Comprar un traje ronda los 8.000 euros

A. INGUANZOLLANES.
Una mujer vestida de llanisca a principios del siglo pasado. ::
                             E. C./
Una mujer vestida de llanisca a principios del siglo pasado. :: E. C.

Tener un traje propio es, hoy en día, un lujo que muy pocas personas se pueden permitir. Antiguamente era diferente. Mucha gente tenía trajes, aunque sólo fuera un par de piezas de las nueve que lo componen, en propiedad. Los talleres de bordado ayudan a que cada uno pueda hacerse el suyo, pero hay que contar con que un traje de dificultad media requiere unos seis meses de elaboración. Un tiempo que no todos pueden permitirse dedicar a esta labor.

En toda la comarca existen muy pocas empresas, y no más de una treintena de personas, dedicadas a la elaboración y alquiler de trajes de llanisca como medio de vida. Además, cada profesional lleva en este campo, como norma general, un buen número de años. En Llanes las pioneras en el oficio son las tres generaciones de Las Panesas, que llevan en el negocio «más de cien años», y Tere Sánchez, «que empezó a hacer trajes de llanisca hace unos cuarenta años». Les pisa los talones Tere Blanco, que cuenta con una colección de «entre 800 y 1.000 trajes, más de treinta años de experiencia y dos tiendas», una en la villa llanisca y otra en Gijón. Pero no por ser los más conocidos son, ni mucho menos, los únicos negocios del Oriente. Raúl Herrero, Josefina Fernández, Elsa Sánchez y Gloria Galguera cuentan también con amplias colecciones de trajes que complementan una oferta que, sobre todo en los meses de verano, resulta escasa debido al número de fiestas que se celebran en la comarca.

Pero, si dejamos a un lado el alquiler, ¿cuál es el precio de un traje de aldeana llanisca?. «Hoy en día un traje nuevo puede alcanzar los 8.000 euros, pero también se venden trajes de segunda mano, que pueden costar unos 4.500», explica Marina Tudela, encargada de la tienda de Tere Blanco. Un precio del que nadie se asusta. No hay que olvidar que el traje de porruano, mucho más sencillo, «cuesta sobre unos 1.300 euros».

A fin de cuentas ésta es una tradición convertida en negocio, pero que llena de orgullo a toda una comarca que luce el trabajo de un sector que dedica muchas horas al mantenimiento de sus obras, y que bien merece también su propio reconocimiento.

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