la jaula y que desde ella dirigieran sus pasos hacia la cresta del Texéu. Aquello «podría durar minutos» y también horas. A las 11.55 se comunicó por radio que dos miembros de la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos (FCQ) procedían en aquel momento a abrir las jaulas. A partir de ahí, las aves carroñeras quedarían a disposición de sus propias decisiones. Y a los tres minutos Leoncia dio el primer paso. Salió lenta, caminando despacio y echó a andar abriendo sus impresionantes alas y mirando a los lados para descubrir el entorno. A los once minutos decidió Deva dar el paso y salir a familiarizarse con lo que será su hábitat en el futuro. Los dos polluelos se miraron varias veces en su escalada a la cumbre. La misión estaba cumplida y, además, los pasos de los pollos fueron los previstos por los conservacionistas. «Los animales van a fijarse donde creen que han nacido, o sea, aquí», explicó Gerardo Báguena, responsable de FCQ. Y es que en eso consiste el experimento que tiene que acabar con «un enamoramiento territorial para que los Picos sean su zona, su refugio y su hábitat». Pero la tarea es complicada. «Está previsto que se dispersen y también somos conscientes de que los pollos de primer año tienen una alta tasa de mortalidad», de hecho, continuó, «no sería raro que uno de ellos muriera mañana mismo o dentro de seis días, es algo normal y hay que esperarlo», asumió. Pero «la clave» es que cada año «debemos generar un núcleo fundador mínimo para que se establezcan en esta cordillera». Al menos con esas esperanzas se felicitaban ayer todas las autoridades presentes. Desde el director del Parque Nacional, Rodrigo Suárez Robledano, hasta el consejero y la viceconsejera de Medio Ambiente del Principado de Asturias, Francisco González Buendía y Belén Fernández, así como los directores de Biodiversidad y Medio Natural de Asturias, Cantabria y Castilla y León, entre otros muchos.