El honor de ser amiga de Jovellanos

«Podemos decir sin asomo de chovinismo que el ilustrado no era sólo un amigo, sino que, en parte, era un villaviciosino» Gijón y Villaviciosa vivieron un acto de hermanamiento en torno al prócer

EVA MONTESGIJÓN.
Manuel Busto, Jesús Peláez y Paz Fernández Felgueroso portan la corona, junto a Arias de Velasco. ::
                             PIÑA/
Manuel Busto, Jesús Peláez y Paz Fernández Felgueroso portan la corona, junto a Arias de Velasco. :: PIÑA

El acto de ayer, como todos los que tienen como referencia la figura de Melchor Gaspar de Jovellanos, partía del principio reverencial y compartido hacia un hombre extraordinario. En este caso, se trataba de documentar y exponer la relación del ilustrado gijonés con la vecina Villaviciosa, lo que, de alguna manera, propiciaba el hermanamiento de dos localidades unidas de por sí por estrechos lazos de vecindad. No en vano la propia alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, quien presidió el acto académico anual de la Feria Internacional de Muestras de Asturias junto al presidente del Foro Jovellanos, Jesús Menéndez Peláez se refirió a Manuel Busto como «mi alcalde de fin de semana», en referencia a su casa de Quintes.

Sin embargo, entre tanta erudición jovellanista, fue la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Villaciosa la que volvió las tornas al presente. «Si bien nos han recordado que la Corporación villaviciosina ya felicitaba a Jovellanos en 1797, creo que hoy es un buen día para homenajearnos a nosotros mismos por haber contado con él entre nosotros. Es algo que quizá algunos no tengamos tan presente y es un buen momento ahora para recordarlo», afirmó, ciertamente nerviosa, Ana López, después de que el doctor en Filosofía Etelvino González López realizara un ameno recorrido por las estancias, unas más agradables que otras, de Jovino en la localidad maliaya.

Visitas públicas y privadas que tejieron lazos con los que Etelvino González López no dudó en anudar «su particular afecto, que enraizaba en las numerosas amistades que mantenía en Villaviciosa», pero muy especialmente su vinculación personal y familiar al concejo, a la que también aludió Ana López al visualizar la casa solariega de Jovellanos en Peón, «que aún cuidan sus descendientes directos y que te enseñan siempre sin ningún problema».

Todo ello fue lo que llevó a señalar al filósofo que «podemos decir sin asomo de chovinismo y sin mala conciencia de hurto que Jovellanos no era sólo un amigo, sino que, en parte, era un villaviciosino. Ahí están los datos históricos de sus ascendientes y su preocupación por el palacio de Buzneu. Y ahí está, aún hoy, el propio palacio y su dueño, descendientes de Jovellanos, un testigo vivo al cuidado de un testimonio palacial, que no nos dejará mentir».

Pero por encima de la historia, lo que quiso ayer Villaviciosa fue ser «amiga» de Jovellanos, «el hombre ministro que se enfrentará a Godoy, el patriota que resiste a Napoleón, que rechazará la oferta de Bonaparte, el escritor, el estudioso, el calumniado y encarcelado, el europeo, el pedagogo, el economista, el ético, el moral y el político. Ese hombre que se convertirá en una síntesis personal que trasciende su propio tiempo es al que queremos como amigo. Un patriota sincero, tan gijonés como asturiano, tan asturiano como español, tan español como ilustrado».