Adiós a Luis Fernández-Vega

Pertenecía a la tercera generación de la mayor saga de oftalmólogos de España y su clínica es un centro puntero a nivel mundial El fundador del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega falleció en el Hospital Central a los 87 años

DAVID REMARTÍNEZOVIEDO.
Luis Fernández-Vega Diego posa frente a un muestrario con instrumental médico y sendas placas de 1886 y 1913 de la clínica oftalmológica de su abuelo. ::                             JESÚS DÍAZ/
Luis Fernández-Vega Diego posa frente a un muestrario con instrumental médico y sendas placas de 1886 y 1913 de la clínica oftalmológica de su abuelo. :: JESÚS DÍAZ

Una sonrisa larga y constante le anticipaba la cara. Era una sonrisa sincera, no podía ser de otra forma, y si asomaba alguna duda al verla, su conversación la despejaba de inmediato. Va un ejemplo. En enero de 2002, Unicef nombró a Luis Fernández-Vega Diego presidente de la institución en Oviedo. Durante la entrevista que le realizó EL COMERCIO por tal motivo, al preguntarle qué significaba para él el nombramiento, contestó así: «Me lo dijeron, como quien dice, hace cuatro días. Yo les esbocé lo que pensaba sobre la atención a la infancia, lo que viví en 1986 en un safari en África, donde encontré un niño ciego en la selva. Aunque me costó Dios y ayuda hacer la tramitación para traerlo a España, al final lo conseguí y le operamos aquí». De primera mano, así era Luis Fernández-Vega: sinceridad diáfana y siempre una anécdota. Murió ayer, de madrugada, en el Hospital Central de Asturias, a los 87 años. En Oviedo, su ciudad, llevaba un mes ingresado por problemas respiratorios; en Oviedo, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento se abrió ayer su capilla ardiente, y en Oviedo, en la Catedral, se celebrará esta tarde su funeral.

Nacido en 1923, tercera generación de la mayor saga de oftalmólogos de España y fundador del que hoy es el centro puntero del ramo, el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, estudió Medicina en la Universidad de San Carlos de Madrid, donde se licenció en 1947. Trabajó en el Hospital de Valdecilla de Santander durante un año, y en 1949 se trasladó a Londres, al Moorfield Eye Hospital, donde realizó un posgrado. En 1952 aterrizó en Estados Unidos, concretamente en Nueva York, para colaborar con el también español Ramón Castroviejo, una figura fundamental en la evolución de la profesión (por sus avances en los transplantes de córnea), a quien ese año la universidad de Nueva York nombró catedrático y una persona a la que Fernández-Vega siempre dedicó palabras de admiración. No en vano, llegó a crear la Asociación de Becarios del Doctor Castroviejo.

Si aquél fue su maestro en la perfección (y en la empresa, pues colaboró en la creación de su centro oftalmológico de Madrid), tuvo por mentor inicial y constante a su padre, Luis Fernández-Vega Valvidares, presidente durante 12 años del Colegio de Médicos de Asturias. Y por supuesto a su abuelo, Adolfo Fernández-Vega, un médico rural en la Piloña del siglo XIX que acabó doctorándose primero con un ambicioso estudio sobre la neumonía, y especializándose luego en Oftalmología en París.

Numerosas distinciones

La saga también tuteló la carrera de Álvaro, hermano menor de Luis y con igual inclinación profesional, y de Manuel, que se doctoró en Otorrinolaringología. Ochenta años después de nacer el primogénito, en 2004, cuando la clínica familiar ya era un instituto de investigación con prestigio internacional y una fundación social, y cuando las generaciones de oftalmólogos sumaban cinco, Luis y Álvaro recibían la Medalla de Oro de su ciudad. Luis recibió además el título de Hijo Predilecto de Oviedo. Fue la distinción que, junto con la Medalla de Plata de Asturias, otorgada en 1996, rubricó una lista generosa en títulos y premios acumulados durante décadas, en la que se incluyen también la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y la Cruz de Plata de la Orden del Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil. No quedó apenas institución o asociación en Asturias (y buena parte de España) que no haya reconocido la labor de toda una familia cuya cabeza visible hasta hoy fue el desaparecido Luis. EL COMERCIO entregó, de hecho, su Premio a la Proyección de Asturias 2005 al instituto.

Si Luis Fernández-Vega encabezó la creación de una empresa que tiene a reyes y presidentes como clientes, parte de su éxito social lo explica otro reconocimiento, la calle que desde 2002 lleva su nombre en Ceceda, justo al lado de la plaza bautizada en 1954 con el nombre de su abuelo. Esta localidad, cuna familiar y residencia de descanso de los Vega, es sinónimo ya de una cita de alta sociedad más propia de latitudes mediterráneas, véase Marbella o Palma. Cada mes de agosto (normalmente, la tercera semana), en el pequeño pueblo naveto se concentran, en informales mangas de camisa, personajes ilustres de todo el país y de todos los sectores, desde José María Aznar a Blas Herrero o José Oneto.

Sin embargo, siempre hay preponderancia de destacados dirigentes del Partido Popular, cuya cercanía a la familia asturiana es lógica si se recuerda que el ayer fallecido fue elegido presidente de la extinta Alianza Popular en el turbulento 1978, año en el que además fue candidato al Senado.

Especialista de prestigio, que supo saltar del bisturí al láser; político cuando consideró que debía participar en el devenir del país; y buen anfitrión de sus amigos, hasta el punto de atraerlos en pleno verano a una aldea del norte peninsular.

Son tres cualidades a las que Luis Fernández-Vega siempre ha añadido una cuarta condición: la atención desinteresada que siempre prestó y que seguirá prestando su instituto. Allí, parte del servicio médico ofrecido está reservado para personas sin recursos, que reciben tratamientos o son operadas gratis, dentro una filosofía médica que también se hereda de generación en generación. «No sabría decir a cuántos niños desfavorecidos he operado. A todos los que tienen un problema no dudo en ayudarles y operarles sin mediar el más mínimo honorario. Disfruto con todo lo que sea poder ayudar a esas personas, y más aún siendo niños», subrayaba en aquella entrevista antedicha de 2002.

Hoy la sociedad asturiana despedirá a este prohombre en la catedral de Oviedo.

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